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España, potencia cultural en el reinado de Juan Carlos I


A partir de 1975, se pudo comprobar cómo la evolución de una sociedad hacia formas democráticas de convivencia exigía no sólo un cambio en la práctica política, sino también una verdadera revolución cultural que repercutiese positivamente en la inmensa mayoría de españoles. De esta manera, fue suprimida la censura y se proclamó la libertad en el campo cultural y educativo. Gracias a los medios de comunicación de masas y al progreso educativo, la inquietud intelectual ganó terreno. El Estado intensificó su acción al servicio de la difusión social de la cultura y así, como muestra de esta preocupación, la UCD creó el Ministerio de Cultura en 1977, con el fin de procurar financiación estatal a empresas culturales a las que no llegaba la iniciativa privada. Los gobiernos posteriores, de diferentes partidos, profundizaron en esta idea si bien, cuando se encontraban en la oposición, los mismos aumentaban sus suspicacias por la amenaza de dirigismo gubernamental, pero el Ministerio de Cultura consiguió enseguida renovar el clima cultural de la nación, entre otras acciones, mediante un conjunto de exposiciones de gran éxito popular.

Como signo de reconciliación, se promovió la recuperación de la cultura del exilio y los intelectuales exiliados, desde la Guerra Civil, fueron llegando de nuevo a España, participando en reconocimientos públicos (Salvador de Madariaga, Claudio Sánchez Albornoz, Rafael Alberti), con la idea de superar el gran drama del siglo XX español. En 1981, el Gobierno de la UCD se apuntó el gran triunfo simbólico de recuperar el mítico cuadro de Picasso, “Guernica”, en cumplimiento con la voluntad de pintor, que había ordenado que su obra fuera devuelta a España cuando se restaurase la democracia. Y como una muestra de apoyo internacional y cultural a la nueva democracia española, el poeta Vicente Aleixandre –miembro de la llamada generación de 1927- recibió el Premio Nobel de Literatura en 1977.

Cabe también destacar que se crearon los Premios Príncipe de Asturias que, con el tiempo, han alcanzado un gran prestigio internacional, sobre todo por la mayor independencia política de su jurado, comparado con los Nobel. Igualmente, el Premio Cervantes -antiguo Premio Nacional de Literatura-, se fue convirtiendo en una referencia cultural de todo el mundo hispano, al recibir el galardón no sólo escritores españoles sino hispanoamericanos también.

Una nueva idea de España, fundamentada en el reconocimiento de su pluralidad regional, también repercutió en la política cultural de los años de la transición. Numerosas iniciativas se orientaron al resurgimiento de las culturas locales y de las regiones y nacionalidades, multiplicándose las ediciones de libros en catalán, gallego y euskera. Paralelamente, el Ministerio y las autoridades locales comenzaron a fomentar la construcción de auditorios, teatros, centros culturales y museos en provincias, para evitar la tradicional concentración cultural en Madrid y Barcelona.

Dentro del escenario cultural, la prensa tuvo un papel importante. El contraste de ideas –característico de las sociedades democráticas –tuvo su reflejo, a partir de 1975, en los medios de comunicación, cuyo horizonte informativo y cultural se amplió de forma notable. Fue una época de gran protagonismo político e influencia social de la prensa, que, en plena euforia democrática, aumentó sus tiradas y se diversificó en nuevos proyectos. Y ningún proyecto periodístico fue tan exitoso como el diario “El País”, nacido en Madrid en mayo de 1976. Su factura moderna revolucionó el mundo de la prensa, en tanto que sus editoriales, las más de las veces críticas con la UCD y cercanas al PSOE, lograron hacer del periódico el favorito de los votantes de izquierda. Asimismo, se multiplicaron la prensa regionalista y nacionalista, mientras que “ABC” se convertía en el principal diario del centroderecha junto al católico “Ya”. Testigos también de los años de la Transición fueron “Diario 16”, “El Mundo Obrero” y la prensa de carácter ultraderechista –“El Alcázar”- durante los años de la transición. Pero, a partir de 1982, este tipo de prensa entró en una profunda crisis económica que les llevaría a su práctica desaparición, consolidándose otros títulos como “El Mundo” en la década de los 90.

Pese al innegable empuje cultural de época de la UCD, muchos intelectuales se sintieron desencantados al comenzar la nueva década de los ochenta, debido al escaso calado social de sus esfuerzos. De esta manera, y con esta realidad social, la modernización de la infraestructura cultural del Estado fue uno de los objetivos que se planteó el PSOE al llegar al poder en 1982. En este sentido, el equipo de Felipe González se inspiró en el vasto programa cultural-mediático que se puso en marcha en Francia tras la victoria electoral socialista del año anterior. De esta manera, se abordó un ambicioso programa de construcción de museos, bibliotecas, auditorios y centros culturales de todo tipo, dotando a las Comunidades Autónomas de poder y dinero para realizarlo. Un hecho importante fue la inauguración, en 1986, del Centro de Arte Reina Sofía, verdadera versión española del Centro Pompidou francés. Asimismo, se promovió la diversificación cultural pero las Comunidades Autónomas controladas por nacionalistas vascos y catalanes favorecieron una política cultural favorable a sus intereses políticos, menguando la libertad y la igualdad creativa.

El Ministerio de Cultura apoyó al cine español de tal manera que pronto llegaron los primeros Oscars, aunque también fue denunciada la escasa rentabilidad económica de numerosas películas subvencionas por el Estado. En España, hacia 1996, 11 millones de espectadores pagaron por ver una película española frente a los 84 millones que consiguieron las extranjeras. En 1989, la concesión del Premio Nobel de Literatura al escritor Camilo José Cela supuso un mayor reconocimiento internacional de la literatura española, pero también la existencia de intelectuales, no tan premiados en España, distantes de los medios de subvención y reconocimiento estatales. A comienzos de los años 90, el Gobierno aceptó la llegada de nuevas televisiones privadas y emisoras de radio, aumentando la capacidad crítica y la diversidad propia de sociedades democráticas.

En 1992 se creó la red de Institutos Cervantes, que ofrecen enseñanza de la segunda lengua de comunicación internacional, destinada a ser hablada hacia el año 2025 por un conjunto de 600 millones de personas. Apareció una nueva literatura, formada no sólo por escritores (Javier Marías, Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater y Arturo Pérez Reverte) sino también por numerosas mujeres (Rosa Montero, Almudena Grandes, Soledad Puértolas, Montserrat Roig).

A partir de 1996, la gestión cultural de los Gobiernos populares fue una continuación de las políticas establecidas anteriormente. En todo caso, de la misma manera que el PSOE protegió a sus intelectuales, el PP promovió a aquellos más independientes o afines a sus proyectos. Aunque a la hora de subvencionar, el Ministerio de Educación y Cultura promovió a los autores y obras con posibilidades de generar beneficios económicos o científicos. En todo caso, se consiguió definitivamente que la colección de arte del Museo Thyssen-Bornemisza permaneciera en Madrid, se potenciaba el Museo del Traje mientras el Guggenheim de Bilbao se consolidaba en el panorama nacional e internacional como un museo contemporáneo de referencia. El PP creó un consorcio de conmemoraciones culturales, a nivel nacional, que promovió las exposiciones, conferencias y congresos sobre las figuras y las épocas de Cánovas del Castillo (1997), Felipe II (1998), Carlos I (2000) e Isabel la Católica (2004), con amplia respuesta de público. Los siguientes gobiernos socialistas mantuvieron el consorcio que patrocinó otros congresos como el de la guerra civil (2006).

En definitiva, España “produjo cultura” y destacó en los deportes durante el reinado de Juan Carlos I, a un nivel importante. No obstante, siempre se debe procurar mejorar su gestión para lograr una explotación económica más beneficiosa, de cara al turismo cultural, como Italia. Las editoriales españolas se caracterizan por editar un elevado número de obras al año, pero de baja tirada, produciéndose el fenómeno de que los libros se “queman” muy pronto en las estanterías y se retiran a los pocos meses, lo cual ha sido constantemente criticado por los autores. En todo caso, las dificultades de los artistas, intelectuales, científicos y escritores españoles no les ha impedido continuar su labor creativa y crítica hasta nuestros días.

El lector interesado puede acudir a

-Isabel Fernández y Fernando Santana, Estado y medios de comunicación en la España democrática, 2000.

-S. Amell y S. García Castañeda (eds.), La cultura española en el postfranquismo. Diez años de cine, cultura y literatura (1975-1985), 1988.

-Varios autores, Del franquismo a la postmodernidad. Cultura española (1975-1990), 1995.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.

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