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¿Un reino borbónico para Texas?


Mauricio Carlos de Onís y Mercklein (Dresde, 17 de septiembre de 1790 - Madrid, 24 de noviembre de 1861) fue un diplomático y político español. / Wikipedia. Mauricio Carlos de Onís y Mercklein (Dresde, 17 de septiembre de 1790 - Madrid, 24 de noviembre de 1861) fue un diplomático y político español. / Wikipedia.

En estos días he tenido acceso a la correspondencia personal de Luis de Onís a su hijo Mauricio Carlos desde Filadelfia entre 1809 y 1819. Esta correspondencia es reveladora de la personalidad de Onís, un veterano diplomático formado en Alemania, que vivió las convulsiones de la guerra y de la revolución liberal durante la segunda década del siglo XIX en Estados Unidos, coordinando de facto a las autoridades del imperio español en América y firmando un tratado en 1819 que cedía las Floridas a cambio de preservar la frontera de Texas y retardar el reconocimiento de los insurgentes en Iberoamérica.

Antes de la forma del Tratado, en su correspondencia personal se encuentra un sorprendente medio para preservar los dominios de la Monarquía en Norteamérica que consistía en crear un reino en Texas y parte de las provincias internas de Nueva España (Nuevo México, California,…) para algún miembro de los Borbones españoles. Con anterioridad, Onís también había sugerido esta posibilidad para otros virreinatos americanos, en la estela de lo que décadas antes había propuesto Aranda.

La frontera de Texas estaba en cuestión desde la cesión de la Luisiana a Napoleón, y había sido objeto de negociaciones en Madrid y de comisiones de delimitación en 1805, estableciéndose de facto una zona neutral entorno al río Sabina. En 1809 apenas doscientos soldados protegían los presidios españoles de San Antonio y Bahía en Texas, según informaba a la Junta de Sevilla, el marino, establecido en Cuba, Juan Jabat. El marino había sido enviado a México con la misión de inspeccionar y asegurar la fidelidad a Fernando VII del virreinato, que incluía la destitución del virrey Iturrigaray, recabando informes del militar asentado en San Luis Potosí, Félix Calleja, futuro virrey debelador de la insurgencia, y Nemesio Salcedo, gobernador de las Provincias internas orientales. Los planes de defensa y colonización propuestos por Jabat para Texas pretendían que se enviaran 2000 soldados presidiales que se convirtieran con el tiempo en colonos del desierto territorio.

Las autoridades españolas trataron de impedir las incursiones de aventureros y exploradores, pero desde la invasión napoleónica de España, el miedo a que emisarios de los franceses o españoles colaboracionistas con José I incursionaran en Texas o Nueva España obsesionaron a Onís. En efecto, el embajador temió que cubano y teniente general marqués de Casa Calvo y el almirante Mazarredo dirigieran operaciones para ocupar Texas o incluso desembarcar en Tampico o Veracruz. Casa Calvo había sido gobernador de Luisiana y participado en la comisión delimitadora del territorio en 1805. En 1811 se había sublevado el líder texano Las Casas en San Antonio, siendo neutralizado por el gobernador Salcedo. En 1812, otro insurgente, Bernardo Gutiérrez de Lara, con apoyo americano, incursionó en Texas, proclamando la República, y ejecutando al gobernador español, hasta que los insurgentes comandados por el ex diputado cubano Álvarez de Toledo fueron derrotados en agosto de 1813 en la batalla de Medina. La violencia de la guerra y la represión desertificó aún más el territorio texano. Aunque el ejército podía neutralizar las incursiones, el naciente estado mexicano no tenía capacidad de poblar el desierto territorio. Como diría el escritor y político Justo Sierra, el imperio hispánico había dejado una pesada herencia de un enorme territorio despoblado a la república mexicana.

El gobierno de los Estados Unidos emprendió negociaciones desde 1816 con Onís, pretendiendo llevar la frontera hasta el río Bravo y hasta el mar Pacífico, mientras que el embajador proponía volver al límite del Misisipi, como única barrera segura para el enorme territorio despoblado. Las demandas de colonización europea no terminaron de concretarse hasta el último momento previo a la independencia de México, formulada como un imperio ofrecido a los borbones españoles.

Hubo otras posteriores incursiones de exgenerales napoleónicos como Lallemand en 1818 y yanquees como Long en 1820, que fueron dispersadas por las tropas del virrey Apodaca, comandadas por el general Arredondo. El territorio texano formó parte del estado mexicano de Coahuila y Texas, con apenas 1500 pobladores, pero fue perdiendo población hispana hasta que en 1835 proclamó una república independiente, que terminó siendo anexionada por Estados Unidos diez años más tarde, pese al reconocimiento previo de Gran Bretaña y Francia. La consolidación de la república texana podría haber constituido una zona de seguridad para la inestable república mexicana, pero había una cuestión de honor nacional. Hubo diversas negociaciones con ingleses y franceses para implicarles en la recuperación de Texas, envuelta en una guerra de baja intensidad hasta 1845, pero el general Santa Anna se negó a aceptar la independencia de la provincia disidente, al igual que España que, después de una década de tentativas de reconquista, había firmado un tratado de reconocimiento de México en 1836.

Curiosamente, a Mauricio Carlos de Onís, hijo del diplomático que había firmado el Tratado de límites en 1819, y que había sido ministro de Exteriores interino entre diciembre de 1838 y febrero de 1839, y en propiedad entre julio y agosto de 1840, le fue propuesto ir como embajador a Estados Unidos o México, en el momento de la guerra entre México y Texas en 1841. La difícil herencia de la cuestión texana que había sido la pesadilla de Luis de Onís, pudo haber regresado así a la familia de diplomáticos.

Abdón Mateos López (Madrid, 1960) es un historiador español. Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, dirige el Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española y la revista semestral Historia del Presente. Fundador y presidente de la Asociación de Historiadores del Presente desde el año 2000.

Desde el año 2007 es responsable en la UNED de la Cátedra del exilio. En el año 2008 obtuvo la acreditación nacional de Catedrático de Historia Contemporánea. En el año 2009 obtuvo un segundo año sabático en Roma en la Universidad LUISS, financiado con la convocatoria nacional de Movilidad, y la Universidad de Las Palmas.

Actualmente dirige el proyecto de la Cátedra del Exilio (2011-16, patrocinado por el Banco de Santander) Emigrantes y exiliados en América después de la guerra civil. La construcción de una ciudadanía democrática, así como el proyecto de investigación del Ministerio (2012-16) "Historia del PSOE. Construcción del partido y reformismo democrático, 1976-1990".

Fue secretario general de ASU en Madrid.

Ha publicado recientemente Historia del PSOE en transición. De la renovación a la crisis (Madrid, Sílex, 2017).

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