LA ZURDA

El esguince mal curado o el baño necesario

Los Abogados del Estado han dado un golpe sobre la mesa. Han publicado un comunicado donde vienen a dejar claro que no están dispuestos a aguantar presiones ni injerencias de nadie. Con razón, deben estar molestos con los dimes y diretes que han venido publicándose estos días. Porque ya sabemos que los medios de comunicación de este país no tienen predilección por informar, sino más bien por influir, por generar opinión y por presionar. A quien sea. Si hay que poner en marcha el ventilador para que salte el fango por doquier, se pone. Si hay que pararlo, se para. Si hay que aumentar la intensidad, se aumenta. Todo depende de quien pague y del interés de cada momento.

España está en un momento muy delicado. Es como cuando te escayolan un tobillo cuando te has hecho un esguince: en lugar de ir al fisioterapeuta para que te ponga todo en su sitio, se opta por inmovilizar y dejar que el tiempo pase. Algo muy común hace tiempo y que ha resultado ser nefasto, pues el tobillo se cura en falso, se debilita y al más mínimo tropezón, volverás a padecer de nuevo. Pues algo similar es lo que nos viene ocurriendo desde aquella supuesta primera transición, que en lugar de poner las cosas en su sitio: a los ladrones, asesinos, torturadores, roba niños, ante jueces imparciales y aplicarles leyes justas y objetivas, se tejieron leyes de amnistía, silencios cómplices y buenas poltronas. Y claro, esa escayola protectora se ha ido reforzando con el paso de los años, capa sobre capa, generación tras generación. Ahora, casi cuarenta años después, imagínese cómo debe estar el tobillo… da miedo retirar la escayola por lo que puede aparecer ahí dentro. Lo de menos ya es el esguince, pues la falta de higiene y de ventilación ha destrozado la piel, generando más problemas de los que en su momento se pretendía solucionar.

No sé si será el mejor ejemplo, pero todos los que me vienen a la mente son igual de desagradables. Como el que huele a sudor y en lugar de ducharse se echa colonia… elija el que quiera. Básicamente se trata de no hacer lo que en su momento se debía haber hecho: y aguantar con la nariz tapada ya no es una opción. Ahora huele que apesta, y lo que en un principio era olor a sudor ahora ya es un problema múltiple. España tiene problemas múltiples, esguinces sin curar y duchas pendientes. Y los que llevan el mal olor encima no se dan ni cuenta, pues piensan que los malos somos los que vamos tras ellos con el jabón y la esponja. Parece el mundo al revés.

Regenerar, limpiar, poner en orden en base a criterios de democracia moderna, de justicia independiente, de medios de comunicación que informen, sanidad pública universal y de calidad, educación pública de excelencia, pensiones que garanticen que no nos de miedo ser mayores. Apostar por la generación de empleo, ayudar a los trabajadores autónomos en lugar de ponerles cada vez más zancadillas, apostar por nuestros investigadores, nuestros creadores, el arte y la cultura, fomentar un turismo sostenible y de excelencia en lugar de seguir explotando la gallina de los huevos de oro, sin aportar mucho más. Se trata de creer realmente un país con un potencial encomiable, con una riqueza cultura y geográfica sin igual. Para ello es imprescindible reconocer nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

Las fortalezas se encuentran principalmente en la capacidad de la población, que soporta lo insoportable. Un pueblo al que hace falta respetar, ilusionar y cuidar. Eso es lo primero y fundamental. Pero vamos más allá: la riqueza de España es su diversidad, los distintos pueblos, naciones, que la conforman. Y para que todos ellos sean parte del potencial, han de querer serlo. Mientras no exista posibilidad de debatir, de dialogar, de poner sobre la mesa lo que nos parece insoportable, incómodo, aceptable o encomiable, no podremos avanzar. Y todos tenemos que formar parte de lo que este proyecto necesita.

En mi opinión, lo primero que España necesita es mirarse con honestidad al espejo, ser consciente de que haber puesto una escayola, o no haber querido pasar por la ducha, conlleva que haya quienes no se sientan parte de ella. Que no quieran seguir formando parte de algo que resulta incómodo. Y es necesario escucharles, porque seguro que en muchos de los planteamientos no les falta razón. Tomar nota y buscar soluciones será una manera de rebajar muchas tensiones, pero no la única. Hay que entender que España, como cualquier proyecto, merece la pena para quien quiera construirlo como una parte del todo; y ese todo puede ser dinámico, cambiante: integrador y también comprensivo. La democracia es la herramienta que ha de permitir saber qué es España, quién es España y qué quiere ser España. Y esto debería incluir la posibilidad de que el mapa se configurase de otras formas en base al sentir de las personas que en sus territorios habitan.

Dicen en León los que defienden la separación de Castilla que ésta no les representa. Que no se trata de querer separarse por cuestiones económicas, sino identitarias. Pues me parece muy bien. Que se sienten raros y no tienen nada que ver con Valladolid o Soria. Y es que tienen toda la razón. ¿No será más lógico gestionar el interés común de personas que viven en realidades similares y que, cultural y sociológicamente podrán ponerse de acuerdo con más facilidad? De eso se trata, en definitiva: de expresar cómo se sienten y entienden las cuestiones de importancia y cómo se plantean las soluciones. Hablamos de gestión, de resolución de conflictos y de búsqueda de soluciones. Sea León, Euskadi o Cataluña, sea Reino Unido, Escocia, o Europa. Se trata siempre de buscar la mejor manera para gestionar el interés común de las personas que conviven en un lugar determinado. Y todo pasa fundamentalmente por dialogar, con honestidad y no hacerse trampas.

Es momento de que España deje de hacer y hacerse trampas. Debe escuchar sin miedo. Quitarse la escayola y asumir que lo que va a encontrarse será duro, será doloroso y posiblemente le toque curar más heridas de las que imaginaba. Pero tendrá que hacerlo. De lo contrario, seguir negando la evidencia, pretender arreglarlo todo a base de parches, o de capas de escayola, ya no funciona más. O, siguiendo con el ejemplo de la ducha, se acerca el momento impostergable del baño: horas en remojo, frotar por todas partes, y dejar de disimular. Porque el aislamiento, aunque lo niegue Felipe, ya se está produciendo. Los países e instituciones están dejando de disimular y ya nos han dicho que aquí hace falta tomar medidas.

Por el bien de todos, de nuestra democracia, de nuestra convivencia, conviene asumir que ha llegado el momento. Sin dilaciones, sin pereza y sin dejar que las amenazas de algunos sigan postergando el baño necesario. Que ya huele.

Abogada.