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El socialismo inicial en los Estados Unidos. Cuarta Parte


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Por su parte, Debs era natural del estado de Indiana, y siendo un adolescente comenzó a trabajar en el ferrocarril, adquiriendo una acusada conciencia sindical. Estuvo en la Brotherhood of Locomotive Firemen, donde fue secretario y tesorero a los 25 años.

Fue partidario de que el sindicalismo debía reforzarse más allá de la exclusividad de los sindicatos ferroviarios. En 1893 formó la American Railway Unión para que representase a los ferroviarios en ese proceso. En este sentido sería, además, uno de los fundadores del IWW, es decir, el Industrial Workers of the World, nacido en Chicago en 1905 por obra de socialistas, anarquistas y sindicalistas contrarios a la AFL (American Federation of Labor). Tanto este sindicato como Debs fueron muy críticos con el sistema capitalista.

Debs se enfrentaría duramente con el otro gran líder sindical norteamericano, Samuel Gompers, por considerar que representaba un sindicalismo conservador.

Debs se destacó en la huelga contra la Great Northern Railroad, pero a raíz del conflicto con la Compañía Pullman de Chicago entró en la cárcel.

El paso por la cárcel le cambió, como hemos expresado por su contacto Berger. Se puso a trabajar en lo que sería el Partido Socialista. Fue su candidato presidencial hasta en cinco ocasiones, siendo la última en las elecciones de 1920. En esas elecciones alcanzó el 6% del electorado total, y eso que se encontraba encarcelado porque se le había condenado por sedición al oponerse la entrada de los Estados Unidos en la Gran Guerra. No saldría hasta 1921 porque el presidente Harding conmutó su pena.

En todo caso, no podemos dejar de señalar que, anteriormente Debs había pertenecido al Partido Demócrata, y dentro de sus filas fue elegido para la cámara de su estado natal a mediados de la década de los años ochenta del siglo XIX. Murió en Illinois en 1926 a raíz de complicaciones de salud derivadas de su estancia en la cárcel.

Una mención específica para el caso norteamericano merece el conocido como georgismo. El término hace referencia a las ideas del economista norteamericano Henry George (1839-1897), y que también ha recibido el nombre del movimiento del Single Tax o impuesto único o simple. El georgismo partía de una dualidad. Todo lo que el hombre produce le pertenece, pero lo que proporcionaría la naturaleza, especialmente la tierra, sería de la Humanidad. Así pues, por un lado, se defiende la propiedad privada, que debería quedar libre de imposiciones tributarias, frente al uso de bienes naturales, como la tierra, insistimos, sobre la que sí debería establecerse la imposición fiscal.

Pero en el seno del georgismo, hubo distintas tendencias sobre el uso que debería darse al rendimiento de esa imposición. Unos opinaban que debía ir al Estado, como un ingreso en sus presupuestos, frente a otros que pensaban que debía constituir el fondo de una renta básica para la ciudadanía. En este sentido, la mayoría de los seguidores de estas ideas se inclinaría más por esta solución porque la mayor parte de sus seguidores consideraban que si todo el rendimiento del impuesto iba hacia servicios asistenciales públicos se aumentaba la burocracia, además de atentar, en un sentido muy norteamericano, si se nos permite la apreciación, contra la libertad del individuo para disponer como estimase oportuno la renta a la que tenía derecho. El impuesto, por lo tanto, recaería en el valor del bien, calculándose dicho valor en función de mercado, pero no sobre lo que rendía ese bien porque eso atacaría a la propiedad privada.

El georgismo, en cierta medida, recibió una clara influencia de la fisiocracia francesa, y puede tener alguna connotación socialista, pero, es evidente que fue una filosofía económica extremadamente respetuosa con la propiedad privada, considerada un derecho natural, en la línea de lo expuesto por Locke, además de defender el liberalismo económico, inaugurado con Adam Smith. La originalidad partiría del planteamiento fiscal. En este sentido, parece muy significativo cómo un destacado socialista y luego comunista español, Antonio García Quejido, advirtió ya en 1912 que no estaríamos ante una ideología socialista. Las razones eran varias.

En su opinión, Henry George creía que el origen de la miseria se encontraba en el monopolio del suelo, sin conceder importancia a la compra de la fuerza de trabajo ni a la acumulación de éste, que constituía el capital, llegando a la conclusión que se terminaría con el problema estableciendo el impuesto único. Por el contrario, el socialismo estimaba que no sólo era ese el remedio aplicable al mal, porque se olvidaba que la plusvalía del trabajo era lo que proporcionaba medios al capital para conseguir la creación de inmensas riquezas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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