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Morir de uniforme

A comienzos de diciembre, unas horas antes de la cumbre por el 70 aniversario de la OTAN, en una comparecencia conjunta, el presidente norteamericano Donald Trump preguntó al presidente francés Macron "¿Quieres unos cuantos buenos combatientes del IS? Te puedo dar algunos". A lo que el presidente francés respondió de manera lacónica "Seamos serios". Y es que diplomacia es contención. Apenas 48 horas antes el presidente francés Emmanuel Macron asistió en el patio de Les Invalides al homenaje a los 13 soldados muertos en una operación antiterrorista en Malí al chocar en pleno vuelo dos helicópteros. Los trece féretros permanecieron en el patio al son de la marcha fúnebre de Chopin. Una vez más. El tributo francés en la operación Barkhane en el Sahel comienza a ser alto.

Nuestro país ya sufrió una tragedia similar con el accidente en 2003 del Yak-42, donde además de la tripulación, murieron 62 militares españoles que regresaban a España tras cuatro meses y medio de misión en Afganistán. También en este país murieron otros 17 soldados en otro accidente aéreo en agosto del 2005.

España sigue cumpliendo sus compromisos en la lucha contra el terrorismo en misiones de mantenimiento de paz, adiestrando a fuerzas militares y policiales en su profesionalización a fin de que puedan ellos mismos capacitarse en materia de seguridad. Son miles los ciudadanos que pudiendo elegir otra profesión, han decidido vestir un uniforme poco reconocido con el que en algunas ocasiones son enterrados tras fallecer en acto de servicio. La retribución de los soldados españoles es pública y puede consultarse tanto en el BOE como en el Ministerio de Defensa. La cantidad que perciben, da cuenta de la vocación de su estilo de vida.

El 11 de marzo de 2004, el Parlamento Europeo votó una Resolución en el que declaraba su apoyo y su solidaridad con las víctimas del Terrorismo y sus familiares proponiendo fijar el 11 de marzo como “el día europeo en memoria y recuerdo a las víctimas del terrorismo”. Dice el Real Decreto 684/2010, de 20 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares, que “Los honores fúnebres militares se rendirán por una unidad con Bandera, banda y música y consistirá en la interpretación del himno nacional completo, arma presentada y una descarga de fusilería. En su caso, la salva de cañonazos que corresponda.” Es evidente que no solo se reducen a estos actos simbólicos, pero da la sensación de que más allá de los hechos propios vinculados al Ministerio de Defensa no parece que exista ningún otro tipo de homenaje y recuerdo por parte del conjunto de la sociedad. Ello implica de facto un déficit de reconocimiento y memoria.

Son decenas los españoles que han muerto en el desarrollo de misiones internacionales relacionados en la lucha contra el terrorismo: Malí, Irak, Afganistan. ¿Qué se nos ha perdido allí? Lo mismo que a países como Dinamarca, Holanda o Francia. La seguridad colectiva, es decir, la propia y la ajena. Las decisiones de participar o no en esas misiones no compete a los militares, si no a los políticos.

España ha sufrido dos atentados yihadistas, uno en 2004 y otro en 2017. sin embargo, pocas veces tenemos en cuenta que hay otros muchos conciudadanos que han muerto en otros atentados fuera de España y otros españoles muertos víctimas del terrorismo mientras lo combatían. Al menos 30 españoles han muerto en atentados o ataques con arma de fuego desde el 2003. A ellos habría de sumarse los que han muerto por diversas causas en el transcurso de estas misiones internacionales. A ellos podría sumárseles los interpretes nacionalizados.

A los miembros de las fuerzas armadas hay que sumar la de otros cuerpos. Tal es el caso de los policías nacionales Isidro Gabino y Jorge García Tudela muertos en atentado suicida mientras custodiaban la embajada española de Kabul o los guardias civiles José María Galera Córdoba y Leoncio Bravo Picallo asesinados en la base española de Qala-i-Naw.

Reducir el recuerdo de quienes mueren en acto de servicio a una bandera encima de un féretro, al himno y a una pensión de viudedad no parece suficiente habida cuenta de la madurez democrática de nuestra sociedad. Si bien esta madurez es más que mejorable, esta es más que suficiente para reconocer la labor desinteresada de quienes mueren en acto de servicio al amparo de un régimen constitucional que, con sus más y sus menos, posee un incuestionable desarrollo democrático.

Cuanto más se involucre el conjunto de la sociedad en el homenaje y reconocimiento cívico del trabajo y la memoria de quienes mueren de uniforme en acto de servicio, menos espacio tendrán quienes -fascinados por el belicismo, el nacionalismo y la idea de la España imperial- pretenden apropiarse para sus fines partidistas, la imagen y valores de una institución tan aglutinadora como son las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad.

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.