Edificios rehabilitados para el invierno, ¿trampas de calor en verano?
- Escrito por Javier de Sola Caraballo y cuatro más
- Publicado en Planeta
En España y en el resto de Europa se están rehabilitando miles de viviendas para que consuman menos energía. Esto es una buena noticia y va en la dirección correcta, pero conviene añadir un matiz: en climas cálidos esa mejora puede volverse en contra durante el verano y dejar las casas más calientes de lo que estaban antes. ¿La razón? Una vivienda preparada para mantener el calor en invierno no siempre es capaz de soltarlo en verano. Y lo que debería ser un refugio puede terminar convirtiéndose en una trampa.
Las casas de menor renta no disponen de aire acondicionado
Se estima que el 85 % del parque residencial español es energéticamente ineficiente. A esto se le suma otro dato: un 33 % de los hogares no consigue mantener su vivienda suficientemente fresca en verano, un porcentaje superior al de quienes no logran calentarlo en invierno. Dentro de casa ya pasamos más calor que frío.
El aire acondicionado, mientras tanto, está presente solo en alrededor de la mitad de los hogares españoles y escasea justo donde más falta haría, en los de menor renta. Muchas de estas viviendas no se climatizan a lo largo del día: se refrescan abriendo ventanas, bajando persianas y esperando a que caiga la noche. Funcionan, en definitiva, de manera pasiva.
Frente a esa realidad, la normativa europea y española de rehabilitación se construye sobre la eficiencia energética, sin poner el foco en el confort ni en lo que ocurre dentro de una casa que afronta sin aire acondicionado veranos cada vez más extremos.
El calor queda atrapado en las viviendas aisladas
En un reciente estudio, investigadores del grupo Sostenibilidad en Arquitectura, Tecnología y Patrimonio de la Universidad de Sevilla hemos comprobado este problema en un barrio de vivienda social construido en Valencia en 1962, un ejemplo urbano que se repite por toda España y Europa.
Hemos analizado cómo se han comportado térmicamente estos edificios desde su construcción y cómo lo harán en las próximas décadas bajo las proyecciones climáticas más adversas. Después hemos comparado las viviendas tal como están hoy con esas mismas viviendas rehabilitadas según lo que exige la normativa.
Los resultados son rotundos. El invierno mejora mucho, hasta el punto de que, sin necesidad de calefacción, las horas de frío incómodo caen por debajo del 9 % del total anual. El verano, en cambio, no solo no mejora, sino que empeora. En el mes más caluroso, la vivienda pasa de estar en condiciones confortables durante un 38 % de las horas a solo un 18 % tras la rehabilitación, es decir, aumenta el equivalente a casi cinco horas más de calor incómodo cada día.
La explicación es el efecto “termo”: el aislamiento frena la entrada del calor durante el día, pero también impide que la casa se enfríe por la noche y, si además se ventila por costumbre y no por criterio, el calor entra, se queda y no encuentra por dónde salir.
Una solución sencilla (y barata)
La buena noticia es que corregirlo sale barato. Ventilar en verano no consiste solo en abrir la ventana, sino en hacerlo cuando la temperatura exterior juega a favor: cerrar a partir de media mañana y volver a abrir cuando fuera empieza a hacer menos calor que dentro. Parece obvio, pero es lo que muchas veces no hacemos.
En invierno ocurre algo parecido: conviene ventilar poco rato y en las horas centrales del día, no necesariamente a primera hora de la mañana.
Es entendible que nadie quiera estar midiendo temperaturas a todas horas. Sin embargo, unos sensores domésticos baratos, conectados al móvil, bastarían para avisar del momento en que conviene abrir o cerrar.
El segundo elemento son los ventiladores, que consumen unas diez veces menos que un aire acondicionado y reducen la temperatura que percibimos, es decir, la sensación térmica. A la misma temperatura, el movimiento del aire nos permite estar cómodos hasta dos o tres grados por encima de lo que sería agradable sin movimiento de aire.
Con las dos medidas combinadas (sensores y ventiladores), el verano recupera horas confortables. En el mes más caluroso, aumenta hasta en un 45 % el tiempo en que la vivienda se encuentra en condiciones adecuadas. Y el año completo alcanza más del 90 % de horas en condiciones cómodas. Todo ello sin encender el aire acondicionado.
Doble tarea
España todavía está terminando de adaptar la directiva europea de eficiencia energética de los edificios y, al mismo tiempo, definiendo los nuevos planes de rehabilitación. Se está decidiendo ahora mismo qué se financia y con qué criterios, y quedan dos tareas por delante.
La primera es normativa: una regulación pensada para ahorrar energía no garantiza por sí sola que se viva mejor dentro de un hogar, así que es necesario que las normas se fijen también en el confort y que reconozcan lo que un edificio es capaz de conseguir con medidas pasivas.
La segunda tiene que ver con las personas. De poco sirve rehabilitar una vivienda si nadie explica después cómo aprovecharla: cuándo ventilar, cuándo cerrar, qué hacen realmente una persiana, un toldo o un ventilador.
Rehabilitar sigue siendo necesario y urgente. Solo hay que evitar que una casa reformada para pasar mejor el invierno acabe convertida en una trampa el verano siguiente.![]()
Javier de Sola Caraballo, Investigador de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad de Sevilla; Carlos Alberto Rivera Gómez, Catedrático de universidad en el Departamento de Construcciones Arquitectónicas 1, Universidad de Sevilla; Carmen Galán-Marín, Catedrática de Construcciones Arquitectónicas especializada en Construcción Sostenible, Universidad de Sevilla; Eduardo Diz Mellado, Investigador postdoctoral Juan de la Cierva, Universidad de Cádiz y Victoria Patricia López Cabeza, Doctora Arquitecta. Profesora ayudante doctor en Ingeniería del Diseño, Universidad de Sevilla
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
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