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El castillo de Aceca, un lugar para Caballeros y Reyes


  • Escrito por Adoración González Pérez
  • Publicado en Historalia
(Tiempo de lectura: 4 - 7 minutos)

Casa Real de Aceca, o castillo, que existió en un extenso heredamiento, conformado por caminos, vergeles y campos, ligado al curso de los ríos Tajo y Jarama, en las notables comarcas de Guadalajara y Madrid, expandido hasta la municipalidad de Aranjuez, donde se hallaba un emplazamiento ligado por su origen y desarrollo al que habría de dar nombre al Real Sitio.

Lo encontramos descrito en los estudios sobre la Carpetana romana y la propia historia del que hiciera Antonio José Díaz Fernández, entre otros:

“[…]se afirma que Aceca estuvo erigida en dos lugares diferentes durante la Reconquista, manteniendo su categoría de villa antigua con un fuerte castillo, con jurisdicción sobre término propio con aldeas dependientes, tierras, prados, montes y pastos, comunicada con Toledo por camino particular, gozando en lo fiscal de exención de pechos. Este primer emplazamiento de Aceca estuvo al otro lado del río Tajo, en su orilla izquierda «á bastante distancia de él, hacia al mediodía, en la dehesa millar del Hoyuelo nuevo, de que se cedió parte por el Rey á la villa de Yepes, y ahora es su término. Allí hay un paraje que conserva el nombre de Aceca la Vieja [...].

En una línea de tiempo general figura ya hacia 1171, cuando el Rey Alfonso VIII estableció esta zona en los dominios fronterizos de la Orden de Santiago y, una vez conquistado el lugar en 1178, se convirtió en residencia de los Grandes Maestres. Con la misma política el rey concedería el Castillo de Oreja a la misma Orden y en el 1272, la Mesa Maestral vendría a quedar incorporada en las tierras de Aranjuez para recreo de los maestres.

Para evitar la amenaza de los almorávides, en el siglo XI, se decidió construir el castillo siendo entonces este emplazamiento ya un baluarte defensivo en la ribera izquierda del Tajo, cambiando después de lugar a la parte derecha al necesitar una nueva estrategia defensiva de cara a los territorios de Toledo:

“El castillo de Aceca sufrió la devastación en manos de los norteafricanos quienes, según las crónicas, se emplearon en un solo día en el asalto y masacre de unos ciento cincuenta hombres incluyéndose en esta violenta acción el apresamiento del alcaide Tello y otros muchos de sus hombres. Para realizar esta empresa Tasfín tuvo que cruzar el Tajo, con el objetivo de liberar el enclave musulmán de Oreja, previa destrucción de Aceca”.

Durante la reconquista y repoblación, el castillo se vio duramente afectado y los pobladores de la zona debieron cruzar hacia la otra margen del río, para formar otro enclave, en las mismas condiciones defensivas. Una nueva incursión a manos de los almohades fue a poner en escena a los caballeros de la Orden de Calatrava, a la que el rey vendría a compensar progresivamente con donaciones y encomiendas. De esta encomienda que, en el año 1172 estaba a cuidado del conde don Nuño y esposa, se hizo entrega de la mitad de la villa y castillo de Aceca a la Orden de Calatrava; años después el rey acabó cediendo todos los territorios a los calatravos y la Orden tendría todo el señorío jurisdiccional pero no la propiedad de todos los bienes de la villa, y por eso fueron adquiriendo nuevas propiedades para incrementar riqueza.

Las indagaciones arqueológicas determinaron que el viejo castillo medieval del siglo XIII acabó por desaparecer quedando ya la encomienda diferenciada entre el XIV y XV en dos grandes extensiones de tierra o dehesas, repartidas a ambos lados norte y sur del Tajo. No volvemos a encontrar referencias hasta el siglo XVI, cuando el mismo rey Carlos I pasó a formar parte de la Mesa Maestral, incorporando desde 1523 todas las propiedades de la Dehesa de Aranjuez.

En 1545, con la creación de la Real Junta de Obras y Bosques, Aceca y otras encomiendas se integran en esa jurisdicción. En una visita del rey de 1573 se describe lo siguiente: que las casas y aposentos estaban bien, lo mismo que patios y corredores, al tiempo que “se está principiando otro quarto é aposento y sacados los cimientos de cal y ladrillo”, y que la idea había sido edificar una parte adosada al antiguo castillo del comendador, hasta que Felipe II planteara la reedificación. Gaspar de Vega hizo las primeras supervisiones entre 1556 y 1557. Juan Bautista de Toledo se encargó de las trazas para añadir la Casa de Oficios y Caballerizas, continuando después Juan de Herrera. El cronista Álvarez de Quindós pudo describir el edificio antes de que se destruyese en 1808. Dentro del palacio había un jardincillo sin cultivar, un aljibe, y una «mina que sale al río con una portada de piedra de gusto e idea como lo demás del edificio», un patio interior con columnas berroqueñas y soportales donde estaba la cámara.

Los restos del palacio construido en el siglo XVI sobre ese castillo medieval se encuentran en el recinto de una parcela conocida como La Bóveda, a poca distancia del poblado de Aceca, al que se accedía por medio de una barca cruzando el Tajo, como era costumbre en esos términos. Un testimonio de esta construcción es el plano de la “Casa Real de Aceca” datado hacia 1517 y conservado en el Archivo General de Simancas.

En el dibujo que rememora el óleo de Jusepe Leonardo, hacia 1635, se manifiesta el carácter de palacio- castillo con una Casa de Oficios anexa, que debió tener su corral y patio y algunos aposentillos para oficiales. En 1674 aún existía parte del terreno en régimen de encomienda (lo atestigua la venta de 624 fanegas de las tierras de pan llevar, que lindaban con las tierras del lugar de Pantoja).

Hacia1707, los terrenos de Aceca se habían arrendado al caz del Jarama, y que el Gobernador de Aranjuez del año 1713 había enviado ya unos informes a la Junta de Obras y Bosques al referir un incendio en la Casa de Oficios antigua. Es verdad que los restos de la construcción antigua aparecen recogidos en el catastro de Ensenada, según refiere el estudio de Concepción Camareno, y que todo el término de Aceca fue catastrado como si de un pueblo más se tratase, al igual que se hizo con las demarcaciones de Alóndiga y Barciles por estar incluidas en la zona de canalización de la Real Acequia de Jarama próxima a Aranjuez.

En 1746 ya figura extinto el empleo de Conserje o Alcaide del castillo de Aceca, ante la posible pérdida de bienes jurisdiccionales, con lo cual se decidió vincular su mantenimiento a costa de la Real Acequia de Jarama. El ministro Ricardo Wall, en 1752, propone ampliar las labores agrícolas de la zona, en las tierras próximas al antiguo palacio, y al año siguiente se iniciaron reparaciones en el puente, presa y molinos, bajo coordinación de Santiago Bonavía y Charles de Witte.

Las últimas referencias al sitio de Aceca indican que, en 1762 sigue existiendo la casa pues se llevaron algunas piezas de cerámica de El Pardo. Parece ser que solo se iniciaron algunas tareas de ingeniería hidráulica, a manos Manuel Serrano en colaboración del mismo Charles de Witte. En 1781 se quiso reutilizar el viejo castillo como vivienda provisional de la Academia de Caballeros Cadetes de Ocaña, y el responsable de su adaptación fue el propio Sabatini.

Hoy en día apenas quedan restos que con seguridad dan eterno cobijo a los restos del castillo.