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EL PERIÓDICO
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Una trayectoria por un ideal: Anselmo Lorenzo Asperilla


No deja de resultar curiosa la amnesia social que se tiene alrededor de algunos personajes fundamentales para la historia de España. No es un problema individual sino es una cuestión social. No ya por las declaraciones que muchas personas tienen en clara consonancia con un franquismo sociológico que perdura en el tiempo. Fuera de ámbitos académicos o de ámbitos militantes es difícil que encontremos personas que conozcan la existencia de algunos personajes que marcaron el devenir del país. Uno de esos personajes es Anselmo Lorenzo Asperilla (1841-1914).

Prácticamente desconocido para la mayoría de la gente en la actualidad, Anselmo Lorenzo fue una de las figuras fundamentales en la historia de España entre el último tercio del siglo XIX y los primeros años del siglo XX. ¿La razón? Porque fue uno de los articuladores del movimiento obrero organizado, protagonista en la introducción de la Primera Internacional en España, fundador de diversas asociaciones obreras y partícipe, también como fundador, de la que sería la central sindical más importante de España en los años siguiente, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Con semejante currículum Anselmo Lorenzo debería ser de sobra conocido. Pero no es así. La primera explicación a este desconocimiento parte del resultado de la Guerra Civil española. El triunfo de Franco en la guerra significó la represión física de todos aquellos que salieron derrotados. Pero también la machacante propaganda contra los llamados “enemigos de España”, el falseamiento histórico y la demonización y enterramiento de muchas de sus figuras en el ostracismo de la historia. Anselmo Lorenzo no fue menos en este aspecto. Es más, en 1954 se incoó un expediente de depuración masónico contra Anselmo Lorenzo, cuando el sujeto “investigado” llevaba ya cuarenta años muerto.

Pero la muerte de Franco y el restablecimiento de un régimen de libertades no fue suficiente para volver a colocar en el lugar que debían estas figuras. La amnesia y el silencio de la democracia contribuyó a este olvido intencionado. Sin embargo, Anselmo Lorenzo es una figura que por su trascendencia merece ser rescatada. Veremos aquí alguno de los hitos de la vida de Anselmo Lorenzo.

Nacido en Toledo en 1841 se trasladó muy pronto a Madrid donde trabajó en una cerería de un tío suyo. Pero aquel trabajo no era del gusto de Lorenzo. Aprendiendo a leer y escribir acabó consiguiendo un puesto de trabajo como tipógrafo. Un trabajo que le mantuvo, toda su vida, cercano al mundo de la cultura y pudo acceder a muchos conocimientos.

Vinculado al Fomento de las Artes donde fue un alumno destacado en distintas materias, políticamente se inició en la escuela del republicanismo federal de Francisco Pi i Margall, como la gran mayoría de los primeros internacionalistas. Pero la llegada de Fanelli a España en diciembre de 1868, la efervescencia política del momento y la conformación de un núcleo de internacionalistas en España, hizo que Anselmo Lorenzo y otros adoptasen las ideas que legaba la Asociación Internacional de los Trabajadores, que había nacido en Londres cuatro años antes.

Desde la constitución del primer grupo internacionalista se puede comparar la capacidad que Anselmo Lorenzo tiene para el desarrollo de dichas ideas. Comenzaron a participar en diversos debates confrontando ideas y cualquier tribuna era buena para poder mostrar lo que los ideales de la AIT ofrecían.

En 1870, Anselmo Lorenzo junto a Manuel Cano, Tomás González Morago, Francisco Mora y otros fundan un periódico, La Solidaridad, e impulsan la celebración del primer congreso obrero que se desarrolló en España. Celebrado en Barcelona en junio de 1870, dicho congreso debatió las formas organizativas e ideológicas de la Internacional en España. Allí nació la Federación Regional Española de la AIT y Anselmo Lorenzo, que acudió como delegado, fue elegido parte del Consejo federal.

La enorme importancia que tomaba el obrerismo, el avance de la FRE y los sucesos de la Comuna de París de 1871, pusieron en alerta a las autoridades del momento que debatieron y aprobaron en el Congreso la ilegalización de la Internacional. Mientras Sagasta la definía como “la utopía filosofal del crimen”, los republicanos Nicolás Salmerón y Francisco Pi i Margall salían en su defensa. Condenados a la ilegalidad, los internacionalistas se fragmentan para que la persecución no merme sus fuerzas. En ese contexto Anselmo Lorenzo junto a González Morago y Francisco Mora viajan a Portugal y participan de la consolidación de primeros núcleos de la AIT portuguesa.

Pero las desavenencias personales internas y los debates internacionales que enfrentaban las posiciones de Marx y Bakunin, iban a marcar la agenda de la FRE en los años 1871 y 1872. De regreso a España Anselmo Lorenzo participó en la Conferencia de Valencia celebrada en septiembre y fue enviado como delegado español a la Conferencia de Londres. Allí el anarquista toledano vio de primera mano las diferencias que existían en el seno de la AIT. Algo que en sus memorias El proletariado militante achacó a una pugna de personalismos que conducían al movimiento obrero a la división.

El regreso de Anselmo Lorenzo a España coincide casi en fechas con la llegada de Paul Lafargue. El yerno de Marx había huido de Francia perseguido por la represión contra la Comuna de París. Alcanzó la frontera española y tras una estancia en San Sebastián y Huesca, pasó a Madrid donde tomó contacto con los internacionales de la capital de España. Anselmo Lorenzo siempre mostró admiración por la persona de Lafargue y por su mujer Laura Marx. Sin embargo, la ya palpable diferencia entre las posiciones de Francisco Mora y José Mesa y las de Tomás González Morago fue algo que Lafargue aprovechó. Alrededor del periódico La Emancipación se fue conformando el primer núcleo marxista. Más en la forma que en el fondo, porque lo que caracterizó la disputa de los internacionalistas españoles fue, como Anselmo Lorenzo planteó, los personalismos de unos y de otros. Lafargue colaboró de forma asidua con La Emancipación y empezó a denunciar la existencia de la Alianza de la Democracia Socialista bakuninista como elemento controlador de la FRE. Punto que negaban la otra parte que comenzó a escribir en el periódico madrileño El Condenado dirigido por Tomás González Morago. Lafargue actuó en el seno de los grupos madrileños y de Alcalá de Henares y por esta ciudad acudió como delegado al Congreso de Zaragoza de 1872 bajo el seudónimo de Pablo Farga. En este congreso, junto a Anselmo Lorenzo, redactaron el concepto de la propiedad. Un extenso dictamen donde se muestra el conocimiento que ambos personajes tenían de economía. De ese congreso salió también la disposición de igualdad hombre-mujer en el seno del obrerismo, si bien ya se había abordado en el congreso de Barcelona de 1870.

Aunque el congreso de mayo en Zaragoza fue un bálsamo, la tormenta se desató poco después. Las disputas entre La Emancipación y El Condenado no cesaron. Lafargue publicó en un periódico suizo que en España los bakuninistas intrigaban contra la Internacional. Los bakuninistas acusaban a los marxistas de intento de control por parte del Consejo General sobre la sección y de autoritarismo. En el Congreso de La Haya de septiembre de 1872, sin apenas representación del sector antiautoritario, se produjo la expulsión de la AIT de Bakunin, Guillaume y Schwitzguebel. Acto seguido los antiautoritarios celebran un congreso en Saint Imier (Suiza). La AIT se había dividido.

En España Anselmo Lorenzo vio con dolor como la FRE también se dividía. Mayoritariamente se quedó con su posición: el antiautoritarismo. Pero un pequeño núcleo en Madrid. al que le siguieron un escaso número de núcleos en el resto de España, se escindió. Nació la Nueva Federación Madrileña, admitida de inmediato en el seno del Consejo General de Londres. Muy buenos amigos de Anselmo Lorenzo, como Francisco Mora, acabaron en el núcleo marxista. Este núcleo procederá a la fundación del PSOE en 1879 y de la UGT en 1888.

Lorenzo decide en ese momento salir de España y buscar suerte en Francia. Viaja a Burdeos, Toulouse, Montpellier y Marsella. No tiene suerte en el trabajo pero participa de numerosas conferencias donde dio la visión del internacionalismo antiautoritario de los sucesos de España, que vivía momentos trascendentales con la proclamación de la Primera República, las guerras carlistas y los levantamientos cantonales.

A su vuelta a España, Anselmo Lorenzo se establece en Barcelona. Allí volvió a tomar contacto con los internacionalistas encabezados por Rafael Farga Pellicer y José Llunas. Participó en el desarrollo de numerosas asociaciones obreras y fue uno de los fundadores de la Sociedad de Tipógrafos en 1885.

Pero de esta época hay que destacar la labor intelectual de Anselmo Lorenzo. Vinculado a la masonería desde 1883, Anselmo Lorenzo publicó desde ese momento numerosos artículos y folletos para la extensión de los ideales anarquistas. Pero la dura represión que sufrió el anarquismo en aquellos momentos no fue ajena al propio Anselmo Lorenzo. En 1881 los anarquistas habían levantado una nueva asociación, la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE). El número de sus afiliados fue importante y, en un importante momento de desarrollo sindical, la fuerza de la FTRE comienza a ser un problema para las autoridades de la Restauración. Los “sucesos” de la Mano Negra sirvieron como excusa para la persecución contra la FTRE que tuvieron su continuidad con los sucesos de Jerez de 1892. La FTRE se disolvió y sumió al anarquismo en una profunda crisis de la que no saldría hasta el siglo XX. El periodo finisecular pivotó entre la búsqueda de una organización efectiva, representada por la mayoría del movimiento anarquista, e individualidad y pequeños grupos que optaron por una estrategia violenta. A pesar de ello y de que muchos de los atentados acontecidos entre 1892 y 1908 en España son de procedencia dudosa o directamente policial, el anarquismo de forma mayoritaria no aprobó la violencia como medio para la consecución de la anarquía. Ya Piotr Kropotkin había advertido en el Congreso de Londres de 1881, junto a Errico Malatesta, de las consecuencias devastadoras que tendría para el anarquismo la adopción de esta línea.

Anselmo Lorenzo, profundo defensor de societarismo obrero y de la lucha educativa del anarquismo, fue detenido y deportado tras la bomba de Cambios Nuevos en 1896. A pesar de que condenaba cualquier acción de ese tipo tuvo que salir exiliado durante un tiempo a París, donde coincidió con las figuras más representativas del anarquismo y del socialismo internacional: Charles Malato, Jean Grave, Jean Jaurès, etc. Allí conoció también a Francisco Ferrer Guardia con el que a su vuelta a España comenzó a colaborar en diversos proyectos periodísticos y en el nacimiento y desarrollo de la Escuela Moderna en 1901. La labor de Anselmo Lorenzo al frente de la editorial de la Escuela Moderna es una de las claves de su éxito. Y todo esto combinándolo con su trabajo usuario: tipógrafo.

La persecución contra la Escuela Moderna que llevó al cierre y encarcelamiento de Ferrer tras el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII en mayo de 1906 y a la posterior detención y ejecución de Ferrer tras los sucesos de Barcelona de julio de 1909 no detuvo a Anselmo Lorenzo en su labor editorial. Y eso que tras la Semana Trágica fue nuevamente detenido y deportado a Alcañiz (Teruel).

Un Anselmo Lorenzo ya achacoso y avejentando todavía tendría una importante labor. Los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 1910 se celebró en Barcelona un congreso obrero impulsado por Solidaridad Obrera que sirvió como congreso fundacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Anselmo Lorenzo, como veterano internacionalista, dirigió unas palabras a los allí congregados: “Ante vosotros el libro de la historia presenta una página en blanco. Preparaos a llenarla con la honra para vosotros, con provecho para todos, presentes y futuros”. Palabras premonitorias del abuelo de anarquismo, pues la CNT con el paso de los años fue la organización obrera más influyente de España.

Pero la salud de Anselmo Lorenzo poco le permitía hacer ya. Siguió escribiendo y dando aportaciones teóricas al anarquismo. Y cuando Europa comenzaba una guerra fratricida, Anselmo Lorenzo dejaba de existir el 30 de noviembre de 1914. Su entierro en cementerio de Montjuich se convirtió en una gran manifestación obrera, donde todas las tendencias del obrerismo rindieron un sentido homenaje a una de las personalidades más influyentes para el desarrollo de los derechos de los trabajadores.

Para saber más de la figura y trascendencia de Anselmo Lorenzo, hay que remitirse a su obra extensa, tanto de historiador obrero como de doctrina libertaria. No podemos olvidar que Anselmo Lorenzo inauguró dentro del movimiento libertario la tendencia de historiador obrero vinculado al movimiento obrero. A él le siguieron Manuel Buenacasa Tomeo y Juan Gómez Casas, en distintas épocas. En este aspecto, hay que destacar la obra de Anselmo Lorenzo El proletariado militante. Memorias de un internacional que ha tenido numerosas ediciones a lo largo de las décadas y que es capital para entender los orígenes del obrerismo en España junto a las obras del socialista Juan José Morato.

En lo que se refiere a biografías de Anselmo Lorenzo, hay que destacar el folleto clásico que Federica Montseny publicó en los años de la Guerra Civil con el título de Anselmo Lorenzo. Un homenaje que la República quiso a hacer a los iniciadores del sindicalismo español y que se completó con la biografía que Julián Zugazagoitia hizo con el título Pablo Iglesias. De su vida y de su obra.

Mas reciente, académicas y trabajadas son los siguientes libros. La biografía que el profesor Rafael Villena Espinosa editó en Almud en 2009 con el título Anselmo Lorenzo (1841-1914). El proletario militante. También el libro colectivo escrito por Rafael Villena, Julián Vadillo, Juan Pablo Calero, Paco Madrid, Laura Vicente, Dolors Marín, David García Arístegui y Jordi Maíz con el título En el alba del anarquismo. Anselmo Lorenzo (1914-2014) con motivo del centenario del fallecimiento del libertario toledano.

(Parte de este artículo esta extraído de uno anterior publicado en el periódico Diagonal)

Profesor e historiador. Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha desarrollado su labor docente en distintos centros de enseñanzas medias y universitarias así como en distintos grupos de investigación. Actualmente profesor de secundaria y de la Universidad Carlos III de Madrid.

Especializado en Historia Contemporánea de España y Europa ha centrado su labor de investigación en la historia del movimiento obrero, del socialismo y del anarquismo. Fruto de estas investigaciones ha publicado varios libros entre los que destacaría: Mauro Bajatierra. Anarquista y periodista de acción (LaMalatesta editorial, Madrid, 2011), Abriendo brecha. La lucha de las mujeres por su emancipación. El ejemplo de Soledad Gustavo (Volapük ediciones, Guadalajara, 2013), El movimiento obrero en Alcalá de Henares (Silente académica, Guadalajara, 2013), Por el pan, la tierra y la libertad. El anarquismo en la Revolución rusa (Volapük ediciones, Guadalajara, 2017), Socialismo en el siglo XIX. Del pensamiento a la organización (Queimada ediciones, Madrid, 2017) o Historia de la CNT. Utopía, pragmatismo y revolución (Los libros de La Catarata, Madrid, 2019). Es autor de numerosos artículos, capítulos de libros y conferencias sobre estas cuestiones tanto a nivel nacional como internacional.