La opinión de Charles Malato sobre Louise Michel
- Publicado en Feminismo
- Escrito por Eduardo Montagut
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"Querido. Creo que voy a enloquecer de nuevo". Virginia Woolf tuvo etapas depresivas muy fuertes y sufrió lo que posteriormente se conocería como trastorno bipolar. Esta enfermedad mental le llevo un día, a llenarse los bolsillos con piedras y a lanzarse al río Ouse, muy cerca de su casa. Dejó una carta dirigida a su esposo Leonard, dónde decía adiós a este mundo. Woolf murió ahogada un 28 de marzo de 1941, con 59 años, su cuerpo no fue recuperado hasta casi un mes después y su maridó incineró sus restos y esparció sus cenizas en el jardín de la casa en la que vivían.
En un anterior artículo en El Obrero nos acercamos al conocimiento de la Conferencia de Mujeres Socialistas, celebrada en Viena en el verano de 1931. Completamos este estudio con el análisis de las resoluciones que allí se tomaron, y que abordaron las cuestiones del sufragio femenino y los derechos políticos de la mujer, la organización femenina socialista, la nacionalidad de la mujer casada, la maternidad, y el gravísimo problema del fascismo para todos y, en especial, para la mujer.
El Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes de Europa -si no la más-, expone 1.160 pinturas. Destacan las colecciones de Velázquez, El Greco, Goya, Tiziano, Rubens, El Bosco, Murillo, Ribera, Zurbarán, Tintoretto o Van Dyck. Diferentes estilos, diferentes épocas, diversas temáticas y técnicas. Pero dentro de esta enorme colección una constante se repite: Es una selección abrumadoramente masculina en la que sólo seis de las obras expuestas son de pintoras. Las elegidas son: Sofonisba Anguissola (1535-1625), la más representada con tres obras; Clara Peeters (1589-1621), con dos cuadros expuestos; y Aremisia Gentileschi (1593-1654), con su Nacimiento de San Juan Bautista (1635). Frente a ello, 240 de los cuadros son desnudos femeninos. Protagonistas, sí, pero como objetos que admirar.
“¡Modistillas! Despertad de vuestro sueño…”
La prensa socialista dedicó esfuerzos para fomentar la conciencia de clase de las trabajadoras, denunciando la explotación que sufrían, y haciendo llamamientos para que se afiliasen a las sociedades de resistencia. En esta línea no acercamos al caso del movimiento obrero socialista balear a través de un artículo que se publicó en El Obrero Balear en enero de 1919 sobre la explotación de las trabajadoras modistillas.
Louise Otto-Peters (Meissen, 1819- Leipzig 1895) fue periodista, novelista y figura capital del primer feminismo alemán.
Sirva este artículo, solo como unos apuntes sobre parte de su vida, sin más pretensiones.
Ya comentamos el profundo amor de D. Benito por su prima hermana Sisita, fue algo que le obligó a salir de Las Palmas por imperativo legal, es decir, porque se le puso en las narices a Dña. Perfecta, Dolores Galdós, su madre, la primera y más dura mujer que se cruzó en la vida de D. Benito.
Concepción Arenal, ha sido una de las mujeres de mayor influencia en la conciencia y puesta en valor de la circunstancia femenina y de sus derechos. Ella ha ejercido una huella ineludible en los escritores más liberales del XIX aunque, estos, nunca lo reconocieran. Con su vida y su ejemplo luchador e insurrecto de su pluma, cambió el pensamiento de algunos coetáneos e influyó decididamente por un cambio potente y responsable en diversos aspectos: “Si la ley civil mira a la mujer como un ser inferior al hombre, -escribe Arenal- moral e intelectualmente considerada, ¿por qué la ley criminal le impone iguales penas cuando delinque?1
La Sociedad Abolicionista Española fue la gran artífice de la erradicación de la esclavitud en todos los territorios de España durante el último tercio del siglo XIX. Algunos de sus miembros más destacados no solo desarrollaron un formidable activismo por la causa antiesclavista, sino que además desempeñaron importantes cargos políticos ejecutivos y legislativos.
Estando a las puertas de cumplirse el Centenario de la muerte de nuestra querida y destacada ateneísta Dª Emilia Pardo Bazán, no puedo dejar pasar esta ocasión para comentar algunos aspectos de su persona y de su prolífica vida literaria.
Bajo la Generación de la República (renombrada más tarde por Dámaso Alonso como “del 27” durante la dictadura de Franco) vienen inmediatamente a nuestra menoría nombres como: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Rafal Alberti, Manuel Altolaguirre o Pedro Salinas en el ámbito literario; Luis Buñuel en el cine, o Salvador Dalí y Manuel Ángeles Ortiz en las artes plásticas. Olvidándonos siempre de que también hubo un buen número de mujeres pintoras, escultoras, poetas, filósofas, juristas, feministas, actrices, escritoras, músicas que no pidieron permiso para ocupar el espacio público, lo tomaron por derecho.
Parece mentira que, una vez más, haya que acudir al carácter reivindicativo de tantos cerebros privilegiados que la historia cainita de este país ha reducido al olvido, un olvido producto de la historia superficial y manipulada que la grosera propaganda oficial ha escrito de ellos. Emilia Pardo Bazán, a unos meses del centenario de su fallecimiento, es un caso más. Se le ha discutido todo y no se le han perdonado las contradicciones, que como humana que fue, tenía el derecho a tener durante su existencia. Se han destacado hasta la saciedad sus iniciales veleidades carlistas sin querer entender que toda su vida fue un claro ejemplo de una mujer luchadora, liberal en tantos campos e inconformista con las ruedas de molino que las mojigatas costumbres de la época le querían imponer. Fue un espíritu libre que se atrevió a firmar con su nombre en una época en la que las más afamadas escritoras utilizaban seudónimos masculinos. Fernán Caballero, Georges Eliot o George Sand son ejemplos claros de como esas mujeres trataban de esconder, abro comillas, su triste condición femenina.
En toda biografía, inexorablemente, se comienza por los recuerdos de infancia, que ocultan tras de sí la llave de los armarios secretos de la vida anímica de una persona, columna vertebral de su subjetividad.
El 14 de diciembre de 1981 fallecía la profesora de literatura Laura de los Ríos Giner en Madrid, una mujer dedicada intensamente a la enseñanza en los Estados Unidos, además de ser hija de dos grandes personajes, Fernando de los Ríos y Gloria Giner de los Ríos, y esposa de otro personaje, Francisco García Lorca.
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