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La sombra del tamayazo

Cuando el otro día me enviaban la foto de los integrantes del grupo de negociación me llamó la atención que en ella estuviera una persona. Concretamente una. Rafael Simancas.

Actualmente es el Secretario General del Grupo parlamentario socialista del Congreso de los Diputados. Me explicaron que la razón por la que estaba en el grupo negociador junto a los Comunes y ERC era precisamente esa. Sin embargo a mi me recordaba tiempos pasados, aquellos en los que Simancas fue el protagonista de una traición: la del conocido tamayazo.

Era primavera de 2003, yo estudiaba en la facultad y comenzaba a interesarme por la política. Pero no podía imaginarme que algo así pudiera ocurrir. El Partido Popular obtuvo 55 escaños, el PSOE 47 e IU 9. La mayoría absoluta se obtenía con 56 diputados. Justo los que sumaban PSOE e IU. Todo estaba seguro para garantizar un gobierno progresista en la Comunidad de Madrid.

Pero el día 10 de junio, cuando se tenía que votar al presidente de la Comunidad Autónoma, dos diputados del PSOE faltaron a la cita. No acudieron a la Asamblea de Madrid. Ni Sáez y Tamayo. De esta manera, el Partido Popular obtuvo la mayoría con 54 votos para investir a Concepción Dancausa.

Sáez y Tamayo pasaron a formar parte del grupo mixto y formaron un partido político nuevo, “nuevo socialismo”. Desaparecido de la política, Tamayo se ha dedicado al ámbito de la construcción. Sáez volvió a trabajar al hospital público de donde venía antes de la política.

La inestabilidad que creó esta situación hizo que se tuvieran que convocar nuevas elecciones meses después, en octubre, donde el PP subió en votos, obteniendo 57 escaños, lo que hizo presidenta de la Comunidad de Madrid a Esperanza Aguirre.

Nunca hemos sabido a ciencia cierta lo sucedido. Según el propio ministro de justicia con Zapatero, Bermejo, fue el fiscal General del Estado, Jesús Cardenal, quien bloqueó la investigación de lo que escondía el tamayazo. Información publicada en 2013 señalaba a Balbás, también del PSOE, como cerebro del tamayazo. Y hace un par de años el propio Tamayo manifestó públicamente que su decisión fue por sus “desavenencias” con el PSM y con el PSOE a nivel federal.

¿Por qué sobrevuela la sombra de un tamayazo? Evidentemente porque está el horno caliente. Porque los barones andan revueltos, porque alguno igual ya ha pedido la “vaselina” para Reyes, como Page. Y porque ya hemos visto salir a la Iglesia a pedirnos que recemos. Porque anda la caverna echando fuego por la boca. Porque se rompe España y se acaba el mundo, según dicen. No sería descabellado pensar en que algún diputado o diputada podría plegarse ante las voluntades de hilos poderosos, y su voto pudiera torcerse. Como le ha pasado a Oramas, de Coalición Canaria, que se ha saltado la decisión que la dirección de su partido tomó por unanimidad (que era la abstención en la investidura) para anunciar que ella va a votar que no.

Y por si no se nos hubiera ocurrido pensar en el tamayazo con todo este panorama, ya ha tenido que decirlo Inés, que es la guindilla del plato. Lo que ocurre es que para Inés hablar de Tamayo es “ser valiente”. Y lanzaba la manzana de la discordia sobre la mesa de sus señorías. “¿No hay ni un sólo valiente, uno sólo?” Y ponía a Oramas como ejemplo, cuando desde el partido de la canaria ya están planteando medidas disciplinarias y sus compañeros la tildan de traidora.

Para evitar que pueda darse esta situación parece ser que precisamente Simancas se ha puesto manos a la obra: dicen que está llamando a todas las federaciones del partido socialista y controlando al máximo el número de vuelo de los diputados, los horarios de cada uno y garantizando que todos estarán presentes. Dicen, incluso que quedará con ellos con suficiente antelación para que nadie desparezca a última hora.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.