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La conciencia “ecológica” socialista de Julián Besteiro en 1925


Retrato de Julián Besteiro Fernández. Foto Manuel Portillo / RABSF. E/Coloreada / https://twitter.com/latinapaterson/status/1315953276513333254/photo/1 Retrato de Julián Besteiro Fernández. Foto Manuel Portillo / RABSF. E/Coloreada / https://twitter.com/latinapaterson/status/1315953276513333254/photo/1

La lucha contra la contaminación del medioambiente tiene su historia, no es un asunto del último medio siglo. En 1925, los habitantes de la isla de Wight se movilizaron por el grave deterioro que estaban padeciendo en sus playas y aguas marinas.

Pues bien, a raíz de esta protesta, el socialista español Julián Besteiro escribió un artículo en La Libertad, luego reproducido en El Socialista, donde se hacía eco de este hecho y reflexionaba sobre el progreso tecnológico y del capitalismo. No se trataría del desarrollo claro de una conciencia plenamente ecológica o ecologista por parte de Besteiro, sino, más bien de la denuncia de las consecuencias que generaba el capitalismo en el medioambiente y en otros ámbitos y, por lo tanto, de la necesidad del socialismo para buscar soluciones. Se trata de un asunto que no hemos visto en el socialismo español hasta ese momento y, por lo tanto, nos parece sumamente interesante, y un estímulo para seguir investigando sobre un aspecto que, en cierta medida, ya Marx y Engels intuyeron sobre la posible destrucción del mundo debida a la explotación capitalista.

En primer lugar, planteemos cuál era el problema que generó las reflexiones de Besteiro.

La isla de Wight se sitúa en la costa sur inglesa, frente a Southampton, muy cerca de la costa, ya que, realmente esta separada de la misma por un canal estrecho, denominado Solent.

Pues bien, nada más y nada menos que dieciocho mil habitantes de la isla habían firmado una protesta contra la contaminación que padecían a causa del petróleo (combustible) que vertían los barcos. Al parecer, las aves marinas se impregnaban del mismo, terminando por perecer lentamente. Los cadáveres se acumulaban en las costas próximas, bloqueando las rutas de navegación. Además, el petróleo que vertido estaba formando una capa continua en la superficie de las aguas que estaba matando los peces o ahuyentándolos, con las graves consecuencias que eso suponía para las poblaciones costeras que vivían de la pesca.

Besteiro valoraba la importancia del empleo del petróleo como combustible en la navegación porque suponía un ahorro económico y de tiempo frente al tradicional uso del carbón como combustible. Era, por lo tanto, en su opinión, un avance, pero, también era cierto que la experiencia histórica ya recorrida en relación con la industrialización permitía comprobar que junto con los beneficios que se alcanzaban se producían efectos negativos, “calamidades”, como la que denunciaban los habitantes de la isla de Wight, y que no podían dejar indiferente a nadie.

El político socialista español reflexionaba en su artículo sobre la ambivalencia del progreso humano. Si por un lado se conseguían avances indudables, por otro, se provocaban consecuencias terribles, como la acumulación de “masas de obreros expropiados en suburbios infectos”, la lucha de clases y las guerras. ¿No podía compaginarse el progreso con el respeto a la Humanidad?, se preguntaba nuestro protagonista, y ese respeto incluía los “bienes ofrecidos por la Naturaleza”, es decir, los daños “ecológicos” pertenecerían al conjunto de consecuencias negativas del progreso. Precisamente, las protestas de los pescadores de la isla inglesa se relacionaban con las que habían realizado obreros y pensadores desde el inicio de la industrialización. Es más, Besteiro hermanaba las protestas de la isla con las imprecaciones del socialista y esteta William Morris contra la barbarie de la civilización. Esas quejas eran un símbolo y una advertencia, aunque no dieran idea por sí mismas de los grandes problemas que el progreso de la técnica hacían surgir, ni de la urgencia para acudir a soluciones eficaces. La protesta no detendría la marcha de los adelantos industriales, pero sí a plantear la necesidad de encauzarlos de una forma conveniente para la Humanidad.

Esos adelantos venían a acentuar de forma considerable los conflictos ya existentes en la sociedad capitalista, pero también, por consiguiente, a hacer necesarios los remedios de los mismos que demandaba el socialismo. Besteiro estaba haciendo una lectura claramente marxista del problema, al insistir en el concepto de la contradicción en el orden social que suponía que la riqueza natural fuera la causa de su ruina. Si se encontraban recursos, como materias primas, minerales o petróleo, llegaban en dura competencias los “trusts de explotadores”, apoyados por los gobiernos de los estados donde aparecían. El deseo de obtener esos recursos generaba tensiones, guerras, y crisis.

En consecuencia, la resolución de estos problemas no debía dejarse en manos de los intereses capitalistas, sino que debían ser tratados como cuestiones de interés público, por órganos verdaderamente representativos de los deseos y necesidades colectivos. En este sentido, curiosamente, aludía a como el premier británico Baldwin (conservador) había declarado que el problema en la isla de Wight era de tipo internacional. Y eso le servía a Besteiro para afirmar que era necesario crear organismos internacionales capaces de abordar estas cuestiones. Solamente, terminaría, cuando los problemas económicos ocupasen primordialmente la atención de las instituciones internacionales (aludiendo a la propia Sociedad de Naciones) se habría dado un gran paso para el mantenimiento de la paz y el fomento de la riqueza y cultura de los pueblos.

En conclusión, Besteiro planteaba el problema ecológico, dentro de las consecuencias del progreso tecnológico, y de forma todavía no muy articulada como consecuencias de las características del sistema capitalista. Por fin, veía que las soluciones debían alcanzarse en el medio internacional.

Hemos trabajado con el número 5086 de El Socialista, del día 26 de mayo de 1925.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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