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La visión republicana sobre los partidos dinásticos liberales hacia 1884


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Este artículo pretende comentar la interpretación que el republicanismo federal hizo de los partidos dinásticos, es decir, conservador y liberal (“monárquico-liberales”) en 1884, recién vuelto Cánovas al poder, en plena Restauración borbónica. Creemos que puede ser interesante para conocer mejor la visión que el republicanismo tenía de las fuerzas de signo liberal de esta etapa de la historia contemporánea española y, en realidad, sobre el propio sistema político al que combatían. Estaríamos hablando de los liberales-fusionistas (antiguos constitucionales) y la Izquierda Dinástica.

El republicanismo federal consideraba, a través de las páginas de La República, en febrero de 1884, que ninguno de los dos partidos había sabido mantener en la oposición su programa sin modificarlo, ni traducirlo en leyes desde el poder.

Según el periódico ambos partidos habían tomado por bandera la Constitución de 1869 que, como sabemos, supuso un cambio en sentido democrático en relación con la Monarquía. Pero la habrían abandonado antes de llegar al poder, y ambos la habrían combatido cuando llegaron al mismo; es decir, la “apostasía y las contradicciones” eran las leyes de los dos partidos monárquicos.

En la Restauración y reunidas las Cortes para hacer la Constitución de 1876 habría frente a Cánovas un partido formado por los hombres que bajo la Dictadura de Serrano no se habían enfrentado al pronunciamiento de Sagunto (recordemos que este hecho, protagonizado por Martínez Campos precipitó la vuelta de los Borbones). Ese partido habría tomado por bandera la Constitución de 1869, combatiendo la de 1876, pero ese mismo partido (en referencia al liberal de Sagasta) no habría tardado mucho tiempo en convencerse que esa radical oposición le alejaba del poder, y en 1878 decidió transigir con el nuevo texto constitucional. Como ese cambio no había llevado a los liberales de Sagasta al poder inmediatamente buscaron aliados en los “centralistas”, en realidad más cercanos ideológicamente a Cánovas. Realizada la fusión, relegando los ideales, consiguieron el poder en 1881. Debemos recordar, por nuestra parte que el Partido Liberal o Liberal-fusionista terminó agrupando a los constitucionalistas de Serrano, a los radicales de Ruiz Zorrilla, y a los posibilistas de Castelar, bajo el liderazgo de Sagasta. Durante un tiempo, los denominados “centralistas”, cuya denominación procedía de que se sentaban en la zona central del Congreso, y que eran liderados por Alonso Martínez, se separaron de esta fusión hasta que en 1880 regresaron, como aludía el periódico republicano.

Una vez llegado el Partido Liberal al poder, y siempre según el diario federal, se olvidaron las promesas realizadas, y de todas las “radicales reformas” propuestas solamente se aprobaron a última hora la ley de imprenta y la provincial.

En el momento de llegar al poder, habría surgido el Partido de la Izquierda Dinástica, prometiendo muchas reformas, y recogiendo la bandera de 1869. Al poco tiempo, so pretexto de los inconvenientes de los cambios constitucionales, defendió la reforma de la Constitución de 1876, pero prometió que haría leyes por el sufragio universal y otras reformas, según se expresaba en el periódico. En este sentido, debemos recordar, por nuestra parte, que este partido se creó, como queda apuntado, en el mismo año 1881, aunque no se consolidó hasta 1883. Su primer líder fue Segismundo Moret. La formación se declaró en el Congreso como defensora de la Constitución de 1869, pero aceptando la Monarquía de Alfonso XIII. Los seguidores de Martos se unieron, y se eligió a Serrano como nuevo jefe del partido, que anunció que se seguía acatando la Monarquía de Alfonso XIII, pero que también se buscaba una revisión constitucional. Entre los personajes más destacados de la formación estaban, además de los dos citados, Montero Ríos, Becerra y López Domínguez. La crisis del Gobierno de Sagasta hizo que Posada Herrera de la Izquierda Dinástica accediera al poder con el apoyo de los liberales-fusionistas de Sagasta para evitar la vuelta de los conservadores. No duró mucho, permitiendo el regreso de los conservadores al poder, en la época del texto republicano que estamos estudiando. La Izquierda Dinástica terminaría, posteriormente, entrando en el Partido Liberal de Sagasta.

Volviendo a la publicación republicana federal, se decía que, al igual que los liberales habían necesitado aliados, esta izquierda también, y los había buscado sacrificando sus ideas. Aceptó el poder, subiendo a la jefatura del gobierno Posada Herrera, que por su historia política era conservador, pero que había evolucionado. No debemos olvidar que, efectivamente, Posada Herrera procedía del moderantismo, y que en la Restauración se significó como uno de los pilares de la corrupción electoral (“el gran elector”).

El periódico hablaba de que la izquierda había pasado por el poder sin realizar ninguna de las promesas efectuadas. En este sentido, debemos explicar que estuvo unos pocos meses, como ya hemos indicado más arriba.

El artículo terminaba afirmando que la falta de firmeza en los programas era la causa de que el país mirara con desprecio la evolución de estos partidos, cuyos hombres se movían para satisfacer sus ambiciones. El periódico opinaba que el pueblo solamente prestaba sus simpatías por aquellas formaciones que sostenían con convicción las ideas. Es evidente que los republicanos criticaban a los liberales porque entre sus electores podían conseguir votos, algo impensable en el universo social de los conservadores.

Hemos consultado el número del 16 de febrero de La República. Diario Federal.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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