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Pugna entre privilegios predemocráticos y derechos democráticos


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El conflicto global tiene su reflejo en España cuando queda en evidencia que unas organizaciones políticas son instrumentales a los intereses sociales, mientras que otras tan solo representan la defensa de los privilegios de grupos minoritarios. En nuestro caso, la incongruencia entre los principios democráticos y la mezquina finalidad de los propósitos de los privilegios, que debería ser resuelta con la propia expresión cuantitativa de las mayorías populares, suele quedar neutralizada por los ilimitados recursos de la corrupción y de las prácticas de la colusión de estos últimos.

Mientras que unos creen que su legitimidad deriva de la Constitución, aprobada por las mayorías sociales, los otros, minoritarios, están convencidos que la suya emana y se consolida en los privilegios de casta. Lo pudimos ver cuando la heredera de la Casa Borbón juró fidelidad a la bandera en un entorno con reminiscencias franquistas, antes que a la Constitución que es la fuente legítima de su autoridad.

Pudo verse en las imágenes del acto de jura de bandera, a una banderola que también ha generado críticas por el hecho de que figura la inscripción "General Franco", acompañada de la fecha del 20 de febrero de 1927, en referencia a la segunda época de la Academia, que tuvo como primer director al ex dictador Francisco Franco. Pese a hacer referencia a la época anterior a la dictadura, el recuerdo a Franco ha sido cuestionado activamente en las redes sociales. Esta es una defensa de las “tradiciones” en lugar de los valores democráticos defendidos por la Constitución.

Es así que las minorías descalifican la autoridad que emana de los votos ciudadanos, según los principios constitucionales, basándose en una supuesta autoridad moral fundada en el linaje o en ciertas tradiciones. El dictador lo sabía cuando creó el modelo de funcionamiento del Estado que lo sobrevivió.

Es lícito preguntarse a quién deben lealtad las Fuerzas Armadas y los Cuerpos de Seguridad del Estado. ¿Será a la defensa de los valores constitucionales o a las tradiciones expresadas en los privilegios? Si fuese a las segundas, ello explicaría la impunidad demostrada cuando se descubren tramas de corrupción dentro de la gestión de los recursos públicos del Estado.

La impunidad de los privilegiados puede ser consecuencia de la proyección de la inimputabilidad de la Corona. Esas prerrogativas son las que reclama el señor Feijóo ante cuanto micrófono se le pone delante. Persiste en difundir el bulo de que ha ganado las elecciones frente al candidato Sánchez Castejón. Según este pintoresco personaje, le han birlado la presidencia del Gobierno. Su patetismo e indigencia democrática serán difícilmente superados.

En relación a la pugna entre los privilegios y los derechos, es conveniente recordar aquella frase que decía Arturo Jauretche: “Ignoran que la multitud no odia, odian las minorías, porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor.”

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.