José Manuel Roca

Doctor en Ciencias de la Información y diplomado en Estudios Avanzados en Ciencias Políticas, ha sido profesor del departamento de Sociología VI de la Universidad Complutense.

Últimos libros publicados: Perdidos. España sin pulso y sin rumbo (Madrid, La linterna sorda, 2015); La oxidada Transición (La linterna sorda, 2013); La reacción conservadora. Los neocons y el capitalismo salvaje (La Linterna sorda, 2009) y con Ramón Cotarelo, La Antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España (Valencia, Tirant, 2015).

Las izquierdas y la autodeterminación (5). Las revoluciones exóticas

El proceso de emancipación de países del Tercer Mundo bajo administración colonial iniciado después de la IIª Guerra Mundial, la ampliación territorial del campo socialista, los movimientos guerrilleros anticoloniales y antiimperialistas en Asia, África y América Latina y el grupo de países no alineados surgido en 1955, en la conferencia de Bandung, indirectamente reforzaron en las izquierdas españolas la aplicación dogmática del derecho de autodeterminación nacional.

Las izquierdas y la autodeterminación (4). Wilson y Lenin

Poco tenía que ver la España de los años setenta, un país desarrollado, industrial y europeo, de 505.000 km2 y 35 millones de habitantes, que intentaba dejar atrás una dictadura, con el imperio zarista de los Romanov, una monarquía absolutista de origen divino, asentada sobre un territorio de casi 23 millones de kilómetros cuadrados, que por su diversidad climática, orográfica y productiva era por sí mismo un continente, poblado por 126 millones de personas que componían un abigarrado mosaico de razas, lenguas, religiones, tradiciones y culturas.

Las izquierdas y la autodeterminación (3). Paradojas

De tal dictamen se desprenden varias paradojas. La primera, en lo que parecía una estrategia mecánicamente opuesta a la del franquismo, que definía España como Una, Grande y Libre, era intentar fundar el nuevo régimen político sobre la previa ruptura del país existente (en vez de una grande, varias pequeñas); separar (quizá para siempre) lo que estaba en buena parte unido, y no sólo económicamente, para volverlo a juntar después con otros criterios, en teoría, más justos.

Las izquierdas y la autodeterminación (2). El dictamen sobre España

En los años finales de la dictadura, los dos grandes organismos nacionales de la oposición -Junta Democrática y Plataforma de Convergencia-, los regionales y casi todos (alguna excepción hubo) los partidos de la izquierda de influencia marxista y no nacionalistas, desde el PSOE, pasando por el PCE y la extensa familia de partidos a su izquierda, aceptaron los argumentos del nacionalismo periférico, estimado progresista ante el nacionalismo español que era retrógrado, defendieron el derecho de autodeterminación de las nacionalidades apoyándose en el principio enunciado por Lenin en varias ocasiones y divulgado sobre todo en sus “Tesis sobre la cuestión nacional”, y sostuvieron su vigencia para aplicarlo a España sesenta años después de cuando fue aplicado en Rusia.

Triunvirato catalán

Tal como está el asunto de enredado en Cataluña y para salir de una puñetera vez del atasco y elegir, por fin, un Govern que gobierne (no que sólo sea la junta directiva del aparato de propaganda del independentismo), propongo superar la propuesta de tener dos presidencias de la Generalitat, una figurativa en Bruselas y otra operativa en España, recurriendo a la antigua figura del triunvirato.

Turcos

Muchas personas han quedado sorprendidas por la fuerza que ha adquirido en poco tiempo el movimiento independentista catalán, en particular los jóvenes que se han sumado a él, pero hay que recordar que el impulso viene de atrás, y que la siembra de ideas y opiniones que hoy están al cabo de la calle, así como la colonización de entidades artísticas, deportivas, recreativas y culturales por los políticos nacionalistas, se puso en marcha hace mucho tiempo. Un ejemplo.

"No soc aquí"

Otra vez los acontecimientos políticos vienen a recordar un conocido comentario de Marx sobre la aparente repetición de hechos y personajes en la historia.

De susto

Dos años de vértigo han transcurrido en Cataluña, y en buena medida en el resto de España, desde las elecciones “plebiscitarias” de septiembre de 2015 hasta las elecciones de ayer, autonómicas “normales”, dicho con prevención, porque la situación de Cataluña dista de ser “normal”.

Constituciones. Reflexiones de un borrico

La noria nacional sigue girando, porque, cuando se vuelve a plantear la reforma de la Constitución, torna el Gobierno de Rajoy a poner pegas, entre ellas, que hace falta un consenso como el del proceso constituyente, que, si no recuerdo mal, sólo se consiguió al final. Y no del todo, pues cuando la Constitución se votó en el pleno del Congreso, el 31 de octubre de 1978, ocho de los dieciséis diputados del Partido Popular no dieron su aprobación, lo mismo que los diputados vascos.

La noria nacional. Reflexiones de un borrico

A veces tengo la penosa sensación de que, como país, políticamente caminamos pero no avanzamos; andamos pero no nos movemos, como si, por una fuerza ajena, cruel y poderosa, estuviéramos uncidos a una noria, dando vueltas y más vueltas pero sin movernos de sitio, padeciendo un destino similar al de un pobre borrico, que saca agua para otros y camina y camina sin dirigirse a parte alguna.

La molesta realidad económica

El nacionalismo no es lo que parece; no es lo que los nacionalistas catalanes se esfuerzan en hacernos creer. En origen, el nacionalismo no indica un conflicto entre territorios, sino que delata un problema dentro del territorio irredento, pues expresa un conflicto por el poder como el que puede existir en otros territorios, pero exacerbado hasta el fanatismo, conflicto que los partidos nacionalistas tratan de resolver al proyectarlo hacia el exterior y convertirlo en un problema con el resto del país y particularmente con el Estado.

A vueltas con el derecho de autodeterminación

Es desolador comprobar que, pese al paso de los años, viejas ideas, que parecían superadas, vuelven a jugar un papel importante en la escena política. Cuando parecía estar generalmente asumido que nos hallamos en una fase distinta e impredecible de un desarrollo económico que traspasa fronteras y en una coyuntura en que debemos hacer frente de forma ineludible a retos que se plantean a escala planetaria, aparece en España, un país desarrollado, integrado en una alianza continental europea y en otros acuerdos internacionales, la propuesta de fundar, por escisión del país, una nueva república independiente. Proyecto que va en contra de tales dinámicas y que utiliza figuras de ayer para hallar soluciones a problemas de hoy, pues se aducen un franquismo redivivo, que da forma a una opresión colonial sobre Cataluña, y el derecho a decidir, sucedáneo del derecho de autodeterminación de los pueblos, como remedio a tal opresión.

¿Cómo hemos llegado a esto?

Al examinar la grave situación política en Cataluña, mucha gente se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí. Y la respuesta es sencilla: hemos llegado hasta aquí porque, de modo consciente o inconsciente, hemos seguido el camino más adecuado para llegar hasta aquí.

Nacionalismo, utopía y pragmatismo

En todo lo que está sucediendo en Cataluña, que es muy grave, es difícil entender la actitud de las izquierdas, que parecen confundidas, obnubiladas, desbordadas. Unas, que no se han opuesto con suficiente contundencia al discurso nacionalista, dudan; otras parecen seducidas por el relato victimista del pueblo oprimido, sin ver más lejos; otras oscilan continuamente entre unas posiciones y otras y unas terceras están entregadas al proceso de fundar una república, aunque guarden reservas sobre el contenido final de ese proyecto.

Otra broma

Cataluña ha tenido buenos humoristas, no en vano ha sido cuna de geniales dibujantes y estupendos guionistas de historietas que han generado durante décadas un mundo divertido para entretenimiento de chicos y grandes, pero era difícil pensar que pudieran ser superados en ingenio por unos aficionados como los promotores del “procés”. ¡Qué derroche de imaginación hubo ayer en el Parlament! ¡Gracia a raudales! Ni un redivivo “Papus” les aventajaría en humor político.

El despertar

Los norteamericanos llaman despertares a corrientes de reconversión religiosa, que en el apogeo de sus públicas manifestaciones de fe pueden desembocar en estados de histeria colectiva. El primer gran despertar tuvo lugar en los años cincuenta del siglo XVIII, el segundo en los años previos a la Guerra de Secesión. Un nuevo despertar religioso se produjo como reacción a los rebeldes años sesenta y setenta, durante la “revolución conservadora” de Ronald Reagan.

“Colonos”

Qué equivocado estaba yo, lo admito, en el asunto de “los colonos” en Cataluña. Obnubilado por las caravanas de pioneros en las películas del Oeste, me había despistado tal denominación, que reemplaza a la antigua, más clasista pero igual de despectiva, de “xarnegos”, pero leyendo lo que dicen los nacionalistas estoy obligado a cambiar de opinión.

Carta abierta al diputado Pablo Iglesias

Señoría: Perplejo me hallo ante el grito “Viva Cataluña libre y soberana” lanzado al aire barcelonés en la última Diada, efecto, sin duda, del clima político imperante, de la emoción del evento y de la devota lectura de “Victus”, novelesca versión de la ficción nacionalista de los hechos de 1714.

El “procés” y sus fantasmas

Ahíto estoy del “procés”, nombre de reminiscencias kafkianas, que algún fontanero de la Generalitat ha escogido para designar la operación de separar, de modo unilateral, Cataluña de España. Aunque por el procedimiento con que se va a consumar la secesión -la “desconexión”- más bien parece obra de un electricista.

Malestar en Cataluña. El oasis catalán y el resto del mundo

Hay malestar en Cataluña. Eso está fuera de discusión, pero ¿a qué responde ese malestar? Los nacionalistas señalan la causa, la relación con España, sin vincularla con los cambios generados por la globalización, de los cuales lo que acontece en España y en Cataluña es la manifestación doméstica de una lógica mundial.

¡El obrero!

¿El obrero? ¿Un diario digital que se llama “El obrero”? Sí, el obrero, o sea el trabajador, treballador, trabalhador, traballador, obrer, worker, arbeiter, ouvrier, operaio, langilea, “currante” o “currelante”, como cantaba Carlos Cano en una célebre murga, en la que quería obsequiar a los caciques con un pico y una pala para ponerlos a “currelar”.

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