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EL PERIÓDICO
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Impactos europeos de los ejércitos de la Revolución Francesa


A comienzos del siglo XIX la Revolución francesa de 1789 había transformado los ejércitos europeos poderosamente. De fuerzas armadas formadas con unidades mercenarias extranjeras todavía importantes en el siglo XVIII sufrieron un proceso de impacto que les transformó en ejércitos de carácter nacional.

La Francia revolucionaria transformó, sobre todo a partir de 1792, la organización militar, su función y objetivos. Del ejército del rey se pasó al ejército de la Nación, por ejemplo. Su principal función sería la defensa de la patria revolucionaria contra enemigos internos y externos. Por eso, los soldados fueron utilizados por París contra las sublevaciones contrarrevolucionarias del campesinado en las revueltas de la Vendée, la Chouannerie, Toulouse y Bretaña, al ser declarados enemigos internos del Estado revolucionario entre 1793 y 1799.

París aprobó una ley de conscripción, disposición que garantizaba la existencia de unidades de infantería, artillería y caballería con un número suficiente de hombres para reponer sus propias filas. Además, se abolieron las pruebas de sangre, los privilegios de la nobleza, favoreciendo una apertura mayor al meritaje para los ascensos en las escalas internas y se procuró una mayor profesionalización.

Napoleón Bonaparte, que rigió los destinos de Francia entre 1799 y 1814, consolidó muchas de las ideas y cambios anteriormente citados. Suya es la frase “todo soldado tiene en su mochila el bastón de mariscal”, es decir, el mérito hacía que se pudiera llegar a escalar las más altas jerarquías militares en una época, además, donde la Revolución desencadenó veinte años de conflictos bélicos. El césar corso, además, insistió en la idea de la importancia decisiva de conseguir una gran batalla, puesto que el fin de la campaña venía determinado por una de ellas y de ahí su fe en Austerlizt, Jena y Borodinó, entre otras. Por otra parte, concedió importancia a la subdivisión de fuerzas para obtener mayor movilidad; argumentó que la distancia de marcha no debía ser excesiva para permitir reunión de fuerzas rápidamente y subrayó la importancia de la espera en la búsqueda del instante decisivo en el que enemigo empleaba todos sus recursos.

En Europa estas ideas se fueron adoptando o respondiendo, pues la experiencia bélica fue determinante para que, al final, los ejércitos de los enemigos de Napoleón supieran las bases de su táctica y la aplicaran, así como su organización militar. Por ejemplo, el reino de Prusia, cuya fama como potencia castrense era conocida gracias a la fama de sus reyes Federico Guillermo I y Federico II, conoció diversas derrotas ante los ejércitos revolucionarios. Por ello, Berlín decidió imponer el servicio militar obligatorio, acabando con las unidades mercenarias extranjeras; abolió los humillantes castigos corporales a soldados; potenció una "conciencia popular" que divulgó la idea de "guerra de liberación" contra el francés y, por ello, guerra nacional, guerra justa y guerra donde ningún buen patriota podía negarse a participar pues defendía, en esencia, su libertad e independencia.

Fue la época de Carl Von Clausewitz (1780-1831), el gran teórico alemán, nacido en Magdenburgo, su figura se asoció al modelo de militar tardoilustrado e intelectual. Apasionado por la teoría de la guerra, experimento la misma durante la época napoleónica. Escribió un libro, “De la Guerra”, que fue publicado a su muerte. En el mismo refutó a los teóricos del siglo XVIII, que privilegiaron las maniobras en la batalla. Él observó la batalla como el único momento álgido en el que se podía alcanzar la victoria definitiva para derrotar al adversario. Por otra parte, argumentó que la guerra era un fenómeno social importante y dramático, que afectaba a los soldados y a todos los aparatos del Estado.

Famosa es su idea de que la guerra es la continuación de la política por otros medios; la política mueve la guerra y la guerra se mueve por fines políticos. Pero Clausewitz siempre recordó que la guerra puede ser detenida por los políticos, por lo que antes que utilizar las armas había que utilizar sabiamente la política y la diplomacia. Malas interpretaciones posteriores, de pangermanistas y nazis, deformaron el contenido de su obra.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.