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La Revolución científica en la Europa moderna


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

La Revolución científica fue un proceso largo, y que afectó a tres cuestiones: la concepción e imagen del Universo, la concepción de la ciencia y el nacimiento del método científico. Fue, sin lugar a dudas, fundamental para cambiar no sólo la ciencia sino para los progresos que luego supuso la Ilustración.

Entre los siglos XVI y XVII, se produjo la ruptura con el modelo cosmológico aristotélico-ptolemaico medieval, basado en el geocentrismo, que consideraba la Tierra como centro del Universo y la condición de esfera del propio Universo además de su finitud, pensando, por lo demás, que el Universo era un cosmos con distintas regiones, una supralunar y otra sublunar, compuesta por cuatro elementos.

Con el Renacimiento el cuestionamiento de este modelo se basó en el avance tanto de la Astronomía como de la Mecánica.

En el ámbito astronómico las tres figuras claves para el cambio de paradigma serían Copérnico, Galileo y Kepler.

Copérnico escribió en 1543 su obra De Revolutionibus orbium coelestium, donde demostró su modelo heliocéntrico. Para Copérnico la Tierra no era el centro del Universo. Las esferas giraban alrededor de Sol. La percepción desde la Tierra sobre que el Sol era el que giraba era errónea, porque quien se movería sería nuestro planeta. La Tierra, en consecuencia, tendría tres movimientos: traslación, alrededor del Sol, pero también de rotación sobre su propio eje, y de declinación al cambiar de dirección su propio eje.

Estas ideas, en principio, no fueron perseguidas, seguramente porque no se difundieron mucho, pero cuando sí lo hicieron en el siglo XVII, la Iglesia comenzó su represión, ejemplificada en el proceso que padeció Galileo.

Antes que Kepler y Galileo, Giordano Bruno planteó unas ideas que, por el momento, no parecieron tener mucha repercusión, aunque con el tiempo sí, ya que expuso que el Universo era infinito, eterno y homogéneo.

Por su parte, Kepler aceptó el modelo planteado por Copérnico, y se centró en el movimiento de los planetas, negando que fueran uniformes, y exponiendo la existencia de las órbitas elípticas.

Galileo también aceptó los cambios de Copérnico, y se dedicó a demostrarlos, por lo que su aportación fue fundamental, a pesar de la persecución que padeció, para que se terminara de consolidar el cambio. En Siderus Nuncius (1610) expuso los descubrimientos que había realizado observando el cielo con un telescopio. Este hecho es capital en la Historia de la ciencia porque convirtió un juguete en un instrumento científico de enorme importancia.

En el siglo XVII nació el método científico, el método experimental, basado, como su nombre indica, en la experimentación y la importancia de las matemáticas en relación con la física.

Francis Bacon impulsó el empirismo con su Novum Organum (1620), defendiendo el método inductivo, es decir, el ir de lo particular a lo general, partiendo de la observación.

Por fin, Newton, al final de este período planteó el cambio definitivo en la ciencia. Fundamental fue su Ley de la Gravitación Universal.

Uno de los factores que impulsaron la Revolución Científica en el siglo XVII tiene que ver el interés que el poder desarrolló hacia la ciencia. Sin lugar a dudas, las Monarquías absolutas apoyaron a los científicos a través de varios medios, especialmente patrocinando instituciones e investigaciones. Se trata de un fenómeno histórico un tanto paradójico, ya que los sabios cuestionaron claramente muchas tradiciones científicas y los principios de autoridad y por otro lado, los reyes, garantes del orden establecido, apoyaron su trabajo, pero tenemos que tener en cuenta que esa ciencia no fue empleada por el momento para criticar al poder político, algo que sí terminaría ocurriendo posteriormente en la época ilustrada y, además, debemos entender que las Monarquías absolutas utilizaron el patronato regio sobre la ciencia como una forma de demostrar su inmenso poder, es decir, con un afán propagandístico, como estaban haciendo con las artes en plena explosión del Barroco. Algunas de las instituciones científicas que se crearon en este siglo perduran hoy en día y son de las más destacadas.

Por otro lado, el interés de los monarcas coincidió con el nacimiento de una evidente pasión por la ciencia entre la nobleza y la alta burguesía. Bovier de Fontenelle consiguió que la ciencia se divulgase gracias al éxito de su obra sobre la pluralidad de los mundos -Entretiens sur la pluralité des mondes,1686- donde hizo asequibles el cartesianismo y la astronomía. En los salones de París las discusiones sobre la ciencia empezaron a adquirir un evidente protagonismo. Se multiplican los gabinetes de historia natural, de física, etc..

En los Estados italianos existía ya una larga tradición de mecenazgo y de academias desde el siglo anterior. El gran duque de Toscana, Fernando II, fundó en 1657 la Academia del Cimento. Duró poco, un decenio, pero dejó una impronta indeleble en la historia de la ciencia. Carlos II en la época de la Restauración firmó en 1662 la carta para la fundación de la Royal Society en Londres. Estamos hablando de una de las instituciones científicas más importantes del mundo. En unos pocos años marcaría clara tendencia en la difusión de la ciencia gracias a la publicación del Philosophical Transactions. En 1675 se fundó el Observatorio de Greenwich. Por su parte, la Francia de Luis XIV vio como Colbert, tan imbuido de la necesidad de glorificar a su monarca, impulsaba en 1665 la aparición del Journal des Savants. Al año siguiente crearía la Academia de las Ciencias. Pero no se pararía en estas dos grandes iniciativas, ya que en 1667 ordenaba que se construyese el Observatorio de París. Por fin, consiguió que el rey pensionase a los sabios franceses y a los extranjeros que trabajaran en Francia. Por eso intentó atraerse a reputados científicos. En este sentido, Christian Huygens residiría unos quince años en París. Por su parte, el italiano Jean-Dominique Cassini se convirtió en el director del Observatorio. Otro monarca interesado en la ciencia fue Federico I de Prusia. En 1701 fundaría la Academia de Berlín gracias a la iniciativa de Leibniz.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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