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De Medicine Lodge a Wounded Knee: el exterminio de las tribus de las Grandes Llanuras


Asamblea en Medicine Lodge Creek. Este dibujo de J. Howland, originalmente impreso en el Harper's Weekly, muestra la reunión entre representantes del Gobierno de Estados Unidos y cinco tribus indias en Medicine Creek Lodge, Kansas, en 1867. Biblioteca del Congreso. Dominio Público. Asamblea en Medicine Lodge Creek. Este dibujo de J. Howland, originalmente impreso en el Harper's Weekly, muestra la reunión entre representantes del Gobierno de Estados Unidos y cinco tribus indias en Medicine Creek Lodge, Kansas, en 1867. Biblioteca del Congreso. Dominio Público.

Corren malos tiempos para el hispanismo. Caen estatuas, se queman libros de historia, se apedrean edificios, se resignifica el descubrimiento de Colón y se cuestiona la historia colonizadora de los españoles en América. Mientras tanto, el exterminio genocida practicado por los anglosajones sobre las tribus indias pasa desapercibido.

La carretera está desierta. Conduzco solo, sin cruzarme con nadie, sin nadie que me adelante. La Historia se ha vaciado de repente y ya no hay nadie en ninguna parte salvo yo. No sé dónde están los otros conductores, estarán por ahí, aparcados en alguna parte, o metidos en algún drive-thru, pero no voy a buscarlos, me da pereza, la pereza del viajero que solo se afana en sentir el ronroneo del asfalto bajo las ruedas.

Paso por pueblos vacíos –Carey, Peru, Winfield, Milan, Argonia- que parecen ghosttowns, pero no lo son; en realidad, supongo después de leer a James W. Loewen, son sundown towns, en los que los afroamericanos no pueden aparecer tras la puesta de sol. No hay nadie en ningún sitio. Una soledad perfecta. En Estados Unidos, ese santuario del capitalismo a escala continental, imagino que la gente está en sus casas. Disfrutan del silencio de los corderos, preparan el próximo yard sale o gozan de su propiedad y de su cetro, el mando de la televisión. Aquí se ha aniquilado el concepto de ciudad. El protagonismo del urbanismo americano no es el hombre, es el coche, que ha sustituido al caballo con el que se conquistó el Oeste partiendo desde muy cerca de aquí, desde Kansas City o desde St. Louis.

A 55 millas por hora, entre Coffeyville, el pueblo donde acribillaron a los hermanos Dalton, y Medicine Lodge, Kansas, hay tres horas conduciendo por rectas infinitas entre campos de cacahuetes, soja y maíz. Mi destino, Medicine Lodge, es una ciudad sin alma de ciudad fundada hace algo más de siglo y medio en medio de un mar de hierba en el que pastaban los bisontes, y sumida ahora en un océano de regadío forrajero. Con su corriente lenta y perezosa que lo llevará hasta el Mississippí, un arroyo serpentea por la vega de una ciudad a la que o se llega buscando algo como yo, o se pasa de largo como hacen los pocos automóviles que pasan por una carretera a la que llaman Main Street. En el cruce con la calle Primera, una escultura que parece un epítome kitsch, con un soldado de caballería estrechando la mano de un indio fornido, recuerda lo que me ha traído aquí, aunque –pienso- en realidad recuerda lo único que ha pasado aquí en siglo y medio de historia: El Tratado de Paz que lleva el nombre de la ciudad.

 

Pintura kiowa de la batalla de Buffalo Wallow (1874). Dominio público.

Saliendo por Curry Line, una interminable recta se dirige hacia el pequeño arroyo del que la ciudad toma su nombre (o viceversa, quién sabe), con su bosque de álamos, olmos y pacanas, el lugar donde se firmó un tratado que recuerda la inevitable placa histórica: «Aquí, cerca de la confluencia de los arroyos Medicine Lodge y Elm, se reunieron en octubre de 1867 los miembros de la Comisión de Paz creada por el Congreso con cerca de 5.000 indios Kiowas, Comanches, Apaches de las Llanuras, Arapahoes y Cheyennes Meridionales. Según los términos del Tratado de Medicine Lodge, el primero en incluir disposiciones encaminadas a civilizar a los indios, los indios de las llanuras renunciaron a sus costumbres nómadas y renunciaron a las reclamaciones de sus tierras ancestrales a cambio de ayuda federal económica y educativa». ¡Ya!

Mientras que las compañías de Infantería y Artillería y los escuadrones de Caballería lucían sus mejores galas y exhibían sus relucientes obuses de campaña recién bruñidos para la ocasión, cuidadosamente alineados para la revista del general William Tecumseh Sherman, los indios comenzaron su propio espectáculo, una exhibición ecuestre que dejó pasmados a los asistentes. Entre los nueve corresponsales de los periódicos que acudieron a la conferencia se encontraba un reportero de diecinueve años, Alfred Alexander Taylor, que en 1921 llegó a ser gobernador de Tennessee.

Cuando desde las colinas próximas los guerreros indios se acercaban al campamento, iniciaron un movimiento que dejó sobrecogido a Taylor: «Entonces pudimos ver a miles de guerreros montados que se congregaban y formaban en cuña, con el vértice apuntado hacia nosotros. Sin abandonar esa formación, ataviados con toda su parafernalia bélica, decorados los caballos con pintura de guerra a rayas, engalanados los jinetes con tocados de guerra y los rostros pintados de rojo, se lanzaron al galope contra nuestras filas [...] Al llegar a una distancia de un kilómetro y medio de nuestra formación, la cuña, sin pausa ni error, se transformó de repente en un enorme anillo o rueda sin radios ni eje, cuyo perímetro consistía en cinco líneas concéntricas formadas por aquellos jinetes salvajes y sin instrucción, pero inigualables. Este anillo, que giraba incesante con la regularidad y precisión de una máquina recién engrasada, se nos venía encima con cada rotación a una velocidad vertiginosa. De repente, al llegar a unos cien metros de nosotros, la gigantesca rueda dejó de girar en seco y se quedó totalmente inmóvil».

Representantes del Gobierno en Medicine Lodge junto a una mujer india. El tercero por la izquierda el el general William Tecumseh Sherman. Dominio Público.

Terminada la exhibición de poderío, jefes que no representaban a nadie recibieron regalos y fumaron la pipa de la paz. Los representantes gubernamentales regresaron a Washington y los jóvenes cabecillas indios volvieron a hacer lo que mejor sabían: guerrear contra los rostros pálidos. El Tratado de Medicine Lodge se firmó en 1867, pero, como pudo comprobar el teniente coronel Custer un cálido mes de junio de 1876, en Little Big Horn, Montana, cuando los guerreros de Toro Sentado, Caballo Loco y Nube Roja derrotaron al Séptimo de Caballería, la paz tardaría en llegar.

La guerra en las Grandes Llanuras no terminó hasta que Gerónimo, el último de los apaches libres, los chiricahuas, fue derrotado por el general Nelson Miles en el Cañón del Esqueleto, Arizona, en 1886. Una década antes, Quanah Parker, último jefe de los comanches libres, los quahadis, se había rendido después de que las tropas de caballería del coronel Ranald McKenzie casi aniquilaran su partida en el Cañón de Palo Duro, Texas. En 1890, un grupo de pacíficos sioux lakotas al mando del jefe Big Foot fue aniquilado en Wounded Knee, Dakota del Sur, durante la que fue la última gran matanza de amerindios provocada por los blancos.

Ese, y no otro, fue el punto final de las guerras indias en territorio estadounidense. En México, los apaches broncos continuaron su lucha hasta 1930, pero esa es otra historia.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.

 

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