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La izquierda y la masonería en la Historia de España entre el siglo XIX y el XX. III


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

En relación con el comunismo, el republicano y masón Augusto Barcia, un personaje fundamental tanto en la política como en la masonería españolas, además de por sus ideas sobre la separación entre ambas dimensiones, proporciona una valiosa información en su intervención en el GOE en el Convento masónica de Ginebra de otoño de 1925 a propósito de la pregunta del gran maestre sobre si la masonería española admitía a comunistas, contestando que los masones que se habían hecho comunistas, ya que, como bien sabemos, se acababa de fundar el PCE, habían dejado la masonería porque lo prohibía la Tercera Internacional, y citó el caso, quizás más importante en España. Nos referimos a Daniel Anguiano, socialista destacado y que fue un decidido defensor de la entrada del PSOE en dicha Internacional después del viaje que realizó con Fernando de los Ríos, hermano masón como él, pero contrario a ese ingreso. Pues bien, ante la disyuntiva de las dos lealtades eligió, al final, seguir siendo masón. En tiempos de la República regresaría al PSOE. Por otro lado, no deja de ser interesante que dos masones fueran los encomendados para realizar el viaje a Rusia.

La cuestión masónica en el seno del comunismo no sólo partía del hecho de la incompatibilidad con sus principios, como se había visto en el caso del socialismo, sino también se instrumentalizó en el empeño bolchevique de solucionar desde su perspectiva las divisiones internas en el seno de los partidos comunistas, como ocurrió en Francia. Si Anguiano fue de los que decidió seguir siendo masón y luego regresar al seno del socialismo, otros personajes hicieron el camino contrario, como Andreu Nin o Rafael Vidiella, que habían desempeñado importantes oficios en sus respectivas logias. Aunque el primero terminaría siendo asesinado por su compromiso trotskista, el segundo estaría en el PSUC y tendría una posición relevante en el PCE.

Por otro lado, otro de los factores a tener en cuenta en el antimasonismo concreto del comunismo español tiene que ver con la postura casi generalizada de la masonería contra la III Internacional.

En el ámbito anarquista español es muy conocida la pertenencia a la masonería de importantes libertarios. En este ámbito podemos señalar que estos personajes tenían muchos puntos en común con la masonería, como todo lo relacionado con el libre pensamiento y la fraternidad universal, además de que como no pertenecían a organizaciones de ningún tipo y, por lo tanto, no podían generarse posibles incompatibilidades como podría ocurrir con el socialismo o el comunismo, mucho más estructurados. Víctor Guerra, por su parte, considera que esta relación se basaría en dos factores. En primer lugar, por el carácter anticlerical de la masonería y, en segundo por lo que denomina la “visión secularizada del mesianismo de ambos colectivos que les lleva a trazar lazos en pro de constituirse como una alternativa totalizadora”, y que ambos beberían de la fuente de la Ilustración.

Así pues, Rafael Farga Pellicer, Anselmo Lorenzo, Fermín Salvoechea o Ferrer i Guardia serían ejemplos notorios de hombres que abrazaron las ideas libertarias y que fueron masones. Frank Mintz explica en el caso de Ferrer i Guardia que su condición de masón le hacía defender una especie de unión entre la burguesía atea de izquierdas y el movimiento obrero.

En vísperas de la guerra, justo cuando en el seno del socialismo madrileño se debatía la incompatibilidad entre pertenecer al Partido y ser masón, el Congreso de Zaragoza de la CNT aprobó una resolución que prohibía que los masones ostentasen responsabilidades. En todo caso, hubo un número importante de anarcosindicalistas que fueron masones, como Manuel Fabra, por ejemplo. Pero fijémonos que el asunto aparece cuando existe una organización, en este caso sindical, por lo que se podría plantear la cuestión de la incompatibilidad.

En la FAI también se trató la relación con la masonería en plena guerra civil. En este sentido es sumamente interesante el debate que se produjo en el Grupo Orto en junio de 1937. Hubo dos posturas, aunque al final no se tomó ninguna resolución. Para algunos de los primeros intervinientes no sólo no era incompatible la pertenencia a ambas organizaciones, sino que hasta se animaba a los compañeros preparados para ingresar en la masonería porque de esa manera se conocerían muchas cuestiones sobre quien manejaba los hilos de la política internacional, demostrando una concepción basada en uno de los más destacados prejuicios sobre la masonería, y que como sabemos, compartían sectores ideológicos diametralmente opuestos. En este debate intervino Eleuterio Quintanilla, un anarquista de primera fila, además de pedagogo y discípulo de Ricardo Mella, que disertó sobre el carácter de la masonería, defendiendo la compatibilidad entre ambos mundos, poniendo ejemplos de anarquistas que fueron masones. Pero Niceto de la Iglesia defendió una postura contraria porque no entendía cómo podían convivir anarquistas con masones que en la vida política y social tenían actuaciones desastrosas. El debate siguió entre ambos, pero el Grupo decidió que no se tomaría por el momento ninguna resolución. Quintanilla había pertenecido a la masonería y sabía, por lo tanto, de lo que hablaba, pero, al parecer, ya no pertenecía por cuestiones personales.

En conclusión, solamente el comunismo se enfrentó directamente y completamente a la masonería, lo que llamaría la atención a muchos lectores, habida cuenta de la identificación que hizo el franquismo entre ambos, creando un órgano jurídico que llevaba el nombre de Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, mezclando ámbitos muy distintos, y obviando la postura oficial de Moscú, aunque, realmente fue un órgano judicial que se dedicó a reprimir exclusivamente a los francmasones. El socialismo, por su parte, partió de una evidente alergia ante las logias porque no concebía que existiese una organización donde se superaban los conflictos de clase, y porque en su seno había muchos republicanos, considerados enemigos hasta, al menos, la creación de la Conjunción Republicano-Socialista. Pero nunca fue beligerante contra la masonería. Muchos socialistas en el PSOE y en la UGT lo fueron durante la etapa que aquí hemos planteado. Solamente, la radicalización previa a la guerra rescató el discurso del antimasonismo, pero fue muy dulcificado en su formulación. Por fin, el anarquismo fue más favorable hacia la masonería, especialmente por parte de los libertarios del siglo XIX y comienzos del XX, por esas conexiones de valores y hasta pedagógicas que hemos comentado. En la CNT y en la FAI, aunque afloró el antimasonismo, se encontró con fervientes defensores de la masonería.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 


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