La nueva vida de ‘Ernesto’
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Estrenada en 1895 'La importancia de llamarse Ernesto' es el título más representado del teatro de Oscar Wilde. En la escena española apareció en la década de los 20 del pasado siglo y desde entonces ha tenido una dilatada trayectoria, tanto como en televisión o en cine. Se trata de una muy agradecida comedia victoriana en la que Wilde utiliza la fría ironía y un humor de cierta acidez para contar una anécdota mínima: el enredo de dos amigos que crean personajes ficticios para sentirse más libres dando lugar a una serie de equívocos bajo la envolvente sombra de las convenciones sociales de la época, el clasismo y la verdad/mentira de la hipocresía. El juego escénico es ágil y los finos diálogos siguen teniendo frescura. Habitualmente 'Ernesto' se ha representado bajo estéticas de época victoriana o eduardiana, incluso bajo la de entreguerras o la de los 50. En 2018 David Selvas, director (y conocido actor de cine y tv) estrenó en catalán esta versión producida entre otros por el Teatre Nacional de Catalunya en la que la época se traslada a un tiempo casi contemporáneo. Aunque el decorado siga siendo el de una mansión de la alta burguesía en este caso repleta de tiestos y flores, según el espacio escénico creado por José Novoa, con el añadido de batería y teclado que juegan amplio cometido en la traducción de Cristina Genebat puesta en escena por Selvas.
Sin llegar a ser un musical, esta 'Importancia de llamarse...' incluye un abundante mosaico de canciones, muchas de ellas interpretadas a guitarra, otras con una mínima base pregrabada, y alguna acompañada de piano electrónico, a cargo de los propios actores y en su caso con la autoría de la también actriz en escena Paula Jornet. La conclusión es un 'Ernesto...' casi atemporal donde se han perdido ironías aceradas de otras versiones, diálogos hirientes revestidos de tules y algodones, pero se ha ganado en frescura, agilidad, espectáculo...dado que los siete protagonistas de la obra, en esta versión casi coral, tienen que cantar ocasionalmente e incluso dar sus pasos de baile bajo la coreografía de Pere Faura.
Es decir, aunque haya perdido parte de esa causticidad propia de un Wilde elegante pero nada compasivo con la clase dirigente de su época y de las siguientes, este 'Ernesto' acentúa un tono quizás más intrascendente que el de otras versiones, como un juguete divertido que transcurre como una exhalación a lo largo de sus 105 minutos de duración y permite lucirse a una buena parte de los actores, que son la base del espectáculo. Todo bajo un envoltorio de una cierta elegancia aunque el hecho de que la época sea indefinida pero contemporánea hace aún más leve el juego y el clasismo aparece gaseoso.
David Selvas es un director con una larga carrera de actor y se nota que ha sabido ponerse en la piel de sus actores para jugar con la química escénica entre ellos. Ahora el centro de la atención está puesto en la amistad/rivalidad/enfrentamiento entre 'John'/Pablo Rivero y 'Algernon' a cargo de un frenético e inagotable Ferran Vilajosana, con las dos intervenciones de la majestuosa Silvia Marsó a quien le viene como anillo al dedo su 'Lady Bracknell', junto a 'Cecily'/Paula Jornet, soporte musical de la función pero desenvuelta en los diálogos, lo mismo que 'Gwendolin'/Julia Molins, y el soporte del multipersonaje de 'Lane'/'Chasuble' que hace Albert Triola, junto a Gemma Brió como 'Miss Prism' que ofrece la clave final del argumento. Todos tienen que moverse en escena, e incluso cantar o realizar movimientos escénicos con una coreografía. En una versión de la obra de Wilde que aunque ha perdido irónico mordiente en los diálogos aspira a ganarlo como pieza de espectáculo casi total sin llegar a ser una típica comedia musical.
Estrenada en su versión castellana en el Teatro Español de Madrid, representada en diversos escenarios ya sea en catalán o en castellano es positivo que se recupere ahora para el Teatro Pavón donde permanecerá hasta el 30 de junio. Destacar esa 'segunda vida' a piezas estrenadas en teatros públicos que saltan a privados. Además otro dato contextual: expresa una necesaria fluidez entre producciones catalanas que merecen ser vistas en cualquiera de los idiomas fuera de su ámbito inicial de creación, de la misma manera que la debe haber con aquellas generadas desde otros lugares del estado favoreciendo esa constante comunicación teatral que no siempre tiene lugar.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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