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El asociacionismo político en el tardofranquismo


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

En el tardofranquismo apareció la cuestión de las asociaciones políticas, una aspiración de los sectores aperturistas del régimen, pero que, en realidad, no terminó de cuajar, como ningún intento serio de aperturismo en vida del dictador Franco. Como es bien sabido, en España no había partidos políticos. El franquismo siempre sintió un profundo e intenso odio hacia los partidos de cualquier tendencia política. En este sentido, el partido único FET y de las JONS nunca llegó a calificarse como tal, sino como Movimiento Nacional. En esta aversión deberíamos encontrar la principal causa del fracaso del proyecto de asociaciones políticas, porque podían ser contempladas como partidos, es decir, a aquellas organizaciones que, supuestamente, habían llevado a España al caos en la Segunda República, siempre según la interpretación franquista más ortodoxa.

Cuando Carlos Arias Navarro llegó a la Presidencia del gobierno se preparó un proyecto de asociaciones políticas que, insistimos, quedó en nada. El franquismo solamente aceptó las asociaciones dentro del Movimiento Nacional.

De todas las maneras, no cabe duda de que en el seno del franquismo se generaron muchas discusiones sobre este particular pero que, como bien hemos indicado, siempre terminaban chocando con un principio inamovible, que no se podía discutir, es decir la aprobación de partidos políticos.

En el seno del más puro falangismo apareció el proyecto de Girón de Velasco en el año 1972, que pretendía dar una salida a la diversidad dentro del régimen. Planteó que podría haber como tres tendencias internas, pero que no podían cuestionar los pilares del franquismo, lo que denominaba lo “sustantivo”, aunque podrían discrepar en lo “adjetivo”, en un lenguaje muy propio del franquismo más puro.

Una tendencia miraría hacia delante, otra hacia atrás y, por fin, una tercera con la misión de moderar a las otras dos. Este proyecto fue cortado de raíz por Franco, como el de las asociaciones. El dictador no quería saber nada de tendencias ni asociaciones, porque siempre sospechó que eso suponía abrir la espita hacia los partidos, uno de sus demonios particulares. No se había construido un régimen como el franquista para arruinarlo con el “cáncer” de la diversidad ideológica y política.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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