La evocación de Pablo Iglesias por Manuel Cordero
- Escrito por Manuel Cordero
- Publicado en Historalia
En el sexto aniversario del fallecimiento de Pablo Iglesias, en diciembre de 1931, recordamos cómo evocó al “abuelo” el destacado Manuel Cordero:
“¡Pablo Iglesias! Figura inmortal que los hombres de emoción noble que dedicamos nuestros esfuerzos cotidianos a la obra de redimir a la Humanidad debemos evocar constantemente. Nació en hogar humilde. Sufrió en su espíritu y en su propia carne los zarpazos desgarradores del dolor de la pobreza y de la injusticia. La fortaleza de su ánimo, la entereza de su carácter, la firmeza de su espíritu, la pulcritud de su conciencia, su hombría de bien, la claridad de su inteligencia, el vigor de su talento, la generosidad de su alma hicieron de él una figura excelsa. Alcanzó las cumbres más elevadas del respeto y de la consideración humana por un imperativo de su propio valer. Ni la pobreza, ni la injusticia, ni la calumnia lograron abatirle. De todas las malas armas triunfó. Y triunfó pública y solemnemente, como triunfó día a día el ideal al que consagró toda su existencia.
Los españoles vivimos horas de máxima y fervorosa emoción. Pablo Iglesias era un grande, un excelso español. Sentía la emoción del dolor de su patria tan profunda e intensamente, que le arrancaba del alma las condenaciones más duras contra quienes, fingidos patriotas, explotaban y deshonraban a la patria. Inició su vida pública batallando por la redención de la clase trabajadora. ¡Tiempos aquéllos ¡Son los llamados tiempos heroicos del Socialismo! Y está bien adjetivada aquella jornada. Aquellos hombres, nuestros precursores, se movieron en un ambiente totalmente adverso. No sólo no había libertad para ellos, sino que estaban declarados fuera de la ley.
Teniendo, como tesoro del alma, las emociones y los sentimientos más puros, eran considerados como unos criminales. Y así se los trataba. La masa obrera se aparta de ellos por ignorancia, por espíritu de mansedumbre y servilismo. Tenía tan arraigada en su conciencia el prejuicio de su inferioridad, que se negaba a oír la palabra de sus redentores. Y a veces cometía la injusticia de maltratarlos. ¿Cómo iba el esclavo a alegar la superioridad de su amo? Antes negaba a Dios, en el que, por tradición, por Influencia sentimental creía. Ved, proletarios de hoy, si tienen interés las jornadas de ayer.
En ambiente favorable es fácil el cultivo. En donde hay que poner a prueba el valor de los hombres es en el ambiente adverso. Y aquellos hombres luchaban no sólo en un ambiente adverso, sino también hostil. El proletariado los desdeñaba, la burguesía los perseguía y el poder público los maltrataba, para favorecer con ello los privilegios de clase. Era un poder mercenario al servicio del privilegio, contra los sagrados derechos del pueblo. Pero aquellos hombres no vacilaron, y por eso triunfaron. Todas las causas justas tropiezan con dificultades en su camino, y en saber vencerlas está el secreto del éxito y de la victoria.
Pablo Iglesias, vencidas las primeras dificultades del ambiente, formados los dos organismos proletarios, que, saturados de su recto espíritu y de la austeridad ética ce su vida, se consagran a la obra de redimir al proletariado: el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores, consagró sus últimos años, sin olvidar un momento su ideario socialista, a la redención política de su patria. ¡La patria! ¿El obrero tiene o no patria? No la tuvo, pero debe tenerla y comienza a tenerla. La patria no es sólo una extensión geográfica sobre la cual se ejerce dominio y autoridad; es el ambiente, los medios de que el hombre dispone para vivir. El obrero no tuvo patria mientras las naciones fueron un feudo de los privilegiados; pero comienza a tenerla cuando, merced al esfuerzo colectivo, las clases feudales desaparecen y el hombre goza plenamente de sus derechos políticos y sociales. Derechos que son a la vez deberes. España era un feudo de la monarquía borbónica, clerical, aristocrática y militarista. Y contra esto luchó briosamente Pablo Iglesias. Aún se nos reproduce en la imaginación su figura recia, vibrante, asomada en la tribuna popular, en la otra época de la Conjunción republicano-socialista enfervorizando con su cálida palabra a las muchedumbres contra la monarquía. Eva su ideal su extinción. Sabía que el progreso de España no hallaría ancha vía para su realización sin hacer desaparecer la monarquía. Y además presentía, como cosa próxima e inevitable, su caída. Y ya cayó. Y desapareció por sus defectos, por sus errores, por sus pecados contra pueblo; pero a Pablo Iglesias, formador y educador de la masa obrera, se le debe la mayor parte del éxito de esta jornada. Sin Partido Socialista y una Unión General de Trabajadores fuertes, disciplinados, con conciencia y emoción de su responsabilidad, la implantación de la República hubiera sido difícil, o casi imposible, y acaso más difícil e imposible su consolidación. Pero llegamos, escribiendo estas líneas, a un punto ¿Cuál sería la actitud de Pablo Iglesias y su consejo a la masa obrera y socialista en esta, hora histórica de España? ¿Sería partidario de la participación en el Poder, o no?
Contrariando y venciendo su espíritu doctrinario, defendería la participación ministerial. Era hombre de visión certera, objetiva, fiel observador de la realidad. Los idealistas son buenos para la contemplación, para animar las ilusiones futuras, y sin abandonarlos hay que rendirse a la realidad. Y la realidad de España reclama nuestro sacrificio actual en aras del bienestar futuro.
El Socialismo es un ideal que ha de lograrse por etapas sucesivas, siguiendo la evolución y perfección de la conciencia colectiva y de los elementos materiales de la producción. Por eso nosotros, sirviendo hoy a la República servimos al Socialismo, porque o la República no es nada o traiciona sus postulados desacreditándose ante la Historia, o está obligada a abrir el camino a la realización, de una manera gradual, del Socialismo. En medio de las hondas contradicciones latentes en el estado de la conciencia universal, el Socialismo sigue el camino convergente de las corrientes más puras del espíritu humano para dar solución transitoria a los problemas que la Humanidad tiene planteados.
Y decimos transitoria porque todo lo es en la vida de los hombres. El hombre mismo es una figura de tránsito, de paso. La evolución y el progreso son leyes permanentes de porvenir indefinido e indeterminado, en constante movimiento de renovación y perfección social. ¿Y quién es capaz de pronosticar el fututo de la Humanidad? Evoquemos, pues, en el fondo de nuestra alma, al intervenir en la vida pública, la figura excelsa e inmortal de Pablo Iglesias, e imitémosle en su sana y fervorosa pasión.”
(Fuente: El Socialista de 9 de diciembre de 1931).