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Har Gobind Khorana (1922 – 2011)


(Tiempo de lectura: 7 - 14 minutos)

La confianza en la ciencia es un síntoma inequívoco de saludo democrática

La Ciencia es el alma de la prosperidad, de las naciones y la fuente de vida de todo progreso

Louis Pasteur

Los avances científicos y el respeto e independencia de las investigaciones son un escudo que nos defiende de las falsedades, opiniones sin fundamento, ignorancia y credibilidad infantiloide.

Hace apenas unos días, se cumplieron cien años del nacimiento de Har Gobind Khorana. Este investigador, biólogo molecular indo-estadounidense y premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1968, ha pasado en nuestro país, una vez más, inadvertido. Se constata así que todo lo concerniente a la Ciencia interesa poco o muy poco en el mundo de hoy que tiene otras prioridades mucho más frívolas.

Con espíritu crítico debemos preguntarnos ¿por qué? Vivimos una época donde ‘el sentimiento’ le está ganando la batalla a ‘la razón’, con todo lo que ello comporta. La Ciencia, en lugar de ser una inspiración colectiva para el progreso social es, en tiempos de pos-verdad, desprecio e ignorancia, cuestionada, menospreciada hasta el punto de que algunos no le conceden credibilidad y la sitúan en una obscura zona próxima a la marginalidad. Pensemos, tan sólo, en los negacionistas respecto a los efectos positivos de las vacunas o a quienes llevan años mostrándose muy cicateros con los presupuestos destinados a promover la investigación científica.

En estos años ‘líquidos’, donde se sobrevalora el sentimiento y se desprecia el aprender a pensar, hace tiempo que el ‘sapere aude’ horaciano, ¡atrévete a pensar por ti mismo! como sugería Kant en el célebre opúsculo “¿Qué es la Ilustración?” Está siendo ampliamente cuestionado y no sólo por los post-modernos. Es más, hay quienes pretenden encerrarlo bajo siete llaves en el baúl de los recuerdos destinado a las cosas inútiles y caducadas.

Los avances científicos y el respeto a los hallazgos de la Ciencia son un escudo que, aunque no seamos conscientes, nos defiende de las falsedades, opiniones sin fundamento e ignorancia.

Hay que decirlo con nitidez. Lo que está sucediendo en todos los órdenes en tiempos de fake news y pos-verdad, es nada menos que ’la derrota del pensamiento’ o dicho de otra forma, la barbarie se está apoderando de la Cultura y hasta de la Ciencia en diversos sectores antidemocráticos pero dotados de poder e influencia mediática.

El sentimentalismo que quieren imponernos es manifiestamente tóxico. No deberíamos olvidar que la convivencia social se basa, en buena medida, en la palabra, en el ‘logos’. El peligro viene de un auge cada vez más perceptible, de un egocentrismo infantiloide.

Por todas estas razones hoy quiero dedicarle mi colaboración en El Obrero, a un científico prestigioso Har Gobind Korana, que como todo investigador de talento que se precie, con sus descubrimientos favoreció nada menos que un mayor conocimiento de la interpretación del código genético y un avance de los estudios sobre el ADN. Por estos y otros hallazgos concomitantes, mereció el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el ya lejano y convulso 1968, hace más de cincuenta años.

Su vida tiene no pocos aspectos de interés. Nació en el extinto Raj británico, que comprendía Bangladesh, India y Pakistán. Es decir, vió la luz durante el Imperio Británico, en una zona particularmente deprimida, pobre y olvidada. Es uno de esos casos de un hombre que se hizo a sí mismo, superando una serie de barreras que parecían infranqueables.

Su padre fue ‘patwan’, lo que es tanto como decir, recaudador de impuestos y una de las pocas personas de la pequeña aldea que sabía leer y escribir. No obstante, quiso que su hijo estudiara y que dispusiera de las oportunidades que él no tuvo.

Diversos países de la Unión Europea se han dejado infectar por el virus de un desprecio al inmigrante, por la xenofobia y por un malentendido nacionalismo. Cuando no se tiene conciencia de lo que ha significado el pasado y como hemos llegado colectivamente hasta aquí, no puede extrañarnos que veinteañeros insolentes e ignorantes pregunten, por ejemplo, ¿qué hace tanto hindú o tanto pakistaní en el Reino Unido?

Su disciplina, su dedicación incansable al estudio y a la investigación y su notable inteligencia las fue demostrando allí por donde pasó. La universidad de Cambridge, donde se despertó en él un gran interés hacia las proteínas y ácidos nucleicos o posteriormente en el Massachusetts Institute of Tecnologic donde permaneció hasta 2007, es decir, hasta cuatro años antes de morir, casi a los noventa, siendo otro de los casos de investigador longevo.

Nada tiene que ver una vida dedicada a la superación constante, a la investigación y a mejorar las condiciones de vida de las generaciones futuras, con la ‘fiebre mediática’ que da lugar a tantas ‘burbujas’ que aspiran fundamentalmente, al éxito fácil, rápido y bien remunerado y a convertirse en celebridades en perjuicio de la concentración y dedicación a las tareas científicas.

El egocentrismo y un afán desmedido por destacar y aparecer en los medios es hoy, quizás, uno de los peores enemigos públicos de la investigación. Este proceder acarrea, con frecuencia, un extraviarse del camino quizás porque los grandes trust que agrupan laboratorios y corporaciones farmacéuticas lo han convertido en un negocio, con una cerrazón manifiesta y egoísta ante las necesidades del llamado Tercer Mundo, así como de aquellos grupos y colectivos más débiles y vulnerables. Hay quien se presta, de buen grado, a poner sus investigaciones y descubrimientos al servicio exclusivo de los poderes económicos, en lugar de ponerlos a disposición de ese Tercer Mundo que despierta… y que tanto ha de influir en un futuro próximo, presidido por un multilateralismo creciente. Únase a esto un cada vez más palpable y preocupante ‘vacio epistemológico’.

Soy de los que piensan que toda investigación científica, resuelta favorablemente tras haber recorrido una larga y tortuosa trayectoria gnoseológica, constituye un firme paso adelante para contribuir a mejorar la salud colectiva, si se ponen los medios adecuados. Por el contrario, el Capitalismo Neoliberal pone un dogal al cuello a la investigación científica, al igual que a todo lo que no signifique un beneficio inmediato.

Afortunadamente, hay todavía un buen número de hombres y mujeres dedicados, incondicionalmente a la Ciencia –que en buena medida son los héroes de nuestro tiempo- que trabajan incansablemente e investigan para mejorar el conocimiento del código genético, contribuyendo así a evitar sufrimientos y a lograr una mayor calidad de vida.

Regresemos a Khorana. Casi todos los grandes hombres son precursores. Este biólogo molecular indo-estadounidense, desde luego lo fue, constituyéndose en un referente para que otros, tras él, prosiguieran el camino iniciado.

Me parece reseñable que el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1968 fue otorgado a tres científicos, que desde distintos lugares y sin contacto estrecho entre sí, llegaron a parecidas y complementarias conclusiones. Me refiero a Marshall Warren Nirenberg y Robert V. Holley cuyos esfuerzos conjuntos condujeron a una mejora notable del conocimiento del código genético y del funcionamiento de la síntesis proteica.

Para conocer sus experiencias vitales y estímulos para proseguir su andadura así como aquellas cosas a las que daba importancia y aquellas otras que procuraba orillar, es interesante leer algunas páginas de su autobiografía. Me llaman la atención, por ejemplo, aquellas en que cuenta que los primeros cuatro años de su educación se produjeron bajo la sombra de un árbol.

¿Cuál era el valor y la función de ese árbol? Nada más y nada menos, que ser la única escuela del pequeño pueblo o aldea en que nació. Es igualmente reseñable que no hubiera podido proseguir sus estudios si no hubiera contado con la ayuda de becas. En 1945, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, gracias al apoyo del Gobierno de la India, logró continuar sus estudios en Liverpool y, posteriormente, realizar sus actividades post-doctorales en Zúrich, que en aquellos años prestaba mucha atención a la investigación. Me parece significativo que valoraba por encima de cualquier otro aspecto, el que se le diese ‘toda la libertad del mundo para investigar’.

Los hallazgos y descubrimientos científicos son una cadena. La consecución de unos logros es, ante todo la preparación para seguir profundizando en ese campo. De otra forma, sus descubrimientos en el terreno de la ‘síntesis de genes funcionales’, probablemente no hubiera tenido lugar.

No es extraño que se ‘naturalizara’ como ciudadano estadounidense dos años antes de que le concedieran el Premio Nobel. Se ha llegado a decir de él –y es un elogio de envergadura- que fue uno de los padres fundadores de la biología química. Es decir, descubrió el poder de la síntesis química para descifrar aspectos desconocidos, hasta ese momento, del código genético.

Debemos poner estos planteamientos en valor cuando, desde posiciones anti-racionalistas, que también abarcan a las opiniones sobre la función y el valor de la Ciencia, se afirma con soltura de cuerpo, que no hay verdades indubitables sino en todo caso, verdades en plural, para que el consumidor elija. He ahí, los peligros que comporta un relativismo exacerbado.

Las fake news vienen a ser entonces falsedades que se presentan como noticias presuntamente ciertas. Naturalmente, esta desinformación interesada, la mayoría de las veces se realiza por fines de lucro… o de poder.

Desde una perspectiva intelectual y, no digamos moral, es el actual un periodo de desolación infinita que ha provocado ya un cambio de mentalidad, colocando las más de las veces en el vértice del triángulo a los prejuicios, con la consecuencia añadida de que la vanidad superficial y egocéntrica parece tener más valor que la dignidad.

Regresemos a Khorana tras esta digresión. Los hombres de Ciencia, los investigadores, tienen el deber ético de anticipar, planificar y compartir, especialmente con los más vulnerables, sus hallazgos.

Con todo, lo más dañino es la desconfianza hacia la razón, la objetividad y la univocidad de la Ciencia. Frente a esa actitud irresponsable la respuesta es trabajo, trabajo y trabajo e integridad moral para llevar a buen puerto las investigaciones científicas, reconociendo abiertamente que todos los descubrimientos tienen un carácter provisional y, por tanto, no podemos darles un valor definitivo. Se van construyendo día a día y ganando consistencia.

Las investigaciones científicas no se libran de las esclavitudes del presente. Hay poderosos intereses que se lo impiden, desviando la trayectoria u hoja de ruta establecida hacia espacios económicamente muy rentables pero de escasa o nula moralidad. La mayoría de las veces, sin embargo, los equipos competentes que las llevan a cabo, hasta ahora al menos, saben proyectarlas hacia el futuro procurando pisar un terreno firme, donde pueda comprobarse empíricamente y contrastarse, cada nuevo descubrimiento.

No es baladí, no puede serlo, que muchas de esas investigaciones tienen mucho que ver con nuestra supervivencia y con unas condiciones de vida dignas. En ellas se percibe lo que podríamos denominar la electricidad de la inteligencia.

¿Para qué se investiga? Para aliviar el dolor… el sufrimiento. Hay una pugna dialéctica, también en este campo, entre realidad y apariencia, entre de dónde partimos y hacia dónde nos encaminamos con ambición, mas, con humildad y avanzando paso a paso…

Podría afirmarse que los investigadores interrogan a la realidad. Algunas veces de forma inteligente y creativa y con resultados magníficos. Para un científico que se precie no hay un premio mayor, ni una distinción comparable que ver confirmadas satisfactoriamente las hipótesis con las que se inició el proyecto. De esta forma se amplía el conocimiento sobre la naturaleza y se gana paulatinamente una importante batalla a las limitaciones humanas. Ya el viejo Aristóteles señalaba en el comienzo de su Metafísica: ‘tienes que saber mirar para entender’.

Volvamos una vez más a Khorana. Fue paradigmático tanto en formar a otros como en que los jóvenes tuvieran una sólida formación. Voy a reproducir unas palabras de su hija Julia Elizabeth que ponen bien a las claras que tipo de científico y de profesor era su padre: ‘Mientras realizaba estas investigaciones siempre estuvo a la vez muy interesado por la educación y en que los estudiantes pudieran prepararse sólidamente’. La vida de Har Gobind Khorana puede sintetizarse en una enorme paciencia, constancia y capacidad de superación… tuvo la inmensa fortuna de ver cumplirse algunos de sus sueños más relevantes.

Podría afirmarse que en alguna medida se hizo a sí mismo y que supo aprovechar las oportunidades que tuvo para abrirse camino en el intrincado laberinto de la investigación científica, como es evidente con éxito notable.

Dos fueron sus preocupaciones esenciales: hacer equipo y trabajar en equipo y transmitir, desde los departamentos de investigación, los conocimientos, las técnicas y los métodos para que otros continuasen la tarea.

Es tan importante de donde partió como hasta donde consiguió llegar, es decir, a la cumbre de la investigación científica, obteniendo múltiples premios y reconocimientos, especialmente el Nobel.

Siempre me han parecido hermosas y profundas unas palabras suyas, expuestas en su autobiografía, en las que reconoce la influencia que tuvo en toda su carrera, las lecciones que recibió de un maestro rural bajo los árboles de su Kaipur natal.

Vivimos en un mundo donde cada día se abisman más y más las diferencias entre quienes disponen de confort, conocimientos, acceso a la investigación y un nivel de vida digno y quienes viven en la pobreza, en la escasez, en el analfabetismo y en la más clamorosa e injusta falta de oportunidades.

No puedo dejar de preguntarme cuantos talentos de niños y niñas de ese Tercer Mundo condenado al hambre, la miseria, todo tipo de privaciones y una corta esperanza de vida, podrían prestar a la humanidad su potencial si dispusieran de una ayuda mínima… que el egoísmo y la avaricia les niega.

¿Cuáles fueron sus investigaciones más significativas y relevantes? No soy en absoluto un experto en estas lides, mas en la bibliografía consultada y en revistas especializadas, influyentes científicos explican que sus trabajos de mayor envergadura fueron aquellos en que demostró como la información genética fluye desde los ácidos nucleicos hasta las proteínas, que no son otra cosa, que las moléculas encargadas de realizar y regular las actividades de las células.

En otros casos se destaca como su logro de más envergadura la construcción del primer gen artificial, llegando a lograr que fuera funcional en una célula viva. Esto permitió, ni más ni menos, que la posibilidad de sintetizar fragmentos cortos de ADN. Este hecho, explica suficientemente el reconocimiento y el prestigio que le tributaron tanto la ingeniería genética como la industria bio-tecnológica.

No era un hombre vanidoso, se sentía no obstante, muy orgulloso de que algunos de sus alumnos llegasen a alcanzar en el campo científico un lugar destacado. Sintió una enorme alegría cuando un discípulo suyo, Michael Smith obtuvo el premio Nobel de Química, al proseguir sus investigaciones y descubrir un nuevo método de manipulación del ADN.

Hoy se considera a Khorana nada menos que un ‘genio y un clásico’ en el campo de la genética y la biología molecular. Los científicos y científicas más prestigiosos también suelen tener una visión humanista y una sed de conocer, de saber, de interpretar la realidad que ha posibilitado que retos científicos que parecían quiméricos lograran hacerse realidad.

Quisiera finalizar este somero ensayo destinado a glosar y homenajear la gigantesca figura científica de Har Gobind Khorana con unas palabras de Marie Curie que hace años me impresionaron por su valentía y entereza. El miedo nos paraliza y hay que aprender a superarlo. Por eso, precisamente por eso, quiero hoy compartir esta reflexión de la científica y premio Nobel polaca con todos ustedes, porque son una inyección de optimismo y una invitación… para continuar batallando.

Las palabras de la por dos veces premio Nobel, Maria Salomea Skłodowska, son las siguientes: “nada en este mundo debe ser temido… sólo entendido. Ahora es el momento de comprender más, para que podamos temer menos”.

Frente al simplismo, la ignorancia e irresponsabilidad de quienes niegan credibilidad a las investigaciones científicas, había que recordarles cuantas veces sea necesario, que de ellas dependen, en no poca medida la salud, el bienestar colectivo y hasta en buena medida el progreso y el futuro de la humanidad.

Profesor Emérito de Historia de la Filosofía, Colabora o ha colaborado en revistas de pensamiento y cultura como Paideía, Ámbito Dialéctico, Leviatán, Temas de Hoy o la Revista Digital Entreletras.

Ha intervenido en simposios y seminarios en diversas Universidades, Ha organizado y dirigido ciclos de conferencias en la Fundación Progreso y Cultura sobre Memoria Histórica, actualidad de Benito Pérez Galdós, Marx, hoy. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid y actualmente es Presidente de su Sección de Filosofía.

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