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Luis de Armiñán, El duelo en mi tiempo


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En las épocas en los que el honor definió la reputación de un ser humano, la ley no resultaba suficiente para restaurar la dignidad de su nombre, de ahí el éxito y perduración temporal de los duelos en diversas edades y civilizaciones históricas. Luis de Armiñán (1871-1949), que vivió la época de la Restauración canovista siendo diputado del Partido Liberal, llegó a implicarse en duelos como participante y padrino, por lo que acumuló suficiente experiencia para explicar al gran público qué significaron y por qué se realizaban. Como la primera edición se imprimió en 1950, puede ser una buena ocasión para que los lectores interesados en la historia cultural y social de España se acerquen a una costumbre que segó la vida de numerosos hombres de la elite, ahora que se reedita en ediciones Ulises.

Como señala en el prólogo la profesora Raquel Sánchez, el duelo para los hombres de ese periodo entre el siglo XIX y el XX tuvo un sentido muy profundo, ligado a la identidad de una masculinidad imperante. Sobre todo de la propia de las clases superiores -aristocráticas y burguesas- a la cual las emergentes clases medias querían imitar, pues la pelea en la calle era la propia de la masculinidad de los grupos sociales bajos. Pero, tras las guerras mundiales y la civil española, dejó de tener sentido. La defensa del honor individual ante tanto desastre bélico entró en crisis y sentenció al duelo a su definitiva desaparición. Pues, como relata Armiñán, si bien existieron, desde hace siglos, normativas, leyes y prohibiciones oficiales contra el duelo, apenas se les hacía caso. Numerosos grupos humanos e individuos aceptan el hecho y colaboraban en su desarrollo.

A través de sus páginas el autor desvela la importancia de los padrinos como mediadores para buscar una solución antes del duelo, como responsables del correcto desarrollo y de poner fin al mismo. En numerosas ocasiones, los padrinos lograron anular el duelo, pero, en otras, no tenían más remedio que participar para intentar que se realizara el menor daño posible. Armiñán explica la importancia de un determinado tipo de pistolas mortíferas, elegidas en algunas ocasiones y peligrosas por sus resultados; la elección de un lugar adecuado, destacando la utilización de la finca de Sabater, en los alrededores de Madrid, cuyo dueño se arrepintió en muchas ocasiones de haberla prestado para tal fin.

Las anécdotas sobre duelos entre políticos, periodistas, militares y caballeros se suceden a lo largo del libro. En la mayoría de las ocasiones, una mujer se encontraba detrás de sus orígenes, aunque también lo que algunos consideraban una ofensa verbal por discrepancias de todo tipo. Así, se describe el duelo entre el capitán Paredes y el marqués Pickman en Sevilla; entre amigos enamorados de una misma mujer como el capitán Deaucivil y su compadre Jorrín a espada; entre el capitán Primitivo Clavijo y Teodomiro Manfredi, que no finalizó con el último tiro pues el primero llegó a disparar en su despacho al capitán general de Madrid, Fernando Primo de Rivera, días más tarde.

Además, se nota que el autor, amigo del también diputado liberal Natalio Rivas, reúne un conjunto de anécdotas de esa época, como la de Sagasta con las cartas de Isabel II, las formas de pensar del general Weyler, la manera en que llegó a ser diputado, etc. Entre los duelos entre políticos destaca el que se desarrolló entre Vicente Blasco Ibáñez -diputado republicano- y el capitán Alastuey con ocasiones de unas palabras dirigidas por el primero al Ejército en el Congreso de los Diputados; o aquel entre el conservador Sánchez Guerra y el diputado Rodrigo Soriano, además de una serie de encuentros entre periodistas y escritores.

Armiñán, amigo de tertulianos y de todos los miembros de las generaciones de 1898 y 1914, enamorado de la literatura española del siglo de Oro, dedica un capítulo inicial y otro final a la historia e impronta del duelo en los escritores de esa época. Se pregunta por el ideal del honor calderoniano y su posible influencia hasta principios del siglo XX en la conformidad de costumbres y definición de lo que se consideraba que debía hacer un hombre de honor.

 

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea por la UAM.