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Los retos de Sánchez


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Basta un nivel básico de empatía para darse cuenta del agobio con el que Pedro Sánchez asumía su responsabilidad en la mañana de ayer sábado. Su rostro era la viva imagen entre la incredulidad y la sospecha casi ya palpable del enorme “marrón” que caía en sus manos.

Hay que estar hecho, sin duda, de una pasta especial para tener ganas de estar ahí. Ser Presidente del Gobierno del Reino de España, sobre todo hoy, es para aplaudirlo sin duda. A veces me asaltan las dudas: no tengo claro si Sánchez es valiente o si la ambición le ciega hasta el punto de que cualquier cosa le vale. Sea como sea, lo cierto es que la encrucijada que tiene entre manos va a suponerle una labor titánica, y conociendo su recorrido, tenemos las mismas posibilidades de ver cómo cae de pie o cómo se da de bruces contra el suelo por cualquiera de las zancadillas que, de seguro le pondrán.

Personalmente le deseo todos los éxitos posibles: porque de salirle bien a Sánchez, nos saldrá bien a los españoles que ya no veíamos luz al final del túnel. Así que confiemos en que, al menos, se abre una puerta de oportunidad. Y ha querido el destino que este balón de oxígeno nos lo hayan venido a dar los republicanos, esos también llamados “independentistas-nacionalistas- o hijos del demonio”. Ellos han sido los que nos han librado de Rajoy, quién se lo iba a decir a Iceta.

Ya solamente por eso, Sánchez seguramente ya sea consciente de que le va a tocar hacer un ejercicio muy necesario en democracia después de haberse acabado la linde y marcharse lejos: recoger velas. No eran necesarias muchas de las declaraciones que ha hecho en los últimos tiempos. No lo eran porque no aportaban nada al panorama a político salvo agresividad, intolerancia y la puesta en evidencia de un profundo desconocimiento de la realidad en Cataluña y País Vasco, fundamentalmente. Y si uno quiere ser el Presidente de todos, tendrá que sentarse un rato a reflexionar, con alguien que pueda contarle desde una perspectiva más abierta y sin prejuicios, una realidad que Sánchez ha demostrado desconocer. Estaría bien que comenzase por leer el artículo de Quim Torra, ese al que Arrimadas se refería en su intervención en el Parlament, el de “La lengua y las bestias”. Yo se lo recomiendo en vista de lo que anoche sucedió en el programa de esa terrible cadena de televisión que tienen los catalanes (TV3) -que, por cierto, es evaluada de manera externa como la mejor cadena pública de las que se encuentran en España-. Allí el diputado del PSC, Marc Lameu llegó como un intelectual dispuesto a realizar un análisis metafísico sobre “la obra de Torra”. Lo cierto es que trató de explicar, de manera enrevesada y con ínfulas de una intelectualidad consumada, que los textos del actual presidente de la Generalitat rezumaban nacionalismo supremacista, pero sin decirlo directamente, jugando así al equilibrio imposible en el que ahora pretenden situarse los “socialistas” para tratar de girar el rumbo del avión que iba a estrellarse.

La verdad es que Lameu quiso pasar de largo por este asunto de Torra con la intención de quedar como alguien crítico que conoce del tema, pero rebajando en muchos grados la agresividad de los últimos tiempos. No olvide el lector que una de las exigencias del PDeCat era precisamente esa, que dejasen de insultar a Torra.

Yo le recomendaría a Sánchez que leyera el artículo, como le decía hace unas líneas. Sobre todo para que conozca de primera mano lo que ayer Lameu nos demostró a todos: que el dichoso artículo por el que han querido llevar al MHP a la hoguera, ni era racista ni xenófobo ni nada que se le pudiera parecer. Y esto ayer tuvo que reconocerlo Lameu después de hacer todas las cabriolas posibles. Han sido tres semanas en las que muchos se han subido al carro del esperpento, se han puesto a lanzar piedras sin saber realmente lo que estaban haciendo: linchar a alguien sin saber en realidad por qué lo hacían. Como en la película “la lengua de las mariposas” cuando se llevan al maestro y todos comienzan a insultarle porque así quedaban salvados de la quema. Recordará usted aquella escena final, en la que Manuel Lozano (el niño) corre detrás de la camioneta mientras tira piedras (es la imagen del cartel) y grita con rabia aquello de “¡espiritrompa!”. Así han sonado en mis oídos los insultos que Sánchez le ha dedicado a Torra, a Puigdemont y a mis amigos independentistas catalanes. Una rabia contenida de quien quiere quedar bien y se deja llevar por la corriente, sin haberse preocupado lo más mínimo por conocer de primera mano la realidad.

Ahora es cuando toca hacerlo, si es que de verdad quiere tomarse en serio lo de gobernar este caos. Entre sus prioridades están la de elaborar una nueva ley de igualdad salarial (entre hombres y mujeres), poner en marcha de manera efectiva el pacto de Estado contra la violencia de género, recuperar la universalidad de la sanidad pública, y poner a funcionar las medidas de apoyo a las personas dependientes, elevar la cobertura de desempleo (sobre todo a los mayores de 50), desarrollar la ley de trasnsición energética y acabar con el impuesto al sol, garantizar la independencia de RTVE (no estaría mal que pusiera las pilas en el ámbito de la información y la comunicación en el país), derogar los artículos de la infamia de la ley mordaza, así como la disposición final de la Ley de Extrangeria, y trabajar contra la desplobación. En Cataluña quiere dialogar. No está mal, aunque sea del todo irrisoria la propuesta. Sin embargo ya es algo el hecho de reconocer que hasta ahora no ha habido diálogo y, precisamente, la negación ha venido por parte de madrid.

Está, por tanto, en la senda de comprender -quizás- que lo que nos han contado ha sido un cúmulo de mentiras. Y que había alguien dispuesto a dialogar todo este tiempo. Se le olvida a Sánchez una modificación urgente y necesaria: la de terminar con la última modificación de la LOTC, esa puerta de atrás del artículo 94.2 por la que se ha colado la regresión en derechos y la actitud autoritaria que nos ha destrozado la separación de poderes.

En fin, que es un reto apasionante y podría salirle bien siempre y cuando deje ya el papel del chaval que grita alocado sin saber en verdad lo que está diciendo. Y es necesario que se empape bien de la realidad porque le van a llover palos de todas partes, sobre todo de entre sus propias filas. Solamente si está bien reforzado (en ideas), podrá superar los golpes.

Ánimo.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.


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