En la Grecia antigua los labradores empleaban estos restos fecales para abonar, pero de manera intuitiva, sin ninguna preparación. En tiempos de Julio César y Augusto, Varrón trató de estas materias y que podían compararse a la palomina, aunque en un grado inferior. Columela, por su parte, consideraba, también, que eran de peor calidad que el estiércol de las aves, pero superiores a los restos fecales provenientes de los animales y, por tanto, aconsejaba, siempre según los informantes, que se mezclasen con otros estiércoles para evitar que por su mayor temperatura quemasen la tierra. Por nuestra parte, creemos que más que una mezcla de tipos de estiércoles –aves, humano y de animales o bestias- , lo que defendía el gran autor clásico era que cada una de estas clases convenía a un tipo de cultivo: la orina humana, por ejemplo, era muy adecuada, siempre y cuando se dejase envejecer unos seis meses, para los plantones de vides y árboles frutales. Otro aspecto importante era el de la necesaria eficiencia en la recogida de estiércol, ya que, para Columela no era eficiente el agricultor que no obtuviese más de una carretada de estiércol al mes de cada bestia pequeña, o diez de animal grande y otras tantas de origen humano, que podía recoger y acumular no sólo de los desechos procedentes del propio cuerpo, sino también de los desperdicios del corral y de la casa.