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Diez y Once de febrero de 1873: llega la Primera República


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

“Durante la mañana del día 10 era imponente, tanto más imponente cuanto más sorda, la agitación de Madrid. El Gobierno estaba en crisis, crisis profunda que alcanzaba a la monarquía, y esto lo sabían algunos políticos y lo presentía todo el pueblo madrileño, que había presenciado las enconadas luchas de los monárquicos entre sí mismos, la incompatibilidad de sus tendencias políticas y sus rivalidades y odios personales, producido todo por la fuerza de las ideas republicanas que habían hecho el vacío en los hombres y partidos monárquicos y cercádolos de estímulos opuestos. La disolución del cuerpo de artillería fué la causa ocasional, la que hizo estallar el conflicto.

Estas noticias eran públicas a la tarde, por lo cual se abrió la sesión del Congreso, notándose en primer término la ausencia del banco azul de todos los ministros y en los pasillos idas y venidas y cierta agitación entre los principales hombres de aquellas Cortes, que revelaban lo gravísimo de la situación.

Después de algunas preguntas y de tomar en consideración con la mayor indiferencia algunos proyectos de ley, se presentó, al fin, y pidió la palabra el Sr. Figueras para preguntar par el Gobierno, por los ministros que no se hallaban en sus puestos, y rogando que, de no presentarse aquéllos, se pusiera á discusión la situación política de aquel momento, expresando que así lo exigía la gravedad de las circunstancias.

Llegó el Sr. Ruíz Zorrilla, preocupado, inquieto, anhelante. No sabía en realidad qué decir. Al fin manifestó que la situación era, en efecto, gravísima; pero que por lo mismo no podía manifestar oficialmente lo que había ocurrida en el Consejo de ministros, siendo cierto que éstos habían presentado sus dimisiones, esperando que resolviera la regia prerrogativa. Los republicanos no se die ron por satisfechos, dijeron que la crisis alcanzaba á las instituciones del país y que era preciso, que la salud de la patria exigía que la Cámara se constituyese en sesión permanente, presentando, al efecto, la siguiente proposición:

"El Congreso en vista de la gravedad de las circunstancias, se declara en sesión permanente:—Estanislao Figueras.—Antonio Kainos Calderón.—F. Pi y Margall.— Luis de Molini.—Nicolás Salmerón.—José de Carvajal.— Joaquín López Puigcervér.—Joaquín de Huelves.—Emilio Nieto.—Miguel Mathet.—Juan Anglada.—El marqués de la Florida. „

Al apoyar esta proposición el Sr. Figueras, dijo que le constaba que D. Amadeo había manifestado á sus ministros su resolución irrevocable de renunciar á la corona de España; por lo cual, á pesar de la viva resistencia del Gobierno, la proposición fue aprobada, quedando la mesa y una comisión de diputados, bajo la presidencia del inolvidable don Nicolás María Rivero.

Continuó la sesión el día 11 á las tres de la tarde, y ya allí se dio cuenta oficial de la renuncia de D. Amadeo á la corona de España, hecha en un documento en que se describe con los más vivos colores y con notable dignidad y verdad el estado de nuestros partidos monárquicos, los cuales lo tienen todo menos amor á la monarquía, convertida en objeto de sus especulaciones y en pretexto de su ambición y su codicia.

Entonces resolvió el Congreso invitar al Senado á reunírsele y constituir la Asamblea nacional, la cual aceptó la renuncia y despidió cortés y noblemente al vástago de Saboya, que prefirió caer como cumplido caballero á dar lugar á la revolución y derramamiento de sangre, que prefirió irse voluntariamente á pasar por la vergüenza infame de ser arrojado á tiros, como sucede con los monarcas que presumen de arraigo y de fuerza contra las conspiraciones y derecho de los pueblos.

Constituida la Asamblea nacional, nuestro amigo Sr. Pí y Margall presentó y defendió la siguiente proposición:

"La Asamblea nacional resume todos los poderes y "declara como forma de Gobierno de la nación la República, dejando a las Cortes Constituyentes la organización de esta forma de Gobierno. Se elegirá por nombramiento directo de las Cortes un Poder ejecutivo, que será amovible y responsable ante las Cortes mismas.—Pi y Margall.—Nicolás Salmerón.—Francisco Salmerón,—Lagunero.—Figueras.—Molini.—Fernández de las Cuevas.„

Esta proposición fué aprobada por 258 votos contra 32, é inmediatamente después fué elegido el Poder ejecutivo de la República.

Al dar cuenta el presidente del resultado de la votación y proclamados los elegidos, el Sr. Martos, ministro de Estado de la monarquía el día anterior, dio un ruidoso viva á la República.

Fueron elegidos ministros de la República los que el día antes lo fueron de la monarquía, Echegaray, Córdova, Beranger y Becerra, en cuyo nombre, habiendo aceptado el cargo, dijo el señor Echegaray:

"Bien sé, señores, que vuestra conducta podrá interpretarse de cierto modo; resuenan en mi oído con anticipación voces que nos acusan; veo ante mi frente sombras que nos acusan también, y entonces contracción nerviosa de dolor arquea nuestros labios; pero volviendo la vista dentro de nosotros mismos, mirando nuestras conciencias y viéndolas limpias, vuelvo la vista al derredor y sonrisa de desdén se dibuja en mis labios.„

El Sr. Figueras habló también para dar gracias á la Asamblea en nombre de los antiguos republicanos, repitiendo lo que ya había dicho el Sr. Pí y Margall, á saber: «Los miembros de este Gobierno nacional que pertenecemos al antiguo partido republicano, tenemos ideas sobre esta forma de Gobierno (la República) y la manera como ha de desarrollarse, que todos vosotros conocéis. Por necesidades del momento hemos hecho el sacrificio de estas ideas, dejando á las próximas Cortes Constituyentes que desarrollen la forma definitiva de la República.»

La extensión del discurso del Sr. Pí nos impide darlo hoy á nuestros lectores. Lo daremos mañana. Adujo argumentos incontestables en contra de la monarquía, y sobre la forma de la República y sobre la transacción entonces convenida con los antiguos radicales, dijo en esencia lo mismo que el Sr. Figueras.

Tal fué en extracto aquella sesión memorable. Pese á los conservadores, pese á todos aquellos cuya vida es un continuo trasiego, un tejido de apostasias, pese á todos los conculcadores de todo derecho y pese á los tiranos, este es un aniversario que debe celebrarse y que celebra el pueblo español. Entonces, en 1873, se arrojó la semilla republicana en el campo de las instituciones de España. Ya ha arraigado esa semilla. La República brota por todas partes, dominando las conciencias y dejando en la corrupción y en el vacío á los antiguos partidos. Ella dará su sombra y sus frutos de moralidad y justicia á la nación española.”

(La República, 12 de febrero de 1885).


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