El hombre de la oreja herida
Tal podría ser el título de un filme de Hollywood, tan mimetizado con el poder en los Estados Unidos. La otrora fábrica de sueños se ha transformado en plataforma de pesadillas. Algunas de estas zozobras, preludiadas tiempo atrás por los guionistas más imaginativos, se están cumpliendo puntualmente en la escena estadounidense: es el caso del acceso a la Casa Blanca, muy presumiblemente replicado en las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre, de un personaje nacido en Queens, Nueva York, en 1946, en el seno de una familia rica vinculada al negocio inmobiliario. Frustrada su vocación de marino tras haber estudiado para ello en una academia privada, Donald Trump, adolescente inquieto, se abría paso en el mundo de los negocios provisto de una personalidad bipolar, donde la euforia, un entusiasmo desenfrenado, coexistía caprichosamente con la disforia, una irritabilidad súbita e imprevisible. Rasgos ambos acentuados hoy, a sus 78 años.
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