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Repetición electoral: de la incredulidad al desapego

Si analizamos desde un punto de vista psicológico- social la actual situación política, aplicando lo que sabemos de disciplinas como la psicología política, cabría quizás mencionar, en primer lugar, la emergencia de emociones básicas de reacción a la situación actual que partirían de la incredulidad para empezar (casi nadie pensaba que se repetirían las elecciones, se podría pensar que en el último momento se llegaría a un acuerdo y se evitarían las elecciones) llegando hasta el enfado y la indignación cuando lo que parecía imposible al final se materializa. ¿Cómo se sale de la indignación e incredulidad?

¿Como saldrá cada persona o cada grupo de personas?

Tras la incredulidad como en cualquier situación surgirían las preguntas y la necesidad de encontrarle un sentido a lo ocurrido, ahí es donde juegan los discursos y los marcos de interpretación, algo clave en estos primeros momentos de una campaña que, desde ya, se presenta en nuestra realidad, quién y por qué se produce esta situación son preguntas relevantes y necesarias por las que los diferentes agentes competirán para situar su propio discurso y qué pasara post elecciones repetidas ¿y si todo sigue más o menos igual?; descartando a los votantes fieles o convencidos y a por supuesto a los “militantes” de cada fuerza, se establecerá una pelea por que la interpretación propia de la realidad sea la dominante; entre las ideas que aparecen ya con fuerza están aquellas que culpan a todos los políticos o a la política de la situación, a todos por igual, al sistema y llamen a la desafección y la desconexión, compitiendo con otras fuerzas interpretativs y movilizadoras que trataran de llevar la interpretación a sus propias conclusiones e intereses.

En esta pulsión o tensión puede estar el resultado electoral, partiendo de un electorado simpre más fiel a la derecha que a la izquierda y una situación en la que el bloque de derechas esta mucho más cohesionado y unido y es altamente probable que no discutan entre ellos y acuerden un marco común de culpar de todo a Pedro Sánchez en uan especie de frente común inalterable o no solo post electoral sino también en campaña, incluso es posible que concurran juntos en diferentes candidaturas o con diversas fórmulas; en la otra parte, esta la división, con el surgimiento además de un nuevo partido electoral (Más Madrid) y la pelea por un mismo espacio político y electoral y un presidente del gobierno en funciones que tendrá a todos enfrente, a todos los discursos enfrente, incluida la desmovilización.

Que la desmovilización y la abstención castigan especialmente a la izquierda es una máxima que viene repitiéndose a lo largo del tiempo y que viene avalada por los datos, por ejemplo podría señalarse coom uno de los peores momentos del PP, el de Aznar, con la impopular guerra de Irak, inicios de corrupción o el 11-m solo perdió medio millón de votos y Zapatero consiguió el vuelco electoral gracias a una movilización record.

Que la desmovilización y la abstención afectan en particular a los jóvenes y a los contextos urbanos también es algo que se repite y conoce, es un voto más crítico y m.as volátil.

¿Qué pasara con mensajes populistas que se introdurian en campaña como que se vayan todos o que elijan a los que acabamos de llegar? Veremos, este será, previsiblemente el discurso mayoritario de la extrema derecha.

El riesgo de que las cosas queden más o menos igual que en la actualidad, con cambios solo dentro de cada bloque es real, la posibilidad de que por pequeños márgenes la balanza vaya a un lado u otro es también a mi juicio real y puede llevar a una vuelta al poder de la derecha, radicalizada al incorporar a la extrema derecha como un grupo normal y con el que se puede pactar sin problemas, algo que de extremada gravedad que en nuestro país se dio después de las últimas elecciones con una normalidad y ausencia de críticas que sorprenden, especialmente en Europa donde la extrema derecha es aislada y combatida por todas las fuerzas democráticas sean estas de derechas o de izquierdas, lo que resulta lógico porque la extrema derecha es, por naturaleza autoritaria y antidemocrática.

La clave, nuevamente, será quien gana el marco de interpretación, quién gana el discurso, y quién consigue movilizar a los suyos y desmovilizar a los que no lo son, y ahí, me temo, la izquierda tiene mucho más que perder.

Estas son, a mi juicio, algunas de las claves de la situación política actual y de la campaña que se nos presenta.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.