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El hábito contraproducente de exagerar lo anecdótico

Si el enunciado es válido, la pregunta que sobrevuela es más desconcertante: ¿cuál es la utilidad de mantener este nivel de tensión antagónica sin el menor indicio de encontrar espacios de descompresión? Si nos detenemos en el mero hecho físico que supone el plástico amarillo, y la supuesta ofensa que ello genera en los denominados unionistas, entonces, o se legisla para ilegalizar a los partidos independentistas o se protege la libre manifestación de las ideas políticas. Ahora bien, si el asunto se resume en algún delito o falta por la ocupación de los espacios públicos, entonces más de uno se verá en dificultades.

Para los que creen que los réditos electorales son justificantes suficientes de alentar el enfrentamiento, también deberíamos decirles a las usinas de alimentación del conflicto, como lo son los grupos de comunicación afines a las fuerzas políticas ultras, que estamos en puertas de un otoño que nos podría dejar víctimas con nombres y apellidos. La cobertura asignada a representantes definidamente franquistas desde los púlpitos televisivos, radiales y de la prensa escrita, añadidos a los lazos amarillos, no deja de ser una magnífica cortina de humo para evitar que veamos que España está al borde del precipicio. Toda la complejidad de nuestros problemas está sin afrontar ni resolver.

La aparición de las brigadas de blanco, organizadas desde los sectores anti independentistas, gracias a la pasividad de este Ministro del Interior. y el escaso interés asignado desde la Fiscalía, parecen no percibir que pueden ser argumentos para la creación de grupos idénticos, pero de signo opuesto. La confrontación callejera está más próxima que lejana. Esa no es la España que nos merecemos. Como tampoco será digno el gabinete de gobierno con mayor participación de mujeres de la historia democrática, si no se pone de manifiesto su competencia en la gestión de la “cosa pública”. Creo entender que su designación fue menos un reto frente a la sociedad patriarcal que un derecho con responsabilidades de gobierno. No queda espacio para tonterías. El otoño puede ser el más caliente del siglo. La decepción ante las expectativas suscitadas combustible para los que no se resisten a ser minorías.

Georg Simmel, en sus estudios sobre el conflicto y las fronteras de los grupos, ya estudió sobradamente esta cuestión. La cohesión de los grupos puede lograrse con la creación de enemigos externos. Entonces surge el “extranjero”. Es el “afuera” por definición, que convoca una serie de imágenes vagas y ambiguas, que se adaptan a todos los discursos apocalípticos de los extremistas. A la vez, la imagen de “extranjero” puede ser concreta y estructurante del espacio social y político. Así opera esta figura en el interior y en los bordes de toda sociedad cuando se la esgrime como justificante para la toma del poder.

En España, de este conjunto de tácticas surge también la idea del “extranjero”. Es una cuestión en la que confrontan independentistas y la derecha denominada “unionista”. El extranjero permite dar forma a la frontera de lo social: para que exista un nosotros tiene que haber un límite de extensión, esto es, una distancia de lo otro, de lo que no somos. Lo paradójico, es que unos y otros colocan “fuera” a los que no comparten pensamiento. Ese es el meollo del conflicto: la creación de fronteras mediante la confrontación. O su desaparición, que implica el aniquilamiento del otro. Tal base conceptual explica el genocidio que se permite en el Mediterráneo.

Esa fue la línea de campaña que esgrimió Albert Rivera en las últimas convocatorias electorales. La confrontación de alta intensidad. Esa es la línea que pretende seguir aplicando en Cataluña. Si prestamos atención a sus propuestas políticas que beneficien al conjunto de españoles a los que dice defender, poco o nada. Mera retórica. Discursos vacíos. Veremos cómo metabolizan los españoles los grupos violentos que les hacen la campaña a los independentistas. En cualquier caso, la apelación a una anécdota que se hubiese agotado en sí misma, como ha sido el lazo amarillo, está terminando de convertirse en un campo de batalla definitivamente antidemocrático.

Para quienes mienten, lo anecdótico se transforma en relevante aunque por su propia esencia sea efímero. Lo que cuenta para esta gente no reside en el esfuerzo por concebir modos de crear riqueza para el conjunto social. Su único cometido es cumplir con el mantenimiento del statu quo. Sus fuentes de financiación aún no aclaradas, resultan claves para explicar su propia existencia en el escenario político. Sólo se interesan en el negocio de sus amos.

Por ello, ese hábito de exagerar lo anecdótico. Lo irrelevante. Es el propio relato, repetido una y otra vez, que los caracteriza.

Nos decía Simmel, que la sociedad tiene lugar allí donde varios individuos entran en acción recíproca. Para él, es una unión de elementos diversos afectados por múltiples influencias recíprocas; de ahí que sea definida en contraposición a la idea de “indiferencia”. Para los indiferentes al sufrimiento de los españoles, de “todos”, hacer sociedad no les viene bien. Miren a Francisco Franco y entenderán de lo que hablo, como también comprenderán la exageración de los episodios con los manteros.

Para los españoles de bien llega la hora de “hacer sociedad”.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.