Una ‘Verbena’ nada convencional
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En 2024 cuando el Teatro de La Zarzuela produjo una 'Verbena de La Paloma' dirigida escenicamente por Nuria Castejón señalamos la oxigenación de una obra representada centenares de veces desde su estreno a finales del XIX; incluso a lo largo del XXI en este mismo escenario (alguna tan olvidable como la de Pablo Mesiez para el Proyecto Zarza). Esta abre la nueva temporada del coliseo donde estará hasta los primeros días de octubre, con un doble y numeroso reparto entre el que primeras figuras de la lírica española.
Es posible que a lo largo de nuestra vida hayamos conocido alguna de las muchas representaciones de este sainete madrileño de Ricardo de la Vega con una música de Tomás Bretón; cuyos contenidos han pasado a la posteridad como un referente de identidad. Pero la falta de novedad respecto al argumento y la partitura no es obstáculo para renunciar a una lectura no estereotipada, de una gran elegancia formal y un buen diseño de imagen teatral. En este caso además se acompaña de un añadido, la obra 'Adiós, Apolo' sobre textos de Álvaro Tato con diálogos de una gran frescura y argumento situado en los días del cierre del Teatro Apolo para construir la sede del Banco de Vizcaya en la calle de Alcalá, con canciones de diversos autores.
Muchas veces hay que echarse a temblar ante las exaltaciones nostálgicas de un tiempo pasado; se convierte en una pesada mochila fabricada de endebles idealizaciones sobre un tiempo pasado no siempre mejor. Es el mismo problema de algunas antologías de la zarzuela que parecen hechas exclusivamente para alimentar la nostalgia y un discurso de tradición muy conservador.
Tanto en 'Adiós, Apolo' como en esta 'Verbena...' Castejón aplica un tratamiento que le funcionado bien en las obras líricas que dirige: la lectura en clave de espectáculo total, cercana al musical coreográfico, donde los cantables, los textos y el movimiento escénico, utilizando no solo la cuarta pared sino los palcos o el patio de butacas, se prestan a un constante trabajo de movimiento, donde no hay personajes estáticos, y hasta los camareros son bailarines, con un cuadro de danzantes femeninos y masculinos que desarrollan un gran trabajo.
El rechazo del tópico se pone en evidencia en el tratamiento de personajes como Don Hilarión a años-luz del vejete y casposo Miguel Ligero de las películas de 1935 y 1964, aquí un maduro galanteador que intenta hacer fondos de flexiones sobre el suelo. El espacio escénico de Nicolás Boni es atractivo y funcional desde la perspectiva del movimiento escénico; dado que se aprovechan diversos puntos y plantas del mismo, con un buen concepto de la iluminación a cargo de Albert Faura. Y el vestuario de Gabriela Salaverry no tiene nada que ver con el de alquiler que se puede ver en la Pradera de San Isidro cada 5 de Mayo; por no ver no hay ninguna madrileña con traje blanco de lunares.
Esa funcionalidad del espacio escénico se utiliza a favor de una producción emparentada en canto a desarrollo teatral con el musical de Broadway. Por ejemplo en uno de los mejores momentos de la obra, el desplazamiento del decorado y la conversión del bar en un tablao donde canta la chiclanera. Un punto especialmente logrado en esta producción, que habitualmente ha sido cantado por una soprano y aquí lo es por una cantaora (Sara Salado) junto a una bailarina de flamenco.
Carlos Aragón es el director musical de una producción concebida con la visión de un espectáculo total. Dirigiendo a un reparto de una gran soltura escénica no solo cuando cantan sino en los muchos momentos hablados. Donde hay varias voces que han hecho sus personajes en producciones diferentes. En el doble reparto podemos encontrar a Antonio Comas (Don Hilarión), Gerardo López y Jorge Rodríguez- Nortón (Fotógrafo/Don Sebastián), Milagros Martín (Señá Rita), Carmen Romeu y Maria Rey Joly (Susana), Ana San Martín y Lara Sagastizábal (Casta), Garutze Bietia (Tía Antonia), Rafa Castejón (Tabernero), Borja Quiza y César San Martín (Julián), entre otros, además del coro titular dirigido por Antonio Fauró, y el concurso de bailarines que tienen protagonismo porque Nuria Castejón viene de la coreografía.
Puede sorprender que se hable como novedad de una de las obras más vistas en la historia del teatro lírico español. A la que a menudo se la envuelve en una concepción visual más bien añosa y nostálgica, extremadamente estática, porque para una parte del público de este género es suficiente volver a escuchar los temas más conocidos y cantados de la obra, y algunas representaciones rivalizan con las de un grupo amateur en un centro de mayores.
Rompamos de arriba abajo esta imagen cuando se reinterpretan escenicamente obras muy escuchadas con otros ropajes totalmente novedosos. Se ha podido ver en La Zarzuela en 2026 con las dos mejores producciones del año, 'El gato montés' que cerró la temporada en junio y esta reposición de 'La verbena...' que augura futuras recuperaciones en años sucesivos.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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