El 23J ¿con o sin Podemos?
Saber irse, como saber perder, es algo muy difícil de administrar con señorío y dominio del kairós. Tampoco vale hacer mutis por el foro de mentirijillas y bajarse a las concha del apuntador para musitar los diálogos de quienes quedan en el escenario. Par decirlo sin rodeos. Alberto Garzón ha sabido cumplir un papel importante dentro del gobierno de coalición y decidir cuándo conviene pasar el testigo para tener vida propia por añadidura. Ha estado en primera línea de la política desde muy jovencito y ahora entiende que debe ceder ese protagonismo a otras personas. Pablo Iglesias en cambio es el paradigma de quien simula bajarse del escenario sin abandonarlo del todo y pretendiendo intervenir en el guión de los personajes e incluso suplantar a los responsables de la puesta en escena. Para colmo finge no hacerlo por puro narcisismo, sino por ser el mejor o único intérprete válido de la voluntad popular. El electorado no acaba de acertar jamás y conviene forzar elecciones cuyos resultados también interpreta echando balones fuera e imputando los errores al resto de la humanidad.
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