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Mujeres libres

Del 29 al 31 de marzo Verona acogerá el congreso mundial de Familias. Así dicho una quizás no llegue a imaginarse (o sí) que para los que van a congregarse el concepto de familia es el conservador. El llamado “pro-Vida”. Porque hace tiempo que Verona se ha convertido en referente para quienes persigan el aborto, entre otras cosas.

En Italia es legal abortar desde 1978. Pero en Verona, previamente se deben superar una serie de requisitos que te lo pondrán difícil: hay que entrevistarse con los colectivos antiaborto que te informaran y ofrecerán ayuda económica por si este fuera el motivo de tu decisión.

Todo lo que suponga tomar decisiones en base a la libertad y a la madurez individual están reñidas con este colectivo, que precisamente se encarga de criminalizar a las mujeres y al colectivo gay.

No es solamente un hecho alarmante que en Verona se jacten de su intransigencia. Lo es que no están solos, pues precisamente en España estamos observando cómo renacen discursos terroríficos que persiguen lo que ha sido un logro para las mujeres: su posibilidad de decidir respecto a su maternidad. Vincular el aborto a la natalidad es perverso.

La libertad para abortar debe existir. Así como las medidas de seguridad sanitarias para garantizar la salud de las mujeres. Informar, educar y garantizar su decisión de manera responsable, libre y sin temor. Una sociedad madura debería entender las circunstancias y las razones que llevan a una mujer a tomar esta decisión: y nunca juzgarla por ello o dificultarle el camino.

Algunos datos cercanos: en 2017 un total de 94.123 mujeres decidieron interrumpir voluntariamente sus embarazos. Tras cinco años de descenso en las cifras, en 2017 aumentó en un 1%. De todas ellas, 9 de cada 10 son mayores de 20 años. El 36% no utilizaba ningún método anticonceptivo. El 90% lo hizo por decisión propia, mientras que el 6% tomó la decisión por cuestiones relacionadas con la salud, puesto que el embarazo ponía en peligro su vida o su salud.

El 75% son europeas, y el 66% españolas.

Siendo así las cosas, queda bastante claro que estamos ante una cuestión de mujeres. Que debemos poder decidir y asumir como una responsabilidad para la que tenemos que sentirnos libres. Seguras. Respaldadas. Porque la maternidad ha de ser una cuestión también libre, donde tomemos la decisión de manera consciente. Defender el derecho y la libertad de abortar no implica que a nadie se le vaya a obligar a hacerlo.

Es obvio pero a veces, escuchar los argumentos que están abanderando los antiabortistas hace necesario decirlo: nadie va a obligar a abortar a una mujer que no quiera abortar. Se trata de facilitar que quien necesite hacerlo (por las razones previstas en la ley), cuente con profesionales sanitarios y con todos los recursos pertinentes.

La natalidad se mejora promoviendo otro tipo de cuestiones: empleos bien pagados, viviendas asequibles, fomentando la conciliación, mejorando en definitiva un país que permita que la gente en edad de tener hijos pueda y quiera tenernos. Eso es lo importante; en lugar de perseguir a quien no los desea. Basta de perseguir, prohibir, criminalizar y atemorizar. Que además son siempre los mismos, los que después suelen ir por la puerta de atrás a hacer en otros países lo que aquí persiguen.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.