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Los gambitos de Aznar y Solchaga o cuando el pasado es presente

Desde la participación, el martes 18 de septiembre, de José María Aznar, conocido en su época de presidente del PP nacional como “marmolillo” entre los trabajadores de la sede partidaria de Génova 13, en la sesión de la comisión parlamentaria sobre la financiación irregular del PP, debo discrepar de la opinión general acerca de que él es el pasado de ese partido. Aznar es el más creíble presente de la derecha española. Inclusive en su delirio mental quiere el retorno porque nunca deshecho su ajuste de cuentas con los españoles.

Maestro en célebres mentiras, persiste en compensar sus fracasos con una arrogancia sin límites. Pero el pasado lunes quedó en evidencia. Tanto como su acólito Casado. Personaje este último de tan endebles capacidades, que se convierte en una figura apta para esa posible transición al retorno de José Mari, o J. M., según otros. Su anterior gambito, Mariano Rajoy, le terminó resultando un tanto traidor a sus aspiraciones. Recordemos entonces el concepto de gambito. En el juego del ajedrez, es la jugada que consiste en sacrificar una pieza al principio de la partida, generalmente un peón, para lograr una posición favorable y en espera de obtener ventajas posteriores. Casado es su nuevo peón, tan encandilado ante las ocurrencias de su padrino, aunque sin gato, que tal vez no sea consciente de lo efímero de su posición. Ello, a pesar del coro de risas, aplausos o celebraciones de lo apropiado de sus respuestas. Son torpes. Aznar puede creerse con posibilidades de proponerse como candidato. Será interesante.

También hizo su aparición otro personaje tenebroso de la historia de entregas del patrimonio público: Carlos Solchaga. Uno de los precursores en la aplicación del neoliberalismo en el proyecto del socialismo de la tercera vía. Este sujeto, sin el menor pudor se atreve a cuestionar el sistema público de pensiones y su actualización ajustada al coste de la vida o, para ser más precisos, al IPC. Este ex ministro, con retribuciones privilegiadas de tal, considera que los pensionistas que protestan y piden una pensión más elevada “no tienen razón”. Según opinó en un foro organizado por  El Diario Montañés, “ninguno de ellos ha pagado ni la mitad de lo que perciben” (…) prosiguió afirmando que “…lo más adecuado es dejar el sistema de actualización de las pensiones como está es más prudente que volver al IPC".

Solchaga, en diciembre de 1982 fue nombrado Ministro de Industria y Energía, cargo desde el que impulsó el programa de reconversión industrial, con una considerable conflictividad laboral en los sectores afectados, especialmente el naval. En 1985 pasó a ocupar el Ministerio de Economía y Hacienda de España, en el que permaneció hasta 1993. Dejó todo preparado para concentrar el poder económico que en la actualidad somete a los españoles al despojo. Por si lo dudan, vean el importe de sus facturas energéticas, por decir algo. No en vano, Ramón Tamames lo describía de la siguiente forma: "Solchaga se reveló bien pronto como prepotente, sin reparar a veces en el insulto, o al menos bordeándolo a la hora de las réplicas en el Parlamento. Por lo demás tuvo amistades más o menos peligrosas; sus relaciones con el poder económico privado, presentan sombras aún no esclarecidos” (Ramón Tamames, “La Economía Española, 1975-1995).

Esta gente es presente. Se encuentra en la trastienda, pero es presente cuando siguen defendiendo los grupos origen de nuestras dificultades. Es una continuación de los grupos que provenían desde las profundidades del Régimen, o de sus herederos.

El gobierno de Pedro Sánchez también es presente. Es decir, la cuestión reside en que los españoles definamos de una vez que tipo de presente deseamos. Que no caigamos en el ruido sonoro de las mentiras ni las amenazas, como tampoco en los falsos anuncios que nos llevan a la frustración de las expectativas nobles que se despertaron cuando se expulsó a Mariano Rajoy y los suyos.

El maestro Eco nos decía sabiamente que: “El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.” 

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.