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EL PERIÓDICO
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Un lugar para un rey. Uad-ar-rámel


  • Escrito por Adoración González Pérez
  • Publicado en Historalia

“Desde este Escorial, rigoroso imperio de la piedra y la geometría donde he asentado mi alma, veo en primer término el curvo brazo ciclópeo que extiende hacia Madrid la sierra del Guadarrama.”.

José Ortega y Gasset, El Espectador, I 1970

Bajo el marco natural de la sierra de Guadarrama se encuentra una parte importante del conjunto montañoso del Sistema Central, dentro de una zona fronteriza que, en la época medieval habría de ser punto de encuentro entre cristianos y musulmanes. Su propio nombre Uad -ar-rámel, de procedencia árabe, y también por herencia de su pasado latino (Aquae dirrama) alude ya a su carácter y a su río. En la medida en que se redujeron los enfrentamientos fue la población segoviana, por su proximidad geográfica, la que empezaría un proceso de colonización con motivos económicos ligados a la ganadería, puesto que el entorno natural era favorable en ese aspecto. La abundancia de parajes y valles de montaña hicieron aún más atractiva esta zona para la actividad cinegética, como iba a ser costumbre de moradores y reyes a lo largo de su crecimiento. El conjunto territorial alcanzaría su mayor protagonismo a raíz de la fundación del Monasterio de San Lorenzo el Real, a partir de la gran obra del rey Felipe. Pero, veamos también de dónde procedían sus bases en el momento de configurar un espacio natural tan ilustre.

Una pequeña población fue ocupando, por el sistema de presura algunas tierras, sin mucha base administrativa, dejándolas por derecho consuetudinario de unas gentes a otras. Dieron nombre al lugar por su riqueza natural, el ésculo, carvajo o quejigo, nombres con los que fueron apropiándose algunos municipios y seguramente el mismo de el Escorial. Dos núcleos de población figuraban ya en el entorno inmediato a lo que sería el Monasterio, Navalquejigo y La Fresneda, tal como figuraban inscritos en la Reales Cédulas de Felipe II, dadas a conocer en el año 1565 desde Aranjuez, añadiendo en su concesión al Convento otros puntos de referencia, véase La Granjilla, Canalejas, Cuarto Carretero, El Dehesón, Navalonguilla, Las Radas, Prado del Río, Milanillo, El Enebral, La Paloma, La Magdalena, Tamajón, y más, hasta un total de 3.200 hectáreas.

En el Corpus Descriptivo que se diera hacia 1627, el artista Jan van der Hamen, al servicio del rey Felipe IV, a todas esas tierras se añadieron además El Castañal, Campillo y los bosques, conjunto amplio que quedaría supeditado a la gestión jurídica y administrativa del Monasterio-Palacio, además de definirse bajo su marco religioso:

“[…] Exposición impresa que hace el Monasterio en el que se hace presente por su fundación y Reales Cédulas los derechos que tiene S.M. y los que pertenecen al Monasterio […]según la Carta de Donación y Cidicilo de Felipe II y escritura de entrega y asiento que tomó con el Convento por orden de Felipe III, el Secretario de Estado para la transacción de Campillo y Monesterio, según el Libro de Privilegios de El Escorial […]

[…]Cuando se empezó la fábrica del Monasterio el rey señaló rentas y compró haciendas, primero las dehesas de Herrería y Fresneda, que eran mayorazgos de la ciudad de Segovia (…) las amplió con algunos prados y heredades (…) entrando en el ensanche de La Fresneda mucha tierra del Quartel que llaman El Dehesón (…)

[…] En 1663 también se compraron las dehesas de Quexigal y Navaluenga (…) que eran de diversos mayorazgos vecinos de Ávila y las compró el Convento con dinero del Rey (…) y, así continua la relación donde se especifica fundamentalmente el amplio patrimonio de pesca y ganado que fundamentaba el patrimonio de los monjes y de los propios Reyes.

Es comprensible que para determinar esta gran propiedad se establecieran unos límites visuales y administrativos sobre la zona, marcando así una diferencia entre lo que vendría a ser el Real Sitio, como señorío de realengo, y los anexos al Convento, como señorío de abadengo. A la vez el Rey Felipe II decidió el control perimetral por medio de una cerca o pared, con el fin de evitar las intromisiones furtivas de caza entre otras razones. Algunos de los emplazamientos citados, como el de Navalquejigo, quedaba fuera del recinto. En determinados núcleos de este entorno se proyectaría la política de engrandecimiento real y, con el paso del tiempo, también fueron escenario de hechos políticos decisivos de nuestra historia. Citamos así unos pocos lugares.

En el pueblo de La Fresneda, también denominado La Granjilla de la Fresneda, cuando lo incorporó el Reya tenía concejo, iglesia, ejido concejil, coto y hospital para vecinos, sobre lo que hubo una especie de “privatización” real, dejando solo la iglesia con el culto monástico y no con carácter de parroquia. El concejo se disolvería para agrupar una categoría funcional que creaba las figuras de Alcalde Mayor, Ordinarios y Regidores con un escribano para tratar asuntos de la villa, señalar cárcel, horca y picota. En sus términos quedaban la Cruz del Tercio, la de la Horca, y la de Nefando o humilladero (área definida por el arroyo del Tercio desde el puente y fincas de Viña y Valmayor; arroyo del Peralejo, con fincas y divisorias municipales que quedan hoy comprendidas en el llamado Camino Real y los márgenes de la carretera a Madrid). Se construyó un estanque con islas artificiales, “una casa adornada con columnas toscanas” para la familia real, además de celdas para los frailes y otras edificaciones anexas recogidas y detalladas por muchos descriptores y cronistas, como el mismo Antonio Ponz hiciera en Viage de España, de 1788. Reconocida está también la importante labor arquitectónica de los grandes artífices de los siglos XVI a XVIII. El conjunto que fuera propiedad privada de la familia Aguirre, consiguió la declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Territorio Histórico del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial (decreto 52/2006, de 15 de junio, BOCAM 21 w2 junio).

Otros lugares quedarían también señalados por su valor para caza y descanso dentro del Gran Corpus, como El Campillo, lugar en el que hubo una Casa perteneciente a los Trastámara y que quedó despoblada al ser anexada al conjunto de Escorial; en ella se levantaron varios edificios de servicio al Rey, citándose entre otros las Casas de Oficios, que sufrieron un incendio en 1741. Hoy existe como municipio, quedando la antigua casa en propiedad privada y con otros usos. Hubo además otros lugares nombrados por su proximidad y frescura, con casa de piedra, estanque, fuentes, arbolado, repartidos en cuarteles y calles, bañados por arroyos que bajan de las cumbres, caso de El Castañar. O El Quejigal, con casa de piedra, y de gran valor agrario. Estas breves referencias que se encuentran en el viaje de Ponz, aludiendo a muchos puntos más, como el propio pueblo de Monesterio, que tuvo un primitivo palacio, aún figuraba por su valía en la cría de ganado vacuno en 1755. La misma Herrería, de gran belleza y bosque, y otros puntos de gran interés, a los que haremos homenaje en otro momento. Decir finalmente que su gran importancia quedaba bajo la jurisdicción de los Reales Bosques y de sus términos de caza, dando así un carácter especifico a los pueblos y caminos, bajo el paisaje que cubre un bello manto de esta sierra, que nos ofrecía el pintor Carlos de Haes en el siglo XIX, y que han inspirado a otros artistas posteriores.