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La Gran Logia Española (GLE) entre 1886 y 1939


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

Rosendo Arús, apoyado por Federico Castells, Cristóbal Litrán, Lorenzo Frau, Eduardo Fontseré, entre otros, constituye en 1886, en Cataluña, la Gran Logia Catalana-Balear, con carta patente del Grande Oriente Lusitano Unido. Tiene su origen en un grupo de masones de filiación republicana y librepensadora, que trabaja en el rito francés. Se declara partidaria del Estado Catalán dentro de la Federación Ibérica. El catalán es la lengua oficial. Defienden la separación del simbolismo frente al filosofismo y con ello, se niegan a supeditarse a los liberales de Madrid que controlan el Supremo Consejo.

Tras la crisis finisecular mantiene sus tres pilares básicos: republicanismo, anticlericalismo y librepensamiento, logrando expandir sus valores fuera de Cataluña.

En 1914, se convierte en la Gran Logia Regional Catalana-Balear (GLRCB), estableciendo pacto de amistad con el Gran Oriente Español (GOE). Este pacto otorga a la GLRCB la competencia de expedir certificados de los dos primeros grados, lo que es un contrasentido, puesto que por definición una Gran Logia tiene competencia sobre los tres grados simbólicos. Por otro lado, tiene derecho a un solo diputado en las Asambleas nacionales y le prohíbe tener relaciones oficiales con obediencias extranjeras. Todo ello, genera malestar y una situación insostenible para muchos.

En 1919, la GLRCB propone una reordenación territorial de la masonería, es decir, un sistema federal y el abandono del dominio centralizado del Gran Consejo de la Orden del GOE. Estas ideas son calificadas como “disparatadas y sin recurso posible”, lo que no es más que el reflejo de la oposición a la campaña de autonomía catalana que se había iniciado unos pocos meses antes, pero también, un intento de mantener el control masónico por parte de los grados filosóficos, que están próximos o militan en el reformismo republicano. En el fondo existen razones más profundas, que están relacionadas con los enfrentamientos tradicionales entre ambas obediencias.

Ante esta situación en 1920 el propio GOE renuncia al acuerdo, siguiendo ambas organizaciones caminos diferentes. Es el momento en que la GLRCB intenta ser reconocida por varios cuerpos masónicos extranjeros como el Gran Oriente de Francia, la masonería italiana e incluso la inglesa. Sus dirigentes consideran que la deben transformar en una entidad estatal, cambiando el nombre por el de Gran Logia Española (GLE).

En la asamblea extraordinaria del 15 al 17 de marzo de 1921 es cuando, de forma oficial, la Gran Logia Simbólica Catalana-Balear pasa a denominarse Gran Logia Española (GLE). Mantiene su sede en Barcelona, siendo dirigida por el Gran Maestre Francesc Esteva i Bertrán.

La GLE prescinde de la invocación al Gran Arquitecto del Universo puesto que su racionalismo le exige no obligar a sus miembros a tener cualquier tipo de creencia y le hace desligarse de cualquier creencia religiosa o especulación filosófica.

El golpe de Estado de Primo de Rivera y la Dictadura que le sigue merece la crítica de Esteva y de la GLE, pero estas críticas las expresan de modo interno. El Gran Maestre dirige una instancia al Directorio Militar en mayo de 1924 para gestionar la promulgación de una disposición que reconociera “la existencia legal de la Masonería Universal, representada en España por la Gran Logia Española, cuya sede radica en Barcelona”. La carta de Esteva no tiene respuesta, pero es vista como una traición por el GOE.

Esteva pretende presentar a la GLE como adaptada al régimen. En su discurso defiende el patriotismo de la masonería. Es por ello por lo que, en noviembre de 1927, cuando Primo de Rivera en el periódico El Debate señala a la masonería como parte de los que “hacen daño a España”, replica negándolo el 27 del mismo mes.

La política de no-intervención pretende garantizar la existencia de la GLE, aunque no deja de ser una declaración de intenciones con el fin de conseguir el beneplácito del régimen que está muy alejada de la realidad de las logias.

En junio de 1929, Primo de Rivera proyecta la elaboración de una nueva Constitución, momento en que la GLE toma una postura intervencionista, formando parte de muchas de las movilizaciones contra la Dictadura.

Primo de Rivera dimite el 28 de enero de 1930 y ante ello, la asamblea de la GLE de 1930 se posiciona con la oposición al Régimen, llegando a varios acuerdos con esta: constitución de un bloque nacional de izquierdas, la unidad electoral en torno al candidato de este bloque, el compromiso de llevar a las Cortes leyes que reconozcan las libertades y derechos de la ciudadanía, la separación de la Iglesia y del Estado, la enseñanza laica y la proclamación de la soberanía popular.

En la Gran Asamblea Ordinaria que la GLE celebra en Madrid los días 8 y 9 de junio de 1930, se observa un patente descontento de sus miembros que no entienden el posicionamiento de su Gran Maestro contra el GOE. Más cuando un mes antes, el GOE había propuesto la unión de ambas obediencias.

La GLE se felicita por la llegada de la República y se dirige a los miembros de la masonería con cargos públicos para rogarles que sean “leales custodios de estos caudales morales que se les confían”, una forma de decirles que antes de miembros de partido son miembros de la Orden.

De hecho, el primer paso del Gran Maestre Esteva, tras la proclamación de la República, es visitar al presidente del Gobierno Provisional para felicitarle y enviar un telegrama a las asociaciones masónicas de cuarenta y cinco países de Europa y de América, informándoles de la instauración de la República y pidiéndoles que soliciten a sus gobiernos “el pronto reconocimiento del nuevo Régimen español”.

La GLE emprende una política intervencionista por medio de acciones puntuales dirigidas a los medios de Comunicación, los diputados y los miembros del Gobierno. Lo que no puede hacer por medio de su influencia masónica, lo realiza por medio de demandas al nuevo poder republicano.

En la Gran Asamblea de la GLE del 23 y 25 de mayo de 1931, acuerdan publicar una declaración más propia de un partido político cercano al radical socialista que de una obediencia masónica. Esta Declaración de Principios se envía a los ministros y los miembros de las Cortes el 20 de julio y se publica en su boletín con el título “La Gran Logia Española ante el proyecto de Constitución”.

Cuando finalmente se discute el proyecto constitucional en las Cortes, la GLE, con motivo de la discusión de los artículos referentes a la cuestión religiosa, despliega una triple campaña. Por un lado, envía un mensaje al presidente de las Cortes y al presidente de la República solicitando su apoyo a la separación de la Iglesia y del Estado, la supresión de las órdenes religiosas, la incautación de sus bienes y la anulación de las subvenciones públicas. Por otro, volviendo a exigir a los diputados masones el cumplimiento de sus deberes masónicos. Por último, promueve desde sus logias manifestaciones públicas anticlericales.

En la Gran Asamblea de 1932, se proponen sanciones a todos sus miembros que no cumplan con su deber masónico en toda circunstancia política. Las propuestas son inútiles, ya que la pertenencia masónica es secundaria respecto a la política.

En la Gran Asamblea de junio de 1933, se elige al Gran Maestre. En las votaciones Mariano Larrañaga obtiene doscientos cuarenta y dos votos frente a los doscientos cuarenta y seis votos de Francisco Esteva. Pero, Esteva renuncia al cargo y Mariano Larrañaga es nombrado Gran Maestro y Juan Sarradell, Gran Secretario. De esta manera el equipo directivo deja Barcelona y pasa la sede a Madrid.

Desde ese momento, la GLE tendrá dos sectores bien diferenciados: el catalán, radical, nacionalista y con tendencia socialista; y el resto de la obediencia con posturas más moderadas.

Son años en los que una serie de sucesos conmociona a la GLE: la penetración de la política en las logias, la situación en Alemania con la llegada de Hitler y un nuevo activismo de las derechas. La situación política a partir de 1934 se complica aún más. Las tensiones profanas penetran en las logias y la actitud del gobierno de Lerroux con las derechas exacerba a la masonería.

Larrañaga rechaza el carácter político de la masonería, reconociendo que sus ideales se insertan en la divisa republicana: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Admite la diversidad de opiniones políticas y de su puesta en práctica, así como la distinta pertenencia partidista de sus miembros, pero a la vez, defiende que la fraternidad tiene que regir las relaciones y los acuerdos de las logias no pueden contener consignas partidistas. En definitiva, invita a “volver a los trabajos masónicos”.

Esta circular levanta críticas en parte de la GLE. El sector político se opone y la crisis termina en julio de 1934, con la división de Larrañaga y Sarradell, siendo sustituidos por Luis Rodríguez Guerra como Gran Maestre y Álvaro Guzmán como Gran Secretario.

Es imposible frenar las posturas de politización y la GLE participa en todos los foros antifascistas (Liga Española de los Derechos del Hombre, Comité Español de Lucha contra la Guerra y el Fascismo, Frente Antifascista Internacional y Socorro Rojo Internacional, entre otros).

En octubre de 1934 sufre un importante parón provocado por los acontecimientos revolucionarios, en junio de 1935 es elegido Gran Maestre Juan Sarradell Farras y se lleva a término la reforma constitucional y en enero de 1936, cuando se comienzan a perfilar las elecciones, la GLE manda una circular a sus logias instándolas a que apoyen al Frente Popular.

La GLE vive con más incidencia sus propias contradicciones políticas. Además del problema de los miembros del partido Radical tiene que enfrentarse al nacionalismo catalán, la fuerte movilización política de sus miembros radical-socialistas, socialistas y algún comunista. Gestión difícil y dura para una obediencia pequeña y en crisis permanente.

Se podría afirmar que la sublevación de julio de 1936 no destruye a la GLE puesto que esta está en vías de disolución. Así, y como el resto de la masonería, con el fin de la guerra en 1939 y la instauración del franquismo queda totalmente desbaratada y sus miembros perseguidos sin ningún miramiento.

Funcionario del Cuerpo de Gestión de Sistemas e Información de la Administración General del estado. Actualmente destinado en el Ayuntamiento de Madrid como jefe de Unidad en la subdirección general de Comunicaciones del Organismo Autónomo Informática Ayuntamiento de Madrid (IAM). Doctor en Historia e historia del arte y territorio con la tesis “Masonería y Política en Madrid (1900-1939). Miembro del Centro de Estudios históricos de la Masonería Española (CEHME). Miembro del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. Libros: La quema de conventos de mayo de 1931 en el Madrid republicano. El anticlericalismo de la gasolina y la cerilla. Saarbrücken, Academia Española, 2015, y La masonería madrileña en la primera mitad del siglo XX. Madrid, Sanz y Torres. 2019.


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