LA ZURDA

“Han matado a Ernest", "Han matado a Lluch"

En un libro-entrevista publicado en 2001, pero realizada en 1996, el periodista Marçal Sintes preguntaba a Lluch, "A usted, ¿ETA le ha amenazado?", a lo que Lluch contestó que “Me han estado siguiendo, me han hecho todo este tipo de cosas. No quiero entrar en detalles porque es una cuestión que los que por ahora hemos salido bien librados del asunto no debemos aprovechar para hacernos los mártires. Y ahora, desde luego, tengo miedo a veces”.

El 16 de septiembre de 1998,  ETA anunciaba  una tregua indefinida y sin condiciones  que entro en vigor dos días después. Según el comunicado “ETA afronta esta nueva fase política llena de esperanza.” Durante la tregua de 439 días, hubo un aumento de la Kale Borroka. Un documento intervenido a Jarrai a finales de 1998 no dejaba lugar a dudas de la naturaleza de la tregua, “quizás ni miraran debajo del coche, ni tampoco sentirán el aliento de los escoltas bajo la oreja, pero no por ello deben sentirse tranquilos.” El 28 de noviembre de 1999, ETA aseguró que a partir del 3 de diciembre de 1999 estaba en su mano “transmitir a los grupos operativos cuándo empezar a hacer las actividades”, dando fin a esos 439 días sin la amenaza del terrorismo de ETA. Durante este tiempo ETA no cesó en preparar nuevos comandos y en aprovisionarse de armamento.

De enero a octubre del año 2000, ETA deja un saldo de 16 atentados con 20 víctimas, tres  miembros del ejército, dos  miembros de Partido Socialista, un ertzaina, un periodista, tres miembros del Partido Popular, un empresario, dos  guardias civiles, un  fiscal, un funcionario de instituciones penitenciarias, un conductor de la  EMT,  un magistrado, su chofer y su escolta adscrito al Cuerpo Nacional de Policial: una muestra representativa de los que fueron los colectivos más castigados por el terrorismo de ETA en sus dos últimas décadas de actividad. El 2 de noviembre, ETA hizo estallar un coche bomba en los  jardines Clara Campoamor, junto al centro comercial Pedralbes, situados frente a la Diagonal de Barcelona. El día 4 la policía temía que ETA “haya pasado de contar con una infraestructura simple en la capital catalana, con apoyos locales en tareas de información, a dotarse de una auténtica célula como lo fue en su día el comando Barcelona".

"Lo tienen muy fácil", decía, "porque mi vida es como la de un oficinista". Aquel 21 de noviembre Ernest Lluch aparcó su coche en el garaje de su casa. Dentro le esperaba Iñaki Krutxaga. Fuera quedó cubriendo el atentado Lierni Armendáriz. El  tercer integrante del comando, Fernando García Jodrá, se quedó en el piso franco, para en el caso de que algo saliese mal poder borrar las huellas.

El 18 de  julio de 2002, la Audiencia Nacional condenó a 33 años de prisión a cada uno de ellos  por el asesinato de exministro. Durante el juicio, su asesino, Iñaki Krutxaga aseguró  que  “Ernest Lluch era miembro del PSOE y fue miembro del  Gobierno español que financió a los GAL e instigó y apoyó la tortura y la dispersión. Si fue objetivo de ETA fue por eso”. Su cómplice Lierni Armendáriz declaró que “como soy militante de ETA asumo todas las acciones de ETA, las que antes de que naciera y las que vengan”. Su víctima era un intelectual, ellos unos iletrados.  

Mucho se habló de los motivos que llevaron a su asesinato. Hay quien especuló con que sus vínculos con Elkarri, su buena relación con el PNV o su talento dialogante  pudieron convertirlo en objetivo al creer que su asesinato polarizaba la sociedad vasca entre los firmantes del Pacto de Lizarra y los partidos constitucionalistas. Sin embargo, 10 años después de su asesinato, en una carta remitida desde prisión por  Carmen Gisasola y Joseba Urrusolo Sistiaga a la revista 'Capçalera' aseguraba que sus asesinos  "difícilmente tenían idea de sus posiciones políticas en relación a Euskal Herria" e "Hicieron la acción porque localizaron a un ex ministro y tenían posibilidades”, es decir, "No hubo mayor reflexión, a pesar de que las circunstancias particulares de Ernest Lluch diesen pie a diferentes valoraciones."

No obstante, el asesinato del exministro socialista se enmarcaría "en el contexto de una brutal ofensiva terrorista con la que ETA pretendía forzar un cambio de política del PNV era "evitar que los partidos políticos vascos u otros agentes hagan acuerdos particulares con los Estados español y francés, puesto que eso sería reeditar el error de 1977", según apuntaría un documento interno de la organización terrorista, e "impedir cualquier puente de entendimiento que pudiera levantarse entre el PNV y los partidos constitucionalistas, especialmente con el PSE". Probablemente, su asesinato no fue fruto de ningún tipo de reflexión táctica. Fue una cuestión de oportunidad. Un objetivo fácil. Esta, era la lógica del terrorismo de ETA. Matar sin riesgo.

Durante el juicio a sus asesinos, el fiscal de la Audiencia Nacional aseguró que el ex ministro socialista “era una persona abierta que amaba Euskadi y a los vascos, un demócrata, un hombre de paz, por eso estos reaccionarios, estos canallas le quitaron la vida”, para después citar a Bertold Brecht “Los vencidos de hoy son los vencedores de mañana”.

La mayoría de las víctimas de ETA han sido ciudadanos anónimos. Sin embargo, Ernest Lluch era un personaje público muy querido cuyo asesinato causó enorme conmoción en la sociedad catalana. Intelectual, historiador, agitador, profesor, ministro. De la excelsa obra de Lluch, memoria y legado de ejemplaridad se ocupa la fundación que lleva su nombre.  El año del asesinato de Lluch, ETA mató a un total de 23 personas dando comienzo a una brutal ofensiva.  Ahora bien, el tiempo de vida estimado para los comandos antes de su desarticulación fue reduciéndose drásticamente. Con la misma rapidez con la que estos eran desarticulados otros eran constituidos de manera que la inexperiencia y la escasa formación restaban capacidad operativa a los mismos. A la jefatura del aparato militar de Francisco Javier García Gaztelu, “Txapote”, se le atribuye la reestructuración operativa de unos veinte comandos. A un número mayor de detenciones mayor rotación de miembros operativos. El relevo precipitado llevó consigo una reducción del tiempo de formación aumentando la vulnerabilidad de los comandos de ETA.  Solo en el año 2000 fueron detenidos 75 sujetos en España y 24 en Francia con un total de 5 comandos liberados y 1 legas desarticulados. En el año 2001, ETA asesino a 15 personas. El número de detenidos en España pasaría a 135 y 29 en Francia con un total de 7 comandos liberados y 8 comandos legales desarticulados. En el año 2002 el número de asesinatos se redujo a 5, el número  detenidos a 123 en España y 63 en Francia con 5 comandos liberados y 8 legales desarticulados. A la caída de Txapote le sigue la de Ibon Fernández de Iradi “Susper” y sus “papeles”. En el año 2003 el número de víctimas baja a 3, habiendo de sumarse a su asesino balance otras 12 víctimas mortales. El último en 2010. La ofensiva que precedió a la ruptura de la tregua del 98, fue el comienzo del fin.

En el año 2011, ETA anunció el fin de la “lucha armada”. En 2017, ETA entregó parte del material terrorista que obraba en su poder. En abril 2018 volvió a hacer entrega de más material, para anunciar un mes después “el final de su trayectoria y su actividad política”, “el desmantelamiento total del conjunto de sus estructuras” que el grupo terrorista decía tener. La declaración fue leída por José Antonio Urruticoechea “Josu Ternera”, que fue detenido un año después. En estos momentos la justicia está a la espera de su extradición. Todavía hay quien cree que ETA no fue derrotada.      

Román Echaniz Carasusan es politólogo de formación, especializado en Seguridad Ciudadana y Política Anti Terrorista.