Los cambios fiscales en la República: la Ley Carner
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Historalia
En la Segunda República se planteó una reforma fiscal de la mano del republicano independiente catalán Jaume Carner, que fue nombrado ministro de Hacienda por Azaña en el primer Gobierno constitucional, en diciembre de 1931, responsabilidad en la que estuvo casi dos años, hasta que tuvo que dejarlo por sufrir una enfermedad terminal.
Carner tuvo que hacer frente a graves problemas hacendísticos porque el déficit era muy grande. En marzo de 1932 planteó el Presupuesto de liquidación de deudas y de saneamiento de la Hacienda. El político catalán no era partidario de establecer una profunda reforma hacendística porque pensaba que podría ocasionar una caída de la recaudación con la consiguiente repercusión de atender los servicios públicos, pudiendo ser letal para la República, siempre considerada como un régimen frágil.
Pero, en realidad Carner merece un puesto destacado en la historia de la hacienda española porque sería el primero que consiguió establecer un cambio fundamental. Presentó un proyecto de Ley de Contribución General sobre la Renta, es decir, el primer impuesto sobre la renta. Carner se inspiró en el proyecto fallido de Calvo Sotelo en la Dictadura de Primo de Rivera, y que, en cierta medida también encuentra inspiración que había planteado en su día Flores de Lemus, y otra serie de políticos en el régimen constitucional de Alfonso XIII.
En el proyecto de ley se decía que el sistema tributario español faltaba un elemento esencial que ya había sido aceptado en “todos los pueblos cultos” y de una economía nacional desarrollada. Por fin, se afirmaba que el Gobierno pretendía transformar el sistema tributario español combinando los principios de justicia fiscal con las exigencias del tesoro público.
El impuesto aprobado era un tributo complementario, a diferencia de lo que ocurre hoy en día. Se superponía a los impuestos de producto y gravaba a un grupo reducido de ciudadanos, aquellos contribuyentes que tuvieran rentas superiores a cien mil pesetas, una cantidad muy sobresaliente en los años treinta. La tarifa impositiva comenzaba con el 1% y podía alcanzar hasta el 11% cuando se excedía el millón de pesetas. Como vemos, no era un impuesto general como el que está en vigor en la actualidad. Parece como si la República intentara introducirlo poco a poco, aplicándose a las rentas más altas. Por otro lado, era una manera para que el pueblo español conociese quienes tenían esas rentas. También hay que tener en cuenta, como el mismo Carner afirmó ante las Cortes que el Estado no disponía de la organización administrativa necesaria para hacer frente a un impuesto de la renta general.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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