Los alegres cuentos de Canterbury
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Aunque pueda parecer difícil de soportar, la pobreza es una clase de riqueza que nadie tratará de quitarte»
Los cuentos de Canterbury, s. XIV, Geoffrey Chaucer
Obra cumbre de la Edad Media inglesa, esta colección de 24 cuentos (22 en verso) y un apéndice de retractación (para evitar el fuego del infierno, colijo) son el resultado de uno de esos concursos o arrebatos tabernarios medievales, de esos personajes que se encontraban entre peregrinación y posadas, prestos a contar y cantar historias por un plato caliente y una buena pinta. No era nada inhabitual en la época, están los Minnesänger y los Meistersänger, los jugladores y trovadores que todos conocemos, esa casta híbrida entre clérigo y estudiante truhan que ponía plato y comida como precio a sus canciones y poemas. En esta línea está Chaucer, juntando a un grupo heterogéneo en alegre compañía camino en peregrinación a Canterbury y está dedicado a prácticamente todos los estamentos: caballeros mercaderes, monjas, eruditos, molineros, marinos, etc., por lo tanto la temática es tan variada como los personajes y va desde el amor cortés sublimado hasta las bajas pasiones en toda su crudeza, en la línea de sus otros contemporáneos Boccaccio y Don Juan Manuel, con su El Decamerón y El Conde Lucanor, respectivamente.
Escrito en inglés medio, es un interesante retrato de la vida del s. XIV en sus diferentes vertientes y clases sociales, que bien conocía el autor como secretario de corte y poeta de tres reyes ingleses. También aparece él mismo en su obra y es quien elige qué y cómo contar, utilizando inusualmente su lengua vernácula, aderezada de giros y modismos de la época. Sus variados personajes son la representación de los miles de peregrinos que iban a visitar la tumba de Tomás Beckett, como aquí a Santiago Apóstol. Pero tampoco desdeña las fábulas y también tiene a los animales de protagonistas, e incluso a mujeres si bien, naturalmente, todas egoístas, torticeras y lagartonas. En fin, son cuentos hijos del momento, divertidos, procaces o idílicos y moralizantes, que nos han llegado de copias de copias y más copias, pues no se conservan los originales de Chaucer. Tampoco es que en esa época les importara mucho el copyright. Al fin y al cabo, es literatura popular y el premio al mejor cuento contado por estos 33 peregrinos está a la altura: cena y noche gratis en la posada. Los narradores se interrumpen, se emborrachan, opinan, niegan y afirman cada uno de los relatos introduciendo un componente de realidad novedoso, algo así como la democratización de la narrativa a base de un mosaico amplio y entrecortado de personajes reconocibles que van avanzando a medida que caminan hacia su destino. En el fondo, habla de la vida como perpetuo peregrinaje en cuyos caminos y encrucijadas nos encontraremos con lo mejor y lo peor.
Un dato curioso es que se escribió en pandemia, en los años de la peste negra, y que es el motivo por el cual los peregrinos de los Cuentos van hacia la tumba de Tomás Beckett, con la pretensión de encontrar una cura a esta gran mortandad, simplemente tocando su sepulcro, su vacuna particular dotada de poder por santidad infusa. En nuestra era poscovidiana, ¿cuál será?
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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