La segunda vida de ‘Doña Francisquita’
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Primavera de 2019. En tiempos de pre-pandemia el Teatro de La Zarzuela de la mano de su anterior director Daniel Bianco estrenó una versión libre de 'Doña Francisquita' a cargo del director escénico de Reus, Lluis Pascual, también autor de los textos nuevos que acompañaron a esta cara coproducción con el Liceu de Barcelona y la Ópera de Lausanne. Un gran despliegue en todos los sentidos, que sin embargo, registró el virulento rechazo de un sector muy conservador del público, ese que considera la zarzuela casi de su propiedad. Tanto que llegaron a oírse más que palabras en alguna de las representaciones a cargo de un grupo maleducado de descontentos alborotadores.
Pascual utiliza la inspirada partitura de Amadeu Vives, en una de las composiciones de mayor colorido españolista hechas por un catalán, para 'contar' verbalmente el argumento en tres épocas: la II República en la grabación de un disco con esa zarzuela, en 1962 retransmitida por TVE, y en la actual precisamente en el ensayo de la obra en La Zarzuela. Con un hilo conductor, el actor Gonzalo de Castro, nexo en un personaje dramático-cómico con capacidad para unir de forma irónica escenas y encarnar a personajes peculiares, sin caer en la broma o el 'monólogo cómico'.
El resultado es una apuesta a ratos desconcertante por el 'teatro dentro del teatro' en la que brilla la ironía (esa actriz-cantante, la excelente Milagros Martín que discute porque han suprimido diálogos no musicales, proyección de esos espectadores convencionales que se quejan por prescindir del libreto original de Federico Romero y Fernández Shaw inspirado en 'La discreta enamorada' de Lope de Vega).
Ese 'atrevimiento' argumental se expresa a través de ingredientes de primera magnitud. Guillermo García Calvo es un director musical que se mueve con expresividad y soltura en el género, donde suenan unas orquestaciones brillantes y entusiastas de la Orquesta Sinfónica de Madrid. El reparto que en su mayor parte ya estaba en 2019 y que lo ha venido haciendo después en su recorrido por Barcelona y Lausanne es adecuado: Ismael Jordi una de las primeras voces líricas europeas haciendo doblete en el segundo reparto con Alejandro del Cerro, Sabina Puértolas (Marina Monzó en la alternativa, según los días) está magnífica, lo mismo que Ana Ibarra/María Rodríguez, Enrique Ferrer/Manuel de Diego, Santos Ariño, Isaac Galán, junto al amplio cometido de bailarines y actores.
En donde vuelven a brillar las coreografías de Nuria Castejón, una excelente directora escénica en otras ocasiones, y que a ratos adquieren una impactante presencia en el escenario aprovechando el uso de la tecnología teatral que utiliza esta producción bajo un espacio escénico y vestuario de Alejandro Andújar. El Coro del Teatro que dirige Antonio Fauró adquiere presencia en la obra. Y con el añadido de la breve intervención estelar de Lucero Tena tocando las castañuelas en el fandango orquestal mostrando como a los 85 años se pueden seguir teniendo los dedos con una agilidad enorme.
Han pasado cinco años de esta producción y Pascual ha revisado algunos textos que aportan más rapidez y agilidad al montaje, especialmente en el primer acto. Lo que resulta es una nueva lectura de 'Doña Francisquita' donde se mantiene integramente una partitura de una brillantez formal arrolladora pero donde el argumento original se ha convertido en un 'Reader's Digest' de la zarzuela estrenada en 1923 en el Teatro Apolo de Madrid y elevada a una de las cumbres del género.
Esa advertencia debería servir en teoría para esos espectadores reverenciales de un pasado congelado en el tiempo que protestaron cuando la versión se ofreció por vez primera en este escenario en 2019. Vista sin prejuicios 'Doña Francisquita' puede ser 'distinta' pero no deja de ser uno de los espectáculos de mayor arrogancia vistos en un teatro lírico contemporáneo, con ingredientes de primer nivel, y subrayando unas músicas de Amadeo Vives que por su brillantez forman parte de lo mejor de la música española del XX.
Pascual tuvo que afrontar el mismo reto de Paco Azorin con otra obra de Vives, 'Maruxa', haciendo un libreto nuevo a partir del original, sin ovejitas, ni ingenuas pastorcitas gallegas, sino con la crisis del 'Prestige' por medio. Y aquí la 'mixtura' a cinco años de distancia le ha salido bien al director catalán, con unos espectadores que más allá de quienes añoran una 'Doña Francisquita' de guardarropía y museo decimonónico, salen del teatro envueltos en admiración hacia este autor catalán, y la profesionalidad del espectáculo.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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