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Las monarquías ibéricas en la transición liberal


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Resulta sorprendente la debilidad de los estudios históricos sobre las relaciones entre España y Portugal durante la primera mitad del siglo XIX, frente a la cantidad de estudios sobre el salazarismo y el franquismo o las transiciones a la democracia durante el siglo XX.

Emparentadas en sus familias reales, pues Fernando VII se casó con una princesa portuguesa tras la guerra contra el francés, y su hermana Carlota de Borbón estaba casada con el rey portugués, la relación se prolongó incluso con la boda de la absolutista princesa de Beira, hija de la anterior, con dos infantes españoles, el último, hermano de Fernando VII y pretendiente carlista.

La guerra entre ambas naciones estuvo limitada al tiempo napoleónico y la independencia de Iberoamérica, en la llamada guerra de las naranjas en 1801 (que trajo como resultado la incorporación al reino español de Olivenza), la invasión francesa de 1807, asistida por tropas españolas tras el infame Tratado de Fontainebleau que pretendía el reparto del país, y la toma portuguesa de Uruguay en 1816, anexionada en 1821. Además, la corona portuguesa, refugiada en Brasil, reconoció tempranamente la independencia del Río de la Plata (Argentina), aunque entraría en guerra con ella tras la insurgencia de algunos uruguayos en 1825 hasta la independencia de 1828.

La influencia mutua, en cambio, fue notable, corriendo paralela la historia de las dos naciones durante la primera mitad de siglo. En 1820 el restablecimiento de la constitución española fue seguida de una revolución en Portugal que adoptó un texto similar, y la proclamación del imperio constitucional de México en 1822 fue seguida en pocos meses por la creación del imperio constitucional del Brasil. La contrarrevolución absolutista y la intervención de la Santa Alianza supuso la derrota de la importante revolución europea y americana de 1820 en Nápoles, España y el Piamonte mientras que triunfaba en Iberoamérica, con la emancipación y creación de nuevos imperios y repúblicas. El caso portugués fue más ambiguo pues el rey portugués regresó del Brasil y asumió la constitución, si bien su hijo y la española reina Carlota, que había pretendido ser regente de España e incluso hacerse con el poder en Argentina durante el confinamiento francés de Fernando VII, promovieron varias tentativas absolutistas hasta la muerte del rey Juan en 1826.

La reacción española ante la ocupación portuguesa de la Banda Oriental (Uruguay) en 1816 fue promover una expedición de reconquista finalmente abortada por el pronunciamiento de Riego en 1820, que dio paso al Trienio Liberal. En realidad, también rondaba entre varios políticos y diplomáticos el viejo deseo de “redondearse” con Portugal a cambio de dejar a la monarquía portuguesa, residente en Brasil, el dominio del Río de la Plata. Esto lo pensaban influyentes diplomáticos como Onís o Pizarro hasta que la intervención europea absolutista en 1821-1823 les llevó a defender patrióticamente la alianza entre las dos monarquías ibéricas liberales.

La crisis portuguesa de 1826 trajo consigo una guerra civil pues, si bien el emperador de Brasil proclamó una carta otorgada en Portugal y nombró una regencia y heredera a su hija menor, María da Gloria, en 1828 los absolutistas consiguieron proclamar al absolutista sobrino de Fernando VII. Aunque el monarca español apoyó a los miguelistas, también acarició la idea de una “compensación” portuguesa frente a la pérdida de América.

A finales de 1823 llegó a la primera secretaría de Estado, que equivalía al actual Ministerio de Asuntos Exteriores y la presidencia del gobierno, Narciso Heredia, conocido posteriormente como conde consorte de Ofalia o simplemente Ofalia. Era un realista moderado que, aunque intentó que se celebrara una conferencia de las potencias europeas respecto a la pacificación de América, reformas administrativas y una amnistía para los liberales, tuvo que abandonar el poder a mitad de 1824. Sin duda existía el deseo de restablecer los derechos de Fernando VII sobre Uruguay, anexionados por Portugal en 1821 pese a las promesas de devolución cuando se restableciera la soberanía española frente a los insurgentes argentinos. Pues bien, Ofalia recibió el encargo en 1826 de plantear al primer ministro Canning, que ya había reconocido a México y Argentina tras la intervención en España de los cien mil hijos de San Luis, una compensación que permitiera el protectorado o incluso anexión española de Portugal. Era el regreso del viejo deseo de “redondearse” con el vecino de la época del despotismo ilustrado y de la monarquía absoluta borbónica. De hecho, el primer secretario de Estado en 1819 y 1826-1832, Salmón, estaba relacionado con los Onís y los Heredia, pues había sido subordinado del primero en Dresde y casado con una de sus hermanas, mientras que las dos hijas de Onís se habían casado con dos hermanos de Ofalia.

El moderado Ofalia desechó plantear el proyecto de redondeo español a costa de Portugal, pues entendía que la misión estaba destinada al fracaso, dado que Portugal era un “protectorado de hecho” británico, si bien apoyó los deseos de reconquista de México y posteriormente, tras la caída de la monarquía borbónica en Francia en 1830 que llevó a que Luis Felipe reconociera a la república mexicana, protestó enérgicamente contra ese atropello de los derechos de su amo Fernando VII, si bien terminó apoyando el establecimiento de relaciones con la nueva dinastía francesa.

En cualquier caso, lo revelador es que antes de que surgiera el apoyo mutuo entre las monarquías liberales ibéricas desde 1834 e incluso un iberismo monárquico o republicano federal, hasta el final de los años veinte del siglo XIX todavía rondaba el deseo de absorber al vecino portugués entre las mentes de una parte de las elites españolas. En cambio, lo que no pudo ser en 1822-1823, es decir, una alianza de las monarquías constitucionales fue lograda en 1834 con la cuádruple alianza con Inglaterra y Francia, que permitió el triunfo frente a los absolutistas en las guerras civiles. En 1834, el defensor del Callao peruano, Rodil, invadía Portugal para expulsar a los pretendientes absolutistas español y portugués. Ofalia había regresado al gobierno en 1832-1833, facilitando luego la transición desde el consejo real, y 1837-1838, sin lograr entonces una intervención decisiva francesa en la guerra civil. Por su lado, una reducida legión auxiliar portuguesa operó en Castilla y el País Vasco en apoyo a la regente María Cristina frente a los carlistas y, finalmente, otra expedición española en 1847 intervino en Portugal contra la rebelión de María da Fonte.

A pesar del expansionismo absolutista español, que todavía tuvo un cierto epílogo con Alfonso XIII tras la proclamación de la república portuguesa, lo cierto es que la revolución liberal y la emancipación iberoamericana corrieron paralelas en Portugal y España durante la primera mitad del siglo XIX.

Abdón Mateos López (Madrid, 1960) es un historiador español. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, dirige el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española y la revista semestral Historia del Presente. Fundador y presidente de la Asociación de Historiadores del Presente desde el año 2000.

Desde el año 2007 es responsable en la UNED de la Cátedra del exilio. En el año 2008 obtuvo la acreditación nacional de Catedrático de Historia Contemporánea. En el año 2009 obtuvo un segundo año sabático en Roma en la Universidad LUISS, financiado con la convocatoria nacional de Movilidad, y la Universidad de Las Palmas.

Actualmente dirige el proyecto de la Cátedra del Exilio (2011-16, patrocinado por el Banco de Santander) Emigrantes y exiliados en América después de la guerra civil. La construcción de una ciudadanía democrática, así como el proyecto de investigación del Ministerio (2012-16) "Historia del PSOE. Construcción del partido y reformismo democrático, 1976-1990".

Fue secretario general de ASU en Madrid.

Ha publicado recientemente Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Sílex, 2017).