La guerra de los mundos
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia»
La guerra de los mundos, 1998, H. G. Wells
La definición de literatura fantástica se le queda corta a esta novela de marcianos invasores. Más bien resulta precursora de males mayores, y aterradoramente profética y apocalíptica.
El campo de acción se traslada a Gran Bretaña, desde donde un narrador oculto en el anonimato nos relata los horrores de la destrucción y muerte que bajó seis años atrás del cielo, en forma de extraterrestres grandes, grises y con apariencia de osos, (qué cosas, qué nórdicos ellos), que chupan lentamente la sangre humana que los alimenta. Llegados a un punto de aparente disolución, nos salvamos por la campana, vulgo bacterias terrestres. Final feliz. Selección natural y caza de débiles en mor de una raza mejor.
Nueve años después, a Orson Welles se le ocurrió la feliz idea de emitirlo en formato radiofónico, así que cambió algunas cosas y lo lanzó a las ondas creando un pánico sin precedentes, porque los oyentes no escucharon el aviso de que era un cuento a contar…y pensaron que los abducían de verdad los marcianos, sin saber que un año después la destrucción vendría de no muy lejos orquestada por su propia especie, y esa sí se cobraría millones de víctimas que regaron los campos de Europa con su sangre. En este caso, la película fue que miraron demasiado tiempo hacia arriba y escupieron contra el viento.
Y ahora volvemos a las invasiones (¿bárbaras?), y no puedo dejar de establecer comparaciones con lo que estamos viviendo actualmente: ahora, a nosotros nos mata un bicho, a la Tierra la salvan otros; a nosotros nos invaden con armas psicológicas y físicas una Rusia que abre el baile con invitados deseosos de apuntarse a la fiesta y marcarse un minué, mientras que en el libro los invasores no son humanos, no nos conocen y bajan del cielo con hambre canina a matar por pura subsistencia, sin discriminar, sin intención alguna de posar sus reales y conquistar territorios. Por puro hambre. El de ahora es de pura codicia.
Lo que horroriza es ver que, en nuestro caso, el conflicto se ha producido a sabiendas, volitivamente, con intención de destruir por unas tierras y fronteras ricas, apetecidas por simple avidez, que no te servirán más allá de los dos metros que necesites cuando yazcas en la tierra oscura, porque no te podrás llevar nada cuando remontes los cielos de vuelta, si acaso, a tu planeta de origen marciano.
Wells, admirador de la gran Hildegart Rodríguez a quien se quiso llevar consigo deslumbrado por su saber (abducción impedida por la madre del monstruo que diría Almudena Grandes), vuelve a recalibrar el orden en la esperanza de que «Seguro que, aunque no hayamos aprendido nada más, esta guerra nos ha enseñado la piedad…, piedad hacia esas almas sin voluntad que sufren nuestro dominio». Que lo traduzcan al ruso.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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