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Breves recomendaciones para gestionar la vergüenza y recordar a Excalibur

Plantéese seriamente acudir a la Justicia. En especial si es pobre o mujer. A tenor de las decisiones que adoptan los magistrados, muchos de los cuáles tienen devociones extrañas a un Estado aconfesional, debería preocuparse. Esta es la Justicia que hemos sabido mantener en esta democracia. La vergüenza se apodera de la buena. ¿Los pobres tendrán ese trato?

Si usted es una persona sincera. Descarte la idea de actuar en el marco de la política tradicional en España. Se convertirá en alguien peligroso. Debe mentir. Debe incluso a estar dispuesto a mentir frente al Parlamento. Debe asumir una explicación incoherente en una multitudinaria conferencia de prensa. Debe no tener la vergüenza de mentir descaradamente. Aunque los hechos dejen en evidencia sus palabras. Altere los registros. Búsquese testigos falsos. No sienta la menor vergüenza en seguir afirmando que su partido defiende la transparencia. Persista en sostener que la corrupción no es asunto suyo. Tampoco se ruborice. Si su partido es imputado. Qué más da.

Que no es para tanto. Hay que corregir a las fonotecas. Videotecas. Hemerotecas. Estar dispuesta a explicar que esos registros en realidad no son lo que parecen. Tribunal Supremo mediante. Tribunal Constitucional aparte. Luego viene Estrasburgo y nos descalifica. Entonces reunamos a unos cuantos con mucho entusiasmo y escaso cerebro, y pongamos a ese inocente grupo a gritar consignas franquistas. Todo dentro de la legalidad.

Si pretende denunciar a los corruptos. Pueden tratarlo como un extremista. Pueden considerarlo un sujeto peligroso. Alguien a quién hay que mantener bajo vigilancia. A quién hay que disuadir. Si es usted una persona que desea ser un cargo electo. Si, tal vez, considera posible ser un cargo designado. No debe preocuparse de tener conocimientos en la materia. Sólo basta con una infinita sumisión al líder. Además de estar dispuesta a no renunciar. Además de un historial de estudios de diseño.

Recuerdo cuando Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que había superado el Ébola, recibiera el alta en el hospital Carlos III de Madrid. La “nefasta gestión política” de la crisis, la hizo la inicial acusada de su propia infección. Excalibur, su perro, la víctima innecesaria, que, por cierto, deberíamos recordar. Los principales responsables siguieron en sus cargos. La incompetente ministra. El bien comido consejero. Los responsables del desmantelamiento sanitario. Todos tan felices y tan unidos.

Debe ser usted una persona decidida a no renunciar. Ocurra lo que ocurra. No renuncie. Búrlese de la gente. Asuma que nadie podrá obligarla a dejar su cargo. No sienta vergüenza cuando hable de la salud pública. De entre todas estas recomendaciones debemos reservar una mención especial a la expresión “dolorida” que debe asumir cuando mencione “esas cosas”. En el idioma del ex presidente de gobierno nos referimos a la corrupción.

Tiene que hacer alardes de estar compungido. De demostrar que el recibir sobres en sobresueldos ha valido la pena. Que el ocupar varios cargos remunerados con fondos públicos debe ser correspondido con una demostración de dolor. Tan falsa como el llanto de las plañideras. Ese es el costo de administrar la sirvengüencería.

Estime los riesgos de discrepar de la posición oficial en relación a la persecución de la corrupción. En particular si usted tiene la aspiración de ser una persona honesta. Ni se le ocurra renunciar. Eso es de tontos u honrados. Si no tiene vergüenza en modificar las reglas de juego democrático. Entonces dedique a las fuerzas armadas al control de la discrepancia interna. Deje de lado su función para la defensa del país. Conviértalas en una fuerza de ocupación.

Según informaba Público.es, el 4 de noviembre de 2014: “Militares de un regimiento acorazado en Valencia han sido instruidos durante dos semanas en ejercicios de "control de masas" sin que se les explicara por qué tienen que recibir esa formación. En el cuartel se comenta que "según los mandos, hay que estar preparados para todo, y más en los tiempos que corren". Con la que llegó luego sobran las explicaciones.

Esta gente que estuvo saqueando España. Que deja a millones de personas en una situación de indignidad. Esa gente debería recordar aquel pensamiento de Albert Einstein: “La mayoría de la gente se avergüenza de la ropa raída y de los muebles destartalados, pero más debería ruborizarse de las ideas andrajosas y de las filosofías gastadas”.

Llegarán los tiempos de la legítima legalidad. Le pese a quién le pese. Pero, hoy, recordemos a Excalibur.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.