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¿Sabía que las palabras ‘anime’, ‘cosplay’ y ‘aidoru’ no son de origen japonés?


  • Escrito por Ana Abellán Pardo
  • Publicado en Cultura
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
El anime es, curiosamente, una palabra que define un género puramente japonés pero solo fuera de Japón. らいみぃ/Wikimedia Commons, CC BY El anime es, curiosamente, una palabra que define un género puramente japonés pero solo fuera de Japón. らいみぃ/Wikimedia Commons, CC BY

Si le pregunto de dónde vienen palabras como anime, cosplay o aidoru, seguramente responderá “de Japón”. Y no le faltaría razón… parcialmente.

La respuesta no es, de hecho, tan sencilla.

Estos términos están muy unidos a la cultura japonesa. Sin embargo, su historia empezó mucho antes y en otro idioma. Es un viaje sorprendente que demuestra que las palabras también tienen su propia historia.

Los préstamos léxicos

En lingüística, existe un fenómeno que se denomina “préstamo léxico”. Aunque el nombre parezca complicado, la idea es muy sencilla: las lenguas toman palabras unas de otras continuamente. El español lo hace desde hace siglos. Usamos wifi, fútbol o software, que vienen del inglés; también decimos kimono, karaoke o sushi, que proceden del japonés.

Cuando una palabra llega a otro idioma, normalmente cambia un poco. Estos cambios pueden afectar tanto a la escritura o la pronunciación como a su propio significado. Es la forma que tiene cada lengua de hacer suyo un término extranjero.

Este proceso de adaptación, como es lógico, ocurre constantemente en japonés.

Influencia anglosajona

Hoy, la mayoría de las palabras extranjeras que utiliza el japonés vienen del inglés. Son tantas que forman el grupo más numeroso de préstamos de esta lengua. Basta con pasear por Tokio para ver escaparates, anuncios o productos llenos de expresiones de origen anglosajón.

Ahora bien, la genialidad de los japoneses no está simplemente en su capacidad para absorber préstamos, sino en su creatividad para apropiárselos.

Como el inglés y el japonés son idiomas muy diferentes, muchas palabras necesitan cambiar para poder pronunciarse con facilidad. Algunas se acortan, otras cambian algunos sonidos. Y otras incluso adquieren un significado nuevo. En ocasiones, Japón va un paso más allá y crea términos completamente nuevos utilizando voces inglesas.

Una adaptación que ha cruzado las fronteras

Anime es, probablemente, el ejemplo más conocido. Su historia comienza con el inglés animation. Cuando este préstamo llegó a Japón, hacia los años sesenta, se adaptó a la pronunciación japonesa y pasó a decirse animeeshon. Sin embargo, como ocurre con muchas palabras largas, los hablantes terminaron acortándola hasta dejarla simplemente en anime. Era más rápida, más cómoda y más fácil de usar en la conversación diaria.

Pero el cambio no fue solo de forma. También cambió su significado. En Japón, anime puede utilizarse para hablar de la animación en general, aunque suele asociarse especialmente a las producciones dirigidas al público infantil y juvenil. En cambio, cuando la palabra llegó a otros países, empezó a utilizarse casi exclusivamente para referirse a la animación japonesa.

Hoy, cuando alguien habla de anime, casi nadie piensa en dibujos animados occidentales. La palabra ha terminado identificando un estilo, una industria e incluso una forma de entender la animación.

Una invención japonesa a partir del inglés

Cosplay es todavía más curiosa. Muchas personas creen que es una palabra inglesa. Sin embargo, no es así.

Un cosplayer en una convención en México en 2025. Ferfive/Wikimedia Commons, CC BY

Fue creada en Japón por Nobuyuki Takahashi en 1983. En junio de ese año, Takahashi estaba escribiendo un artículo sobre una curiosa moda para la revista My Anime y se le ocurrió unir dos términos ingleses para definirla: costume (‘disfraz’) y play (‘jugar’). Es decir, a partir de dos piezas del inglés, construyó una palabra nueva para describir una actividad que cada vez era más popular: disfrazarse e interpretar a personajes de manga, anime o videojuegos.

Tuvo un enorme éxito. Primero se popularizó entre los aficionados al manga y al anime en Japón. Después, gracias a Internet y a la expansión de la cultura popular japonesa, comenzó a utilizarse en todo el mundo. Español, francés, italiano o alemán, entre muchas otras, son algunas de las lenguas en las que este término ha obtenido gran popularidad. Hoy es habitual encontrar concursos de cosplay en convenciones de Europa, América o Asia, y millones de personas emplean la palabra sin saber que, en realidad, fue inventada en Japón.

Misma forma, diferente fondo

El caso de aidoru es diferente.

La palabra procede del inglés idol, pero en Japón empezó a significar algo distinto. Un idol en inglés puede ser cualquier persona muy admirada. En cambio, un aidoru es un tipo muy concreto de artista: jóvenes cantantes, actores o celebridades cuya imagen y carrera están cuidadosamente organizadas por la industria del entretenimiento japonesa.

La palabra apenas cambió de forma, pero sí cambió completamente de significado dentro –y fuera– de Japón.

Los tres ejemplos muestran que una misma lengua puede transformar las palabras extranjeras de maneras muy distintas. Anime nació de una adaptación y de un proceso de simplificación. Cosplay fue una creación completamente nueva elaborada con elementos ingleses. Y aidoru mantuvo casi la misma forma, pero adquirió un significado totalmente diferente.

Lo más interesante ocurre al final del viaje.

No son japonesas pero lo parecen

Una vez transformadas en Japón, estas palabras comenzaron a viajar por el mundo. El éxito del manga, el anime, los videojuegos y la música japonesa ha hecho que millones de personas empiecen a utilizarlas. Poco a poco, han ido asentándose en otros idiomas, incluido el español. Hoy las consideramos 100 % “made in Japan” y, de alguna manera, lo son.

Pero su historia demuestra que las lenguas son mucho más complejas de lo que parecen. No todas las palabras que identificamos con Japón nacieron allí. Algunas empezaron su recorrido en otro idioma, cambiaron por completo al pasar por el japonés y solo entonces llegaron al resto del mundo con una nueva identidad.

Quizá esa sea la parte más fascinante de esta historia. Las palabras cruzan fronteras, cambian de forma y significado y, a veces, acaban representando a un país distinto de aquel en el que nacieron.

La próxima vez que escuche estos términos quizá pueda verlos con otros ojos. Porque detrás de ellos no solo hay manga, series o música. También hay una historia de encuentros entre lenguas, culturas y personas. Y eso demuestra que, igual que nosotros, las palabras nunca dejan de moverse.

Ana Abellán Pardo, Contratada predoctoral, Universidad de Murcia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

 

 

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