LA ZURDA

Sólo pudo ser enfermera

Cualquiera diría que Melendi ha querido visibilizar el estudio que acaba de hacer público el Sindicato de Enfermería SATSE, donde precisamente denuncian la imagen que se da de esta profesión en los medios de comunicación (series de la tele y películas principalmente).

Le comento lo de Melendi porque hoy el cantante se ha lucido con su último “éxito” en el que cuenta historias de personas supuestamente fracasadas. Entre ellas, “la hija de dos borrachos que sólo pudo ser enfermera”. Y ese “sólo” ha desatado la polémica -y en mi opinión, con razón-.

Parece ser que a Melendi le parece poco ser enfermera. Y sinceramente, lo que le parezca a Melendi cualquier cuestión me da bastante igual, salvo por el hecho de que probablemente su cancioncita pase a escucharse en la radio y vaya, poco a poco, calándose en la mentalidad de quien sea. De mis hijos, por ejemplo. O de cualquier “iluminado” de esos que desde la barra del bar dan sus discursos y al final, terminan por ir pringándolo todo con su ignorancia. Lo que viene a decir el sindicato en este sentido es precisamente que “la capacidad de las series de televisión de generar opinión sobre un colectivo social o profesional en base a cómo lo representa a lo largo de sus diferentes capítulos es muy relevante, de ahí la necesidad de que, dentro de los parámetros de un producto de ficción, éstas no se alejen de la realidad o se basen en estereotipos perjudiciales (sexistas, retrógrados”. El sindicato se refiere a las series de televisión fundamentalmente. Pero para las canciones también vale el criterio.

Me sorprende que a día de hoy ni los que trabajan haciendo guiones ni Melendi parezcan haber pisado un hospital. Me alegro por ellos porque eso supone que gozan de una excelente salud, y sus familiares y amigos también. Porque la verdad es que cualquiera que tenga un mínimo contacto con un centro de salud, con un hospital, sin necesidad de que le suceda algo grave, tiene contacto de manera habitual con el personal sanitario. Y con enfermeras y enfermeros, por supuesto que también. Por eso me sorprende que cuando se hace ese comentario en la canción del asturiano o cuando se estereotipa de la manera en que se hace en las series o películas de televisión, el abismo entre la realidad y lo que se cuenta sea de semejante envergadura.

Supongo que lo que voy a decir a continuación es algo evidente, pero viendo lo visto y oído lo oído igual va a ser necesario compartirlo. Como madre acudo con regularidad al centro de salud para hacer las revisiones habituales de mis hijos pequeños. Nuestra enfermera de pediatría, MariSol se acaba de jubilar. Cualquiera que tenga la suerte de haber podido conocer a una profesional como ella entenderá lo agradecida que le estaré siempre. Porque las madres nos preocupamos mucho, mucho, mucho. Y MariSol sabía de todo, tenía experiencia, trataba con cariño y con paciencia a los pequeños y sobre todo a las madres. Me tranquilizó en mis múltiples momentos de preocupación, siempre trabajaba con una profesionalidad impresionante. Estaba a la última en todo lo que le preguntase. Y me daba una paz tremenda pedirle consejo.

A lo largo de mi vida he visitado algún que otro hospital, y siempre las enfermeras y enfermeros me han tratado con cariño, han cuidado de mí y me he sentido en las mejores manos. Habrá excepciones, como en todas partes. Habrá quien desarrolle su trabajo con más o menos ganas, más o menos motivado, pero estoy segura de que no me equivoco cuando afirmo que la gran mayoría de estos trabajadores y trabajadoras tienen una enorme vocación y una sensibilidad grandísima.

Cuando nacieron mis hijos recuerdo un equipo de enfermeras que me ayudó a superar los miedos de los primeros momentos. Me enseñaron todo aquello que para mí era un mundo, con cariño, con respeto, con una tremenda profesionalidad. Durante los partos de mis hijos estuvieron junto a nosotros siendo absolutamente conscientes del momento tan importante que estábamos viviendo y las recordaré siempre porque hicieron de aquellos momentos tan importantes los mejores de mi vida.

Reconozco que tengo una debilidad por la enfermería y que a lo largo de mi vida muchas veces pensé que sería muy interesante estudiarla. En Guadalajara siempre hubo una escuela de enfermería: de hecho en 2018 cumplió 50 años y siempre ha sido una institución muy bien valorada por la calidad de su formación y por la excelencia que le ha distinguido. Era muy habitual que entre mis compañeras del colegio o del instituto hubiera varias que soñasen con ser enfermeras y acabaran siéndolo. Y lejos de lo que pueda pensar Melendi, eran de las mejores alumnas de la clase. Y que, en algunos casos, pudiendo optar por carreras universitarias como la de Medicina, eligieron enfermería muy convencidas de su elección (no porque no sirvieran para otra cosa, como quiere dar a entender la cancioncita).

España es el noveno país europeos en médicos y el sexto con menos enfermeras, según la información de 2019. Sin embargo, en dos años se han creado cinco veces más puestos de enfermería que de medicina. Vivimos en un país donde ejercen 178.600 médicos (3,8 por cada 1.000 habitantes) y 245.533 enfermeras (tenemos 5,3 por cada 1000 habitantes).Estamos muy por debajo de la media europea, que está en 8,3 enfermeras por cada 1.000 personas. Tenemos un 40% menos de enfermeras que la media europea. Por autonomías Navarra, País Vasco y Castilla y León son las que más enfermeras colegiadas tienen. Las que menos, Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía. Para 2020 se calcula que harán falta 130.000 enfermeras más para alcanzar las cotas europeas.

Escribo estas líneas como una sencilla usuaria del sistema público de salud. Agradecida a todas aquellas enfermeras y enfermeros que me han cuidado en tantas ocasiones, que han sido algunas y en las que yo he tenido bastante miedo (los temas de salud me preocupan por lo general). Y siempre, en todos los casos, he recibido un trato que va más allá de lo profesional, que sobre todo ha sido humano y sensible a mis miedos, mis dudas, mis incertidumbres. Esa parte de humanidad, de humor, de hacerte más llevadero el trago que estás pasando para mí ha sido siempre algo que ha definido muy bien a nuestras enfermeras y enfermeros. Es una valoración de estar por casa, claro, de usuaria. Y alguna que otra vez he presenciado los desprecios clasistas de quienes se piensan que las enfermeras son las “ayudantes” del médico, las segundonas: lo he visto tanto entre usuarios como entre personal sanitario, aunque cada vez se da menos.

En el año 2018 se registraron un total de 1543 agresiones a personal del sector de la enfermería. Siete de cada diez enfermeras sufren agresiones verbales por parte de los pacientes, según un estudio realizado en 2018.

No es solamente subjetivo el respeto en el ámbito profesional que siento por la profesión de enfermería española. Lo sé porque he tenido la oportunidad de vivir fuera de España y siempre he oído la excelente reputación que tienen nuestros profesionales en otros países. De hecho hubo una época en la que se rifaban a nuestros enfermeros y enfermeras en otros países (creo que sigue siendo así), porque según me explicaban tenían un nivel de formación excelente.

En un momento en el que los recortes en sanidad han hecho tanto daño, me parece que va siendo hora de poner en valor el enorme esfuerzo que hacen muchos profesionales por intentar mantener unos servicios a costa de su tiempo, de atender a más personas de las que tienen capacidad real, de intentar poner siempre la mejor de sus caras a pesar de no tener recursos para poder trabajar. Las enfermeras son normalmente quienes tienen un mayor contacto directo con los pacientes, son las que tienen que aguantar las malas caras y las consecuencias de los servicios que carecen de recursos. Las que muchas veces se “comen los marrones” que no les corresponde y que además, deben ver en la tele la imagen que de ellas se da continuamente. Ahora, por si esto fuera poco, aparece Melendi para terminar de meter la pata.

Pero como no hay mal que por bien no venga, la cancioncita del asturiano me ha servido para poner en valor el trabajo de las enfermeras y enfermeros y darles públicamente las gracias.

Abogada.