Sobre la divulgación de las cuestiones masónicas
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Masones y Masonería
Aunque no es actualmente un tema de intenso debate en el seno de la masonería, o así nos parece, durante mucho tiempo y aún hoy existen masones que no ven con buenos ojos que se difundan principios y cuestiones de la orden fuera de la misma porque, supuestamente, esta divulgación atentaría contra los principios de la misma y en especial con el que tiene que ver con el secreto o la discreción. Por nuestra parte, no somos partidarios de esta prevención, como lo demostraría el volumen de trabajos que tenemos ya publicados sobre la masonería y sobre su historia.
El objetivo de esta pieza es recoger el pensamiento de un masón francés del pasado que reflexionó sobre esta materia en de una de sus obras. Estamos hablando de François-Timoléon Bègue Clavel (1798-1852) y de su libro, Historia pintoresca de la franc-masonería y de las sociedades secretas antiguas y modernas / escrita en francés... y traducida é ilustrada con interesantes notas y apéndices por un filosofo moderno, publicada en Madrid, en 1847.
En el prólogo de una de las ediciones el autor aludía a que había recibido críticas por las revelaciones contenidas en su libro. Había llegado a ser denunciado al Gran Oriente (pensamos que sería el Gran Oriente de Francia) como si hubiera violado el juramento de discreción que había prestado cuando fue iniciado. Había sido censurado, efectivamente, pero le extrañaba dicho rigor porque ya en la introducción de la primera edición había justificado el por qué de su escrito.
Efectivamente, había descrito los símbolos, las ceremonias y los usos y costumbres de la masonería, sin olvidarse de los misterios de la misma con comparaciones con los de la Antigüedad. Pero se había apresurado a afirmar que no había contado nada que no se hubiera impreso cien veces, tanto por los enemigos de la orden como por parte de sus miembros, “los mas celosos, los mas recomendables” con la aprobación implícita o formalmente manifestada de las Grandes Logias y los Grandes Orientes. Para ello realizaba hasta una breve historia del proceso de difusión de lo que era la masonería desde la publicación de las Constituciones de Anderson.
Todos esos ejemplos servirían para justificar su propia obra, según su opinión. Lo que otros habían publicado y había sido aprobado o tolerado, también debía aplicarse a lo que había escrito. En todo caso, avisaba que había cuestiones que no había desvelado.
Pero su justificación no terminaba aquí. Aludía a que se le podía responder que los libros y obras que había citado en su justificación estaban destinados solamente a los masones, pero sus autores como el mismo no podía garantizar que no fueran leídos por profanos. Y, en realidad, eso no sería un problema, es decir no veía “graves consecuencias”. ¿Por qué?
Porque el secreto de la francmasonería no estaría en las ceremonias ni en los símbolos, y por tanto, no había peligro en que leyeran estas obras los profanos. Era la mejor respuesta contra los sarcasmos y calumnias que recibía la masonería.
En realidad, según nuestra opinión, el autor no profundizaba sobre la materia, es decir, planteaba que el secreto de la francmasonería no estaría en las ceremonias ni en los símbolos. En eso estamos totalmente de acuerdo, la cuestión clave estaría en cómo un masón interpreta los símbolos, los ritos, los rituales y las ceremonias en su proceso interior, en su trabajo. Dar a conocer el significado general y hasta cultural de un símbolo o de una ritual no desvela ningún misterio porque el mismo estaría en ese trabajo, en la interpretación que un iniciado realiza de ambos y que no es nunca exactamente igual al de otro masón.
En todo caso, el misterio o la discreción siempre se salvaguardan no sólo en el trabajo personal sino en el colectivo de los masones en una tenida masónica, reservada solamente para iniciados.
En todo caso, estamos totalmente de acuerdo con la idea de nuestro autor sobre que difundir con rigor, añadiríamos nosotros, ayuda, en cierta medida, a combatir el desconocimiento y las tergiversaciones que, aún hoy, sufre la masonería. En ese sentido, nos parece sumamente significativo que ya el autor hablaba de la gran cantidad de obras que se habían publicado desde el comienzo del siglo XVIII. Fijémonos, nosotros, ahora, y más en la era digital. Y por eso, los masones y los profanos documentados sin prejuicios siguen teniendo como objetivo explicar, difundir y plantear las grandezas de la masonería, como la miseria también bien humana que se pueda dar en su seno.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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