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Un Zar que quiso ser Papa y dueño de Malta


Pablo I, obra de Vladímir Borovikovski. / Wikipedia Pablo I, obra de Vladímir Borovikovski. / Wikipedia

En su camino hacia la conquista de Egipto, el 12 de junio de 1798, el general Napoleón Bonaparte logró derrotar y tomar las defensas de los caballeros de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén en la mediterránea isla de Malta. El Gran Maestre Ferdinand Von Hompesch no pudo hacer nada para evitar la expulsión de la Orden, algunos de cuyos caballeros se refugiaron en Trieste y Roma. Esta violación de su neutralidad política de la isla -respetada por todas las potencias europeas- provocó una auténtica crisis política en Rusia, cuyo Zar Pablo I (1796-1801) estuvo tentado de declarar la guerra a la Francia revolucionaria.

¿Por qué protestó el gobierno ruso, tal lejano geográficamente de Malta? A partir de 1792, la Revolución francesa había despojado de sus posesiones en Francia a la pujante Orden Hospitalaria, desapareciendo de hecho, por la vía de la expropiación, las llamadas Lenguas de San Juan de Provenza, Auvernia y Francia. A partir de esos momentos, el emperador de todas las Rusias, Pablo I, acudió en ayuda de la Orden y del Papado, al considerarlos bastiones eficaces contra la propagación de la Revolución por el resto de Europa; además de ser consciente del valor estratégico de la pequeña isla de Malta.

El zar deseaba continuar la política expansionista de su madre, la zarina Catalina II la Grande, y ambicionaba vencer y conquistar al Imperio Otomano. La derrota de la Sublime Puerta de Constantinopla favorecería la penetración rusa en el Mediterráneo, donde su flota necesitaría bases como Malta. Tales planes pudieron ser tachados de desmesurados, pero nunca de megalómanos como han defendido, interesadamente, historiadores británicos o pro-británicos contemporáneos, para justificar la invasión de la isla por sus ejércitos. En enero de 1797, el autócrata ruso y el Gran Maestre de la Orden de Malta, fray Emmanuel de Rohan-Polduc firmaron un acuerdo por el que se producía el nacimiento de la Lengua Anglo-Bávara-Rusa, en donde resultaba una novedad el Gran Priorato de Rusia de la Orden de Malta, heredero del Gran Priorato de Polonia. Su sucesor, fray Ferdinand Von Hompesch (1797-1799) proclamó a Pablo I como Protector de la Orden, enviando la Gran Cruz de la Orden de Malta a la Familia Imperial, al canciller y al vicecanciller ruso. Culminaba, de esta manera, una política de acercamiento largamente gestado, que Napoleón destrozó con su conquista de la isla.

El 26 de agosto de 1798, un número de caballeros -miembros del Gran Priorato de Rusia- declararon depuesto al Gran Maestre Hompesch y el 1 de septiembre, el zar Pablo asumió la suprema dirección de la Orden. Al mes fue proclamado Gran Maestre, creando el Gran Priorato no católico, donde se integraron aquellas personas que fueron invitadas a hacerlo por el soberano y que no profesaban esa religión. La situación fue aceptada por la mayor parte de los Grandes Prioratos europeos salvo los asentados en la Monarquía española que se mostraron contrarios. Carlos IV ordenó la incorporación de los mismos a la Corona en 1802 originándose, por ello, una crisis de fidelidades, al considerarse los reyes de España también como Grandes Maestres de la Orden.

Aunque Roma comprendió los beneficios que otorgaba a sus intereses la protección del zar, se negó expresa y reiteradamente a reconocerlo como Gran Maestre, incluso a posteriori, y a ratificar o convalidar sus actos como tal. El papa Pío VII se negó continuamente a pesar de la insistencia de Pablo I y de su hijo Alejandro I, que intentó conseguir estos poderes con sus difíciles y duras negociaciones para resolver un incidente tan conflictivo con la corte pontificia.

Sin embargo, Pío VII nunca reconoció la abdicación de Hompesch hasta el 16 de septiembre de 1802, de tal manera que, aun agradeciéndose los impagables servicios del difunto Pablo I, sólo se le tuvo en las listas oficiales como Gran Maestre de facto, como una generosa concesión. Durante este período el emperador de Rusia había legislado incansablemente, dotando a los prioratos rusos de bienes de toda índole, que incluían miles de siervos, nombrando innumerables caballeros, encomiendas hereditarias y novicios. Llegó hasta incluir la cruz sanjuanista en las armas del Imperio, en insignias de regimientos y en emblemas de instituciones. Hizo profusa ostentación de las insignias de la soberanía de la Orden y mandó ejecutar varios juegos de corona y tronos con sus emblemas. Según algunos de sus enemigos, su odio hacia los revolucionarios y la situación crítica del papado entre 1799 y 1800 le llevó a meditar la posibilidad de encabezar un movimiento religioso ecuménico y unificador, dentro del cual podría ser proclamado papa, pues, de hecho, era cabeza de la Iglesia ortodoxa de Rusia.

En septiembre de 1800, los británicos, enfrentados con Bonaparte, tomaron la isla de Malta. La crisis entre Londres y San Petersburgo fue radical y el peligro de guerra entre el zar y Su Graciosa Majestad Británica muy real. Sin embargo, el asesinato de Pablo I en marzo de 1801 -fruto de una conspiración apoyada por el embajador británico- detuvo esa posibilidad.

El nuevo emperador, Alejandro I, se declaró Protector de la Orden de San Juan, pero no asumió el título de Gran Maestre, solicitando el nombramiento de otro personaje, tal y como se recogían en los estatutos. El papa Pío VII, por breve de 9 de febrero de 1803, eligió como Gran Maestre a fray Juan Bautista Tommasi (1803-1805), al que el zar envió los archivos y los atributos de soberano, aunque no algunas reliquias que permanecieron en la capilla imperial.

El lector interesado puede acudir a

Antonio Moral, Pío VII. Un papa frente a Napoleón, Madrid, Sílex, 2007.

José Luis Sampedro, “La Orden de Malta y el Imperio ruso. II Centenario de la conquista de Malta por Napoleón Bonaparte”, Nobilità. Rivista di Araldica, Genealogia, Ordini Cavallereschi, 28 (1999) pp. 71-84.

Profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.