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Es el momento de las personas pequeñas

Consideremos que le pese a quién le pese, las personas pequeñas hemos quitado del gobierno al partido más corrupto de la democracia. Los colectivos sociales han tomado la calle pese a la Ley Mordaza. Desde Murcia a Madrid y de la Coruña a Bilbao, esos ciudadanos y ciudadanas creen que les llegó la hora de decir basta.

Durante sus mandatos recientes, la vida política se lleno de episodios de conflictos de intereses y de cooptación las instituciones. Todo, como consecuencia de la mayoría absoluta de un partido político que aún tiene innumerables causas judiciales por la gestión, al menos negligente, de los recursos que administró en todos los niveles de gobierno. Amnistías fiscales repletas de defraudadores y protagonistas de los mayores escándalos de la democracia. A los que se añaden legislaciones que surgen desde las entrañas del ideario de grupos económicos y religiosos ultra ortodoxos. Con el ideario del franquismo más rancio persisten en creerse legitimados. Por tanto, de consenso nada. De debate nada. Esa gente quiere, aún hoy y siendo minoría y pese a los desastres cometidos, seguir gobernando por “el bien de España”.

En todo ese tiempo, mientras la soberbia llenaba los salones de grandes personas, la indignación colmaba las plazas de personas pequeñas. Pero también se llenaban las colas de los comedores sociales, las listas de espera de las intervenciones hospitalarias, la efectiva transferencia de los subsidios para los dependientes, los desahucios en muchos casos producto de la aplicación de clausulas suelo salvajes. Todo gracias a un partido que sostiene aún no romper España. Mentira tras mentira los españoles preferimos dejar de ceder ante estos personajes siniestros y comenzamos a recuperar con movilizaciones y manifestaciones, tanto físicas como virtuales, los retazos que aún nos quedaban de la dignidad de las personas decentes. Hoy, en puertas de los juzgados por presuntos homicidas, han tenido la indecencia de argumentar que aquél incumplimiento del objetivo del déficit se debió al tratamiento de la Hepatitis C.

Desde esos centros de poder se persigue a quienes han tenido el valor de denunciar a los corruptos y a sus cómplices. Cuando las personas pequeñas asumen su protagonismo los salones se ponen nerviosos. Ponen a andar la máquina del fango. Suman votos. Neutralizan procedimientos judiciales. Pero, justo es decirlo, Bruselas, o una parte de ella, dicta resoluciones que dejan en evidencia casos como la gestión del accidente del tren Alvia. La corrupción sigue campando a sus anchas porque aún tiene cómplices en las instituciones. Los recortes pudieron producir todas las tragedias, pero la corrupción las produce a cada hora. Cuántas víctimas más habrán producido. Cuántas producirán.

Svetlana Alexiévich nos refiere esa visión femenina que resignificó el sentido del heroísmo, expresa que “se ha escrito más sobre el heroísmo que sobre el amor”. Entonces, desde el sufrimiento que define el ser femenino en sus líneas, nos habla del valor caracterizado por el sacrificio. Luego, nos expresa:

“Ya lo he descubierto, las grandes ideas necesitan hombres pequeños, no les interesan los grandes hombres. Un gran hombre es excesivo e incómodo. Es difícil de moldear. Yo busco al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquél que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador. Hizo el milagro”. Aquella guerra no la ganaron las grandes personas por Stalin ni por el marxismo. La ganaron las pequeñas personas por Rusia.

En la confrontación en la que estamos, las personas pequeñas no lucharemos por las izquierdas ni las derechas. Lo haremos por la necesaria decencia para salvar a este país de nacionalidades que se llama España. Excepto claro, que se entregue nuevamente el poder a los causantes de nuestra desgracia actual.

Es la hora de las personas pequeñas.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.