En el año 1766 estalló el conocido como motín de Esquilache, pero además se produjeron otros motines en unas setenta localidades, lo que demuestra la magnitud de la protesta en pleno despotismo ilustrado. Este fenómeno no podía dejar indiferente a la historiografía. Existen dos grandes interpretaciones sobre estos alborotos. Una primera ve en los disturbios y amotinamientos la mano de sectores opuestos al reformismo intenso de la primera fase del reinado de Carlos III, y que ejemplificaría el ministro italiano Esquilache. En contraposición, otros consideran que estaríamos hablando de prototípicos motines de subsistencia. En realidad, ambas interpretaciones aciertan, pero conviene matizar. El motín madrileño, acontecido entre el 23 y el 25 de marzo, obedecería más a la primera interpretación, es decir a la manipulación popular de sectores políticos contrarios al reformismo, sin olvidar el problema de la subida de precios. Pero los motines de abril en muchas ciudades y pueblos españoles tuvieron más que ver con cuestiones de subsistencia.