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El síndrome de Von Papen


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)
Ilustración de Fito Vázquez Ilustración de Fito Vázquez

La evolución política y sociológica de algunos partidos de la nueva derecha —a la que califiqué como “derecha rabiosa” en mi artículo del número anterior de TEMAS— está perfilando un nuevo paradigma de comportamiento que tiene bastantes peculiaridades. Peculiaridades que en ciertos casos presentan rasgos propios de las derechas fascistas que emergieron durante los años comprendidos entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. A estos rasgos en España se está añadiendo lo que podríamos calificar como el “síndrome de Von Papen”.

Procesos históricos de fascistización

Un caso muy estudiando de aquellas derechas y su asalto al poder es el del Partido Nacional Socialista Alemán, que logró hacerse hegemónico no solo por sus propias fortalezas y capacidades, sino también por el apoyo que recibió de otras fuerzas políticas de centro y de unas derechas hasta entonces más moderadas, que ejercieron el papel de allanadores de su viabilidad política.

En España resulta muy ilustrativo el caso de la vieja CEDA, con sus juventudes (las JAP) uniformadas y militarizadas que practicaban el culto al jefe (“Los jefes no se equivocan” —decían en sus estatutos); partido que, una vez desencadenado el Golpe Militar contra la República, pasaron de inmediato a engrosar en masa organizaciones indisimuladamente fascistas, como Falange Española.

A veces, los procesos políticos de radicalización se repiten en la historia de una manera que hace difícil entender cómo es posible que ciertos líderes y fuerzas políticas no sean conscientes del papelón que están desempeñando y de los riesgos que hacen correr a sus países con comportamientos que los sitúan en los lindes de la legalidad democrática.

En Europa, el caso más paradigmático de “allanador” del camino hacia el fascismo fue el de Franz Von Papen en Alemania. De forma que alguien que ya había sido Canciller del Reich y que lideraba el Partido de Centro (Zentrum) después de su expulsión del Partido Católico, acabó ejerciendo de maestro de ceremonias de una grave desestabilización del sistema democrático. En aquellos años, las maniobras de Von Papen y los suyos, y su creciente radicalización y oposición a las izquierdas, llevó a Von Papen por una senda suicida, haciendo de “embajador” de los líderes nazis más conspicuos, convenciendo al Presidente Paul von Hindenburg de nombrar Canciller del Reich a Adolf Hitler, con él mismo de Vicecanciller, en alianza con el también crecientemente radicalizado Partido Nacional del Pueblo de Alemania (DNVP). De esta manera, a aquel gobierno de alianza de las derechas frente a unas izquierdas a las que se acusaba de estar urdiendo de facto un Golpe de Estado sin respetar el orden ni el marco constitucional (¿les suena?). Así que al final convencieron a un asustado Mariscal Hindenburg, que accedió de mala gana a nombrar Canciller a Hitler que, inicialmente solo llevó a aquel gobierno de coalición a algunos de sus compañeros de más confianza (Joseph Goebbles, Hermann Goering, Heinrich HImnler y Rodolf Hess, como Secretario suyo). Los cuales, una vez asentados en el gobierno, lo primero que hicieron fue ocupar los resortes fácticos de poder, incluidas las fuerzas armadas, la policía y los resortes económicos y judiciales, al tiempo que establecieron relaciones (de coacción) con los principales grupos económicos de Alemania, logrando que estos financiaran generosamente su asalto definitivo al poder (total).

La tragedia de los Von Papen

A través de este recorrido, al final Von Papen y otros líderes centristas no nazificados suficientemente acabaron sometidos por el poder autoritario de un partido político claramente totalitario, aunque se presentaba como “partido de orden” y que posiblemente no hubiera llegado al poder solamente por métodos y vías democráticas parlamentarias. Por ello, utilizó una estrategia de asalto al poder basada en la capacidad de imponer la fuerza bruta y los resortes fácticos del poder (¿les suena?).

Asalto que fue acompañado de una inversión orwelliana del lenguaje, en el que ellos se presentaban con los guardianes del orden y la Constitución, mientras que sus oponentes —convertidos en “enemigos” sistémicos— eran presentados como “golpistas”, “antipatrióticos” y enemigos internos de Alemania (¿les suena?).

Al final, en la desgraciada noche de los cuchillos largos los nazis, después de haber ajustado cuentas con sus enemigos raciales en la noche de los cristales rotos, concentraron su acción represora en aquellos que consideraban enemigos políticos (internos y externos), a partir de la dialéctica amigos—enemigos que constituía el sustento “teórico” de su estrategia. Hay que tener en cuenta en este sentido que en el cómputo final de asesinatos políticos cometidos por el Partico Nacional Socialista Alemán (NSDAP) de los diez millones de seres humanos a los que aniquilaron, seis millones fueron judíos y cuatro millones personas pertenecientes a otras minorías y organizaciones enemigas.

Las nuevas derechas extremas practican inversiones orwellianas del lenguaje, presentando a sus oponentes como enemigos sistémicos y “golpistas” (sic), mientras ellos se autopresentan como defensores del orden, de los valores patrios y vencedores de unas elecciones que no han ganado, ni de lejos.

Entre estos cuatro millones de enemigos sistémicos en aquel zarpazo de los camisas pardas y negras cayeron asesinados no solo una parte importante de los jefes de las S.A., sino también periodistas, intelectuales y líderes de otros partidos, incluso algún Canciller anterior, como el propio Schleicher, salvándose por los pelos Von Papen, al que inicialmente no lograron encontrar, pero al que acabaron poniendo bajo arresto domiciliario, aunque sí detuvieron y asesinaron a varios colaboradores suyos, como su Secretario personal Herbert von Bose y al colaborador directo que le escribía sus discursos.

Al final, Von Papen comprendió la nueva situación de poder totalitario en Alemania y acabó aceptando el puesto de Embajador del Reich, primero en Austria —hasta su anexión— y luego en Turquía. Algo que ulteriormente lamentó y explicó en sus memorias, que solo pudo publicar una vez caído el nazismo. Memorias en las que analizó con todo detalle esa sensación horrible de ver cómo acabaron con él y con algunos de sus amigos y compañeros centristas después de que ellos hubieran incubado y facilitado el crecimiento de los huevos de la serpiente del nazismo, que los acabó eligiendo como una parte de sus primeras víctimas.

¿Hacia dónde va Feijóo?

No sabemos cómo procederán en un hipotético futuro las nuevas derechas radicales y “rabiosas” españolas si logran triunfar en su desleal y a veces brutal lucha por el poder que estamos viendo, no solo en España, sino en varios países. Países en los que parece como si la historia se repitiera y se reprodujera de la misma o similar manera amenazante.

La deriva radicalizada y radicalizadora de algunos de los dirigentes del PP, empezando por el propio Núñez Feijóo, está proporcionando un espectáculo inquietante en el que se está viendo cómo líderes y militantes del PP toleran o participan en el acoso a las sedes del PSOE y en manifestaciones en las que insultan y denigran a Pedro Sánchez. “Pedro Sánchez a prisión” —gritan como si nada algunos energúmenos de esta derecha—, haciendo las mismas reivindicaciones de prisión para Puigdemont y otros líderes políticos. Tal obsesión por insultar, denigrar y reclamar prisión para otros líderes políticos hasta hace poco tiempo no formaba parte del argumentario de los partidos de derechas más centrados, o al menos más moderados.

Por esa vía, el PP no solo radicaliza sus estrategias y comportamientos, sino que suscita una seria inquietud, en la medida en la que se ha lanzado a una estrategia de confrontación dura y agresiva que puede acabar situándonos ante una nueva versión del proceso de incubación del huevo de la serpiente. Una serpiente que también en este caso podría acabarles engullendo a ellos, o a alguno de ellos, en ese tipo de dinámica infernal que siempre acaba produciéndose en los procesos de fascistización y nazificación. Algo que tienen en mente e intentan llevar a la práctica partidos de extrema derecha que parece que ya han decidido quitarse la careta y que, bajo el pretexto falaz de estar combatiendo unos supuestos Golpes de Estado (?), en realidad lo que están haciendo es impulsar una estrategia de asalto al poder por métodos violentos y no democráticos, como hicieron algunos en la década aciaga de los años treinta del siglo pasado. Asaltos que perpetraban —y algunos aún pretenden hacer— incluso en circunstancias en las que perdían elecciones. Estrategias que en un pasado cercano los llevaron a aniquilar a las fuerzas y poderes que intentaron oponerse a sus propósitos totalitarios, entre los que estaban parlamentos, medios de comunicación, académicos e intelectuales, etc., sin detenerse ante instituciones integradoras como las propias monarquías.

Cegueras políticas

Dice la sabiduría popular que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”, ni mayor tonto que el que trabaja al servicio de los demás, a los que están dispuestos a hacer parte del trabajo sucio.

¿Acaso no son capaces determinados líderes y poderes internos del PP de darse cuenta del papelón que están haciendo al servicio de parte y de las vías autodestructivas para ellos y para el país por las que les intentan llevar de manera radical y desmedida de un antisocialismo y antiprogresismo primario? ¿Acaso no queda vida inteligente con la que se pueda hablar y buscar espacios de entendimiento en ese universo político del centro, el liberalismo y el conservadurismo moderado?

 

José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.