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Los botones alotrópicos de Napoleón


Boissard de Boisdernier. Episodio sobre la retirada de Rusia. 1835 / Wikipedia Boissard de Boisdernier. Episodio sobre la retirada de Rusia. 1835 / Wikipedia

Una lección de química: ¿por qué los botones de los soldados de Napoleón se deshacían en Rusia? Hay quien sostiene que el estaño con el que se fabricaron pudo contribuir a la derrota de la Grande Armée imperial durante la campaña de invierno.

Enseñar deleitando. La exhaustiva y, sin embargo, muy entretenida y amena biografía de Napoleón (Napoleón: una vida. Palabra, 2016) escrita por laureado historiador inglés Andrew Roberts puede definirse como un "peso pesado" histórico y una delicia para los admiradores del general corso.

Desde la muerte de Napoleón Bonaparte en 1821 se han escrito innumerables libros sobre su vida. Todos los editados desde 1857 se han basado en la correspondencia que, convenientemente adulterada con fines políticos, publicó su sobrino Napoleón III. Sin embargo, desde 2004, la Fondation Napoléon de París ha sacado a la luz todas y cada una de las más de 33.000 cartas que firmó el propio Napoleón.

La culminación de este ingente proyecto exigía una reevaluación biográfica completa de este gran personaje, y eso es precisamente lo que Roberts realiza a fondo en este libro: no solo elabora la complicada reconstrucción epistolar, sino que descubre nuevos documentos cruciales, repite el que fuera último y definitivo viaje en barco de Napoleón a Santa Helena, e inspecciona cincuenta y tres escenarios bélicos en los que combatió el emperador francés.

El resultado de esta titánica tarea es una obra maestra sobre un personaje tan admirado como odiado. La biografía ¿definitiva? de un hombre que fue capaz de modificar la historia. El inicio del fin de Napoleón tuvo lugar en la desastrosa campaña de Rusia (1812) que se inició con el importante triunfo en la batalla de Borodino, culminó con la toma de Moscú, con Napoleón durmiendo en el Kremlin, y terminó con una espantosa retirada.

Tras el fracaso de los acuerdos de Tisilt (1807) y Erfurt (1808) firmados entre el zar Alejandro I y Napoleón Bonaparte, el emperador francés rompió las relaciones diplomáticas y empezó a gestar un plan para invadir Rusia. En diciembre de 1812, la Grande Armée de Napoleón, que constaba de 600.000 hombres, marchaba hacia Rusia. Hasta ese momento, sus tropas habían permanecido invictas. Pero, como le ocurrió siglo y medio después al ejército alemán, el “General Invierno” acabó con la Grande Armée, propinándole una estrepitosa derrota y una vergonzosa retirada.

«El francés es valiente, pero las prolongadas privaciones y el mal clima le desgastarán y le desanimarán. Nuestro clima y nuestro invierno lucharán de nuestro lado», le había dicho el zar Alejandro al embajador francés Caulaincourt, a principios de 1811. Conocido el informe de su embajador, Napoleón se preparó a fondo para afrontar el durísimo invierno ruso. Además, él, lector empedernido, había leído la Historia de Carlos XII de Voltaire, que describía un invierno ruso tan frío que los pájaros se congelaban en el aire y se desplomaban desde el cielo como si hubiesen sido abatidos a disparos.

Mapa esquemático de las pérdidas humanas sucesivas del ejército francés durante la campaña rusa de 1812-1813 dibujado por Charles Minard, Inspector General de Puentes y Caminos en París a 20 de noviembre de 1869. El número de hombres está representado por el ancho de las zonas coloreadas a razón de un milímetro por cada diez mil hombres; además están escritas en números en cada zona. El marrón designa los hombres que entran en Rusia, el negro, aquellos que la dejan. La escala se muestra a la derecha en leguas comunes francesas (1 legua: 4.444 m), La porción inferior del gráfico se debe leer de derecha a izquierda. Muestra la temperatura ambiental durante el regreso del ejército desde Rusia, en grados bajo cero en la escala de Réaumur (para convertir a grados Celsius, se debe multiplicar por 1,25. Dominio público.

Napoleón hizo acopio de todos los almanaques y registros disponibles sobre el invierno ruso, que le informaron de que hasta noviembre no debía esperar temperaturas bajo cero. Los registros de los veinte años anteriores indicaban que el río Moscova no se congelaba hasta mediados de noviembre, y Napoleón confiaba en que eso le proporcionaba tiempo más que suficiente para regresar a Smolensk. El ejército había tardado menos de tres semanas en llegar desde allí hasta Moscú, contando con los tres días de Borodino.

Pero aquel año el invierno se adelantó. Con el termómetro desplomado hasta los -30 ºC el 7 de noviembre, y celliscas continuas, la retirada se ralentizó hasta alcanzar un paso de tortuga. En cuestión de días murieron unos 5.000 caballos. Al respirar, el aliento de los soldados se convertía en témpanos de hielo, los labios se les pegaban y los agujeros de la nariz se les congelaban.

El 3 de diciembre, una vez alcanzado Molodechno, a 70 kilómetros al noroeste de Minsk, Napoleón publicó el más famoso de sus boletines, el número 29 de la campaña de 1812. Toda la culpa del desastre recaía sobre el clima –«qué estación tan cruel»–; escribió que al descender inopinadamente la temperatura hasta los -27 ºC, «las monturas de la caballería, la artillería y de transporte perecían todas las noches, no a centenares, sino a millares (…). Fue necesario abandonar y destruir gran parte de nuestros cañones, municiones y provisiones. El ejército, tan admirable el día 6, era muy diferente el 14, casi sin caballería, sin artillería y sin transporte».

Boletín 29 (1812) de la Grand Armée. Dominio público.

La tragedia se cebó entre las filas francesas y de los 600.000 hombres que iniciaron la campaña en junio de 1812 en diciembre sumaban menos de 10.000, a lo que hay que añadir la pérdida de 167.000 caballos y más de 1.200 cañones. Los restos andrajosos de las fuerzas de Napoleón habían cruzado el río Berezina, cerca de Borisov, en el oeste de Rusia, en el largo camino de la retirada de Moscú. Los soldados restantes se enfrentaron al hambre, las enfermedades y el frío adormecedor, los mismos enemigos que habían derrotado a sus camaradas con tanta seguridad como lo había hecho el ejército ruso. Mal vestidos y equipados, la mayoría de ellos sucumbieron al intenso frío de un invierno ruso.

¿Qué causó la caída del mayor ejército que había dirigido Napoleón? ¿Por qué los soldados de franceses, invictos en batallas anteriores, flaquearon en la campaña rusa? Las causas del desastre de la Grande Armée fueron muchas y, junto al frío, habría que añadir la estrategia militar rusa, la falta de higiene y, rotas las líneas de abastecimiento, una alimentación deficiente: Con frecuencia, lo único que tenían las tropas para llevarse a la boca era carne de caballo cruda y, en ocasiones, cortada directamente de un animal vivo, por lo que es fácil imaginar la elevada incidencia de enfermedades gastrointestinales.

Y la química, ¿tuvo algo que ver la química con el desastre de la campaña de 1812? Hay quien opina que sí. Una de las teorías más originales que se han propuesto es el mal diseño de los botones de las casacas militares francesas. Por sorprendente que parezca, el desastre del ejército de Napoleón puede atribuirse a algo tan pequeño como la desintegración de un botón, un botón de estaño, para ser exactos, del tipo que sujetaba todo, desde los abrigos de los oficiales hasta los pantalones y las chaquetas de sus soldados.

En el otoño de 2001, un grupo de obreros estaba trabajando en un lugar al norte de Vilnius, la capital de Lituania, cuando aparecieron cientos de huesos: eran los restos de soldados de la Grande Armée desaparecidos durante la trágica retirada de Rusia. Thierry Vette, un experto en uniformes franceses, investigó las fosas comunes y publicó un libro en el que concluía que la proporción de botones de estaño entre los uniformes franceses era muy pequeña: faltaban muchos, quizás porque se habían desintegrado.

Caricatura de 1812 de George Cruikshank, parodiando el Boletín 29. University of Washington Libraries, Special Collections.

En Borisov, un observador describió al ejército de Napoleón como «una multitud de fantasmas envueltos en capas de mujeres, extraños pedazos de alfombra o abrigos quemados llenos de agujeros». Cuando los botones de sus uniformes se deshicieron, ¿estaban los hombres de Napoleón tan debilitados por el frío glacial que ya no podían seguir actuando como soldados? ¿La falta de botones significaba que las manos se usaban para mantener las prendas y mantenerlas juntas en lugar de llevar armas?

Acudamos a la química básica y recordemos que algunos elementos químicos se presentan en la naturaleza en forma de diferentes estructuras moleculares, que reciben el nombre de alótropos. Uno de los ejemplos más conocidos posiblemente sea el oxígeno, que puede formar una molécula con dos o con tres átomos (el ozono). Otro ejemplo es el carbono, que puede aparecer como grafito, grafeno, nanotubos o bien como los valiosos diamantes. Esto también le sucede al estaño, un metal maleable, abundante y económico que hemos usado desde la Edad de los Metales.

Por debajo de los 13,2ºC al estaño no es metálico, es frágil, quebradizo y de color grisáceo (estaño alfa). Por encima de esa temperatura, el denominado estaño beta es metálico, maleable y brillante, y se ha usado profusamente en múltiples objetos de hojalata. El paso del estaño beta a la forma alotrópica alfa se conoce como “peste del estaño”, debido a que se torna más quebradizo y aumenta hasta en una cuarta parte su tamaño, lo que provoca la pérdida de la funcionalidad para la que se diseñó.

Para que el estaño beta se convierta en alfa es preciso que contenga impurezas en su composición o bien que se enfríe de forma brusca. Cuando bajan las temperaturas, el estaño metálico brillante comienza a descomponerse en un polvo gris que se desmenuza y que sigue siendo estaño, pero con una forma estructural diferente. ¿Es eso lo que pasó con los botones de hojalata del ejército de Napoleón?

Esta hipótesis no es descabellada, pero, a pesar del romanticismo científico que pueda generar, existen algunos problemas para confirmar su veracidad. La enfermedad del estaño se conocía en el norte de Europa desde hacía siglos. ¿Por qué Napoleón, un militar extremadamente minucioso para mantener a sus tropas preparadas para la batalla habría permitido su uso en las ropas castrenses?

Además, la desintegración del estaño es un proceso razonablemente lento, incluso a las extremadamente bajas temperaturas del invierno ruso de 1812. Sin embargo, es una bonita historia y los químicos disfrutan citándola como una importante contribución de la química a la derrota de Napoleón.

Catedrático de Universidad de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid.

En la Universidad de Alcalá ha sido Secretario General, Secretario del Consejo Social, Vicerrector de Investigación y Director del Departamento de Biología Vegetal.

Actualmente es Director del Real Jardín Botánico de la Universidad de Alcalá. Fue alcalde de Alcalá de Henares (1999-2003).

En el PSOE federal es actualmente miembro del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía y responsable del Grupo de Biodiversidad.

En relación con la energía, sus libros más conocidos son El fracking ¡vaya timo! y Fracking, el espectro que sobrevuela Europa. En relación con las ciudades, Tratado de Ecología Urbana.